Las Buenas Nuevas

Prólogo a la edición de 1972

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En 1938 descubrí, casi por accidente, un libro recóndito y agotado, The Glad Tidings (Las Buenas Nuevas), de E.J. Waggoner, que había dormitado durante años en una biblioteca privada. A pesar de desconocer totalmente el autor y antecedentes de la obra, su lectura conmovió profundamente mi corazón. Comprendí que el encuentro con ese libro verdaderamente singular, había llevado mi vida a un punto decisivo. Temiendo que fuese la última oportunidad de acceder a aquel tesoro, pedí permiso para traer mi vieja máquina de escribir a la biblioteca, donde copié página tras página de los pasajes más conmovedores, a fin de atesorarlos para siempre.

Hasta encontrar Las Buenas Nuevas, nunca había comprendido realmente el significado de la carta de Pablo a los gálatas. Lo que me había turbado era el conflicto aparentemente irreconciliable entre la ley y la fe. Sabía que Pablo defendía en sus cartas a la ley de Dios como "santa, justa y buena". Pero en Gálatas parecía querer decir lo contrario. Las aparentes discrepancias y contradicciones me dejaban perplejo. La mayoría de los comentarios sobre Gálatas que consulté me habían parecido, o bien estériles, o francamente antinomianistas (contrarios a la ley). La epístola estaba fuera de mi alcance, y no podía encontrar en ella esos sentimientos de amor y devoción a Cristo que tan intensamente conoció Pablo. Ante una perplejidad semejante, ¿cómo podría llegar a "gloriarme" yo también en la cruz?

Desde mi primer encuentro con el libro –hace ya más de sesenta años– he soñado con tener una pequeña parte en darlo a conocer al mundo de nuestros días. Pero ha habido ciertos obstáculos. La sintaxis del Dr. Waggoner no siempre era fácil, aunque a decir verdad, su estilo de redacción es inusualmente claro y sucinto para un escritor del siglo XIX. He tratado de presentarlo en el ropaje literario adecuado a nuestros tiempos. Se han eliminado afirmaciones redundantes, cuidando de no alterar el pensamiento o el énfasis del texto original. Otros párrafos que no eran vitales para la enseñanza básica de la justicia por la fe han sido pasados por alto, por resultar irrelevantes para el gran mensaje del libro. Se ha hecho todo esfuerzo a fin de preservar el mensaje original de Waggoner sobre la justicia por la fe, exactamente tal como él lo enseñó.

Quizá deba tomar prestadas las palabras de C. S. Lewis en referencia a Los Sermones sin palabras de George Macdonald, y aplicarlas de todo corazón a Las Buenas Nuevas, de Waggoner: "La magnitud de mi deuda hacia ese libro es casi tan grande como todo lo que un hombre puede deber a otro". Me siento muy complacido por poder ofrecer al lector moderno un tesoro que espero resulte tan enriquecedor para su vida como lo ha sido para la mía.

Robert J. Wieland