Alumbrados por su gloria

Capítulo 5

Cuestiones relativas a los dos pactos

Siempre he tenido dudas al respecto. ¿Cuál es la diferencia entre el viejo y el nuevo pacto?

Se trata de un elemento clave del mensaje de 1888, y es un tema controvertido. Expresado de forma simple, esta es la posición de Jones y Waggoner que tan diferente fue de la comprensión común entre los hermanos:

El nuevo pacto es lo mismo que "el pacto eterno", y consiste en la promesa de salvación que Dios nos hace; no en nuestra promesa de obedecerle. El Señor hizo tal promesa (del nuevo pacto) a Abraham y a sus descendientes, en Génesis 12:1-3; 13:14-17; 15:5; 22:16-18.

La promesa incluía (a) la tierra como posesión eterna, (b) la vida eterna, única forma en la que pudiese disfrutar de esa posesión eterna, (c) la justicia por la fe, con todas las bendiciones que conlleva. En resumen, Dios prometió virtualmente a Abraham "el cielo". La respuesta de Abraham fue esta: "creyó". El Señor no le exigió nada más, y le contó su fe por justicia (Gén. 15:6). Ese es en esencia el contenido del nuevo pacto.

El pacto antiguo es lo inverso del anterior. Cuatrocientos treinta años después, los descendientes de Abraham fueron convocados al pie del Sinaí, en su camino hacia la tierra prometida. Dios les renovó su promesa por medio de Moisés. Pero ellos no tuvieron la fe de Abraham. En lugar de responder de la forma en que lo hizo su predecesor, manifestaron orgullo y autosuficiencia, haciendo la vana promesa: "Todo lo que Jehová ha dicho, haremos" (Éx. 19:8). Esa promesa hecha por el pueblo, es la esencia del pacto antiguo.

El Señor no podía abandonar a su pueblo en el monte Sinaí. Si su pueblo no era capaz de seguirle, él estaría dispuesto a bajar a su nivel, y "esperarlos". De forma que en el capítulo siguiente de Éxodo vemos cómo descendió al monte Sinaí con truenos, rayos, terremoto y fuego, y pronunció los diez mandamientos, escribiéndolos en tablas de piedra. Instituyó entonces todo el sistema levítico.

Dado que Abraham creyó, el Señor no necesitó hacer todo eso con él; pudo escribir su ley en el corazón de su siervo.

En cualquier caso, el Señor desplegó un ministerio lleno de gracia en favor de los israelitas incrédulos, "de manera que la ley ha sido nuestro ayo [pedagogo] hacia Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" como lo fue Abraham (Gál. 3:24). Según la profunda comprensión expresada por Pablo, fue necesario ese largo rodeo de siglos, a fin de traer al pueblo a la fe que Abraham ejerció en el principio.

En resumen, ¿cuál es la diferencia entre la noción de 1888 de los dos pactos, y la idea común actual?

La idea común es que los dos pactos representan dos dispensaciones en el plan de Dios. El pacto antiguo tenía que ser la norma hasta el tiempo de Cristo, momento en el que entraría en acción el nuevo.

Pero los mensajeros de 1888 vieron una verdad más profunda: que los dos pactos no son un asunto de tiempo, sino de condición. Hubo personas en el Antiguo Testamento que vivieron bajo el nuevo pacto, pues tuvieron fe en Cristo, como la tuvo Abraham. Y hay cristianos viviendo aún hoy bajo el viejo pacto, pues no manifiestan la fe de Abraham.

¿Dónde podemos encontrar una exposición clara de la comprensión de 1888 de los dos pactos?

En los capítulos 3 y 4 de Las Buenas Nuevas (E.J. Waggoner, Pacific Press 1900, reimpreso en 1972). La posición de E. White en Patriarcas y Profetas, capítulo 32, apoya la posición de Waggoner. El libro Grace on Trial (R. J. Wieland) contiene un capítulo a propósito del tema.

¿Hizo E. White algún comentario sobre el libro Las Buenas Nuevas, de Waggoner?

No sabemos de ningún comentario de E. White a propósito del libro como tal (ese libro es un comentario versículo a versículo de la epístola a los Gálatas), sin embargo hizo numerosos comentarios entusiastas a propósito de los estudios de Waggoner sobre los Gálatas, doce años antes. Su comprensión de la justicia por la fe y los dos pactos en Gálatas, no varió durante esos doce años.

El Dr. Froom nos informa de que la viuda de Waggoner tomó a mano las predicaciones de su marido, en Minneapolis; las mismas fueron transcritas y publicadas en forma de artículos, en The Signs of the Times (1889), el libro Cristo y su justicia (1890), y Las Buenas Nuevas (1900; ver Movement of Destiny, p. 189-201).

¿Qué comentarios específicos hizo E. White acerca de la comprensión de 1888 sobre los dos pactos?

Apoyó sin reservas la posición de Waggoner sobre los dos pactos:

Me complace mucho saber que el profesor Prescott está dando las mismas lecciones en sus clases a los estudiantes, que las dadas por el hermano [E. J.] Waggoner. Está presentando los pactos. John piensa que se los está presentando de forma clara y convincente.

Desde que hice la afirmación, el sábado pasado, de que la posición sobre los pactos que ha venido enseñando el hermano Waggoner era verdadera, parece haberse producido un alivio en muchas mentes.

Estoy inclinada a pensar que el hermano Prescott recibe el testimonio, si bien no estaba presente cuando hice esta declaración. Creí que era tiempo de tomar mi posición, y estoy feliz porque el Señor me urgiera a dar el testimonio que di (Carta 30, 1890).

Anteanoche el Señor abrió muchas cosas a mi mente. Me fue revelado claramente que su influencia [se dirige a Urianh Smith] ha sido la misma que en Minneapolis…

Ha fortalecido las manos y las mentes de hombres como Larson, Porter, Dan Jones, Eldridge, Morrison y Nicola, así como un gran número de ellos. Todos lo citan a usted, y el enemigo de la justicia lo contempla complacido…

Mediante su influencia está haciendo lo que otros hombres han hecho antes que usted, cerrar la puerta de su propia alma, de forma que si Dios enviara luz del cielo, ni un solo rayo penetraría en su alma debido a haber cerrado la puerta para que no se pueda acceder allí…

No trabaje tan intensamente haciendo la misma obra que está haciendo Satanás. Tal obra se hizo en Minneapolis. Satanás triunfó. Aquí [Battle Creek] se ha hecho esa misma obra.

Anteanoche me fue mostrado que las evidencias a favor de los pactos son claras y convincentes. Usted mismo, Dan Jones, el hermano Porter y otros están malgastando sus facultades investigadoras en vano, en su intento por exponer una posición sobre los pactos opuesta a la presentada por el hermano Waggoner. Tras haber recibido la verdadera luz brillando, no debió imitar, o andar sobre el mismo tipo de interpretación y falsa representación de las Escrituras que caracterizó a los judíos…

Ellos manejaron esas cosas de la manera que les permitiese oscurecer y desviar las mentes.

El asunto del pacto es una cuestión clara y sería recibida por toda mente sincera, libre de prejuicios, pero fui llevada allí donde el Señor me dio una comprensión sobre ese tema. Usted ha vuelto la espalda a la luz debido a que ha tenido miedo a tener que aceptar el asunto de la ley en Gálatas (Carta a Uriah Smith, 59, 1890).


¿Por qué razón el Comentario Bíblico Adventista, así como el Diccionario, toman la posición de aquellos que se opusieron al mensaje de 1888 hace más de un siglo?

Algunos de los publicadores pueden haber estado sinceramente desinformados en cuanto a la comprensión de 1888 que E. White apoyó. Hay asimismo evidencia de que algunos estaban en decidida oposición con la posición de 1888.

¿Está el siguiente comentario de E. White en desacuerdo con la posición de Waggoner sobre los dos pactos, en Las Buenas Nuevas?
Este es el voto que el pueblo de Dios ha de hacer en estos últimos días. Que Dios los acepte depende de un fiel cumplimiento de los términos de su convenio con él. Dios incluye en su pacto a todos los que le obedecen (Comentario Bíblico Adventista, vol. I, p. 1117; Review and Herald, 23 junio 1904).
Algunos opinan que lo anterior está en desacuerdo con las exposiciones de Waggoner. Parecería como si estuviese alentando a la experiencia del antiguo pacto –"obedece y vivirás", que Pablo declara que "engendró servidumbre" (Gál. 4:24). Aparenta apoyar la posición de los hermanos que rechazaron la comprensión de Waggoner acerca del mensaje del nuevo pacto, como Uriah Smith, Dan T. Jones, G. I. Butler, R. C. Porter, R. M. Kilgore y otros (ver 1888 RE-EXAMINED, p. 45-49). Aparenta tal cosa. Sin embargo, su exposición en Patriarcas y Profetas sustenta claramente la posición de Waggoner.

Algunas de sus declaraciones sobre la naturaleza de Cristo, tomadas de forma superficial, aparentan también ser contradictorias y apoyar la posición popular de que Cristo tomó solamente la naturaleza impecable de Adán anterior a su caída. Pero al analizarlas cuidadosamente en su contexto, esas declaraciones aparentemente contradictorias resultan no serlo.

Hay otras declaraciones suyas sobre los dos pactos que son de una claridad manifiesta, y que no se prestan a una interpretación incorrecta o equívoca. La declaración citada queda aclarada mediante una lectura contextual cuidadosa. ¿Contradiría E. White lo que ella misma escribió 14 años antes? Difícilmente podría hacer tal cosa.

Sus escritos más claros sobre los dos pactos se encuentran en Patriarcas y Profetas, p. 386-390, apreciándose allí plena armonía con la posición de Waggoner. Así pues, disponiendo de tres declaraciones claras e inequívocas en apoyo de la posición de Waggoner, ¿cómo debemos comprender esta declaración hecha en 1904, que aparenta contradecir las anteriores?

(a) Obsérvese el contexto de la declaración de 1904. Cuando el Señor dice "mi pacto" en Isaías 56:4, se está refiriendo claramente al pacto que él hizo con Abraham –el "nuevo pacto", o pacto eterno. Cuando Dios hace un pacto se trata siempre de una promesa, y tiene carácter unilateral. Nunca nos pide que le hagamos promesas recíprocas, pues sabe que no podemos guardar nuestras promesas. No podemos tratar con Dios en términos de igualdad. E. White continúa diciendo, "Es el pacto al que hace referencia la siguiente Escritura" (Éx. 19:1-8). Se refiere evidentemente al pacto del Señor, no a la promesa del pueblo. Dijo E. White en 1904:
"Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si dais oído a mi voz, –en verdad, fervor y sinceridad– y guardáis mi pacto…"
(b) El único pacto que el Señor puede aquí mencionar es su pacto, su promesa a Abraham (el pacto eterno). Es pues evidente que en el monte Sinaí, el Señor estaba proponiendo renovarles el nuevo pacto de la justicia por la fe (que hiciera ya a Abraham), y no instituir un antiguo pacto de legalismo.

(c) La palabra hebrea que traducimos por "obedecer" significa "dar oído", "prestar atención" (shamea). La palabra hebrea que traducimos por "guardar" está relacionada con la anterior (shamar). No es el término habitual para referirse a "obedecer" en el sentido de "hacer". Su significado esencial es "prestar atención, cuidar, cultivar". Por ejemplo, en Génesis 2:15 leemos que Dios puso al hombre en el huerto de Edén "para que lo cultivara y lo guardara" (shamar). No se esperaba que "obedeciera" al huerto, sino que lo cuidara. El vocablo shamar implica la bella noción del aprecio.

(d) Así, lo que el Señor dijo a Israel fue: 'Ahora pues, si dais oído a mi voz, verdadera, sincera y fervientemente, y cuidáis o apreciáis el pacto (promesa) que hice con vuestro padre Abraham…, traeré sobre vosotros todas estas bendiciones y seréis un reino de sacerdotes, etc'. Todo verdadero descendiente de Abraham habría de poseer la fe sincera de éste. Nunca fue la voluntad del Señor el instituir un sistema de salvación por obras. Tampoco fue la intención de E. White transformar un texto de justicia por la fe en uno de legalismo.

(e) Su empleo de la palabra "voto" debe significar "compromiso". En otras palabras, Dios deseaba de su pueblo la misma respuesta que de Abraham: la elección de creer al Señor y de cooperar con él. La respuesta de Abraham no incluyó la vana promesa que hizo Israel 430 años más tarde. Él entregó su corazón al Señor, ejerciendo la fe en el Salvador que vendría. Esa elección de creer y rendir el corazón es a lo que E. White se refiere con el término "voto".

(f) El contexto del artículo de E. White de 1904 es evidente: "Cristo apela a los miembros de su iglesia a que cultiven la verdadera y genuina esperanza del evangelio". Obsérvese el uso involuntario del concepto hebreo de shamea –el cultivar, o cuidar, que encontramos en Éxodo 19.

Es disparatado el pensar que la profetisa inspirada pudiera estar intentando contradecir lo que escribió en El Camino a Cristo, p. 47. En esa página leemos su descripción del trágico resultado de vivir bajo el viejo pacto, de hacer promesas a Dios que él nunca nos pidió que hiciésemos, y que nos llevan a la esclavitud:
Vuestras promesas y resoluciones son tan frágiles como telarañas. No podéis gobernar vuestros pensamientos, impulsos y afectos. El conocimiento de vuestras promesas no cumplidas y de vuestros votos quebrantados debilita la confianza que tuvisteis en vuestra propia sinceridad, y os induce a sentir que Dios no puede aceptaros; mas no necesitáis desesperar.


¿Es cierto que el agape es un elemento prominente del mensaje de 1888? ¿O bien es algo que los entusiastas de nuestros días le han añadido?

Waggoner se refirió en estos términos al agape:
"Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida". La palabra que se ha traducido aquí por "caridad", significa habitualmente "amor", como traduce la Versión Moderna. En 1ª de Juan 5:3 leemos: "Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos", y el mismo Pablo dice que "el cumplimiento de la ley es la caridad" (Rom. 13:10). En ambos textos se emplea la misma palabra (agape) que en 1ª de Timoteo 1:5…

Dios imputa a los creyentes la justicia de Cristo, que fue hecho en semejanza de carne de pecado, a fin de que "la justicia de la ley" pudiese cumplirse en sus vidas. Y es así como Cristo es el fin de la ley (Bible Echo, 15 febrero 1892; Lessons on Faith, p. 69-71).

¡Qué gloria maravillosa hay en la cruz! Toda la gloria del cielo está en ese objeto despreciado. No en la imagen de la cruz, sino en la cruz misma…

"Allá donde fuere, contaré la historia de la cruz;
En ninguna otra cosa me gloriaré, excepto en la cruz;
Ese será mi tema constante, por el tiempo y la eternidad:
Que el Señor gustó la muerte por mí, sobre la cruz"

(The Glad Tidings, p. 143,144)
Escribiendo bajo la bendición especial del mensaje de 1888, E. White dijo:
Desde la Asamblea de la Asociación General de 1888, Satanás ha estado obrando con poder especial mediante elementos no consagrados, para debilitar la confianza del pueblo de Dios en la voz que ha estado llamándolos durante todos estos años…

Esta es una gran verdad central a tener siempre ante la mente… Cristo y éste crucificado… El alma paralizada por el pecado puede ser dotada de vida solamente mediante la obra llevada a cabo sobre la cruz por el Autor de la salvación. El amor de Cristo constriñe al hombre a que se una con él en sus labores y sacrificio. La revelación del amor divino despierta en ellos un sentido de su obligación descuidada de ser portadores de luz al mundo, y los inspira con un espíritu misionero. Esta verdad ilumina la mente y santifica el alma. Barrerá la incredulidad e inspirará la fe. Es la gran verdad que hay que mantener siempre ante las mentes de los hombres. Sin embargo, cuán débilmente se comprende el amor de Dios; y en la enseñanza de la palabra no causa más que una débil impresión (MS. 31, 1890; The Ellen G. White 1888 Materials, p. 805,806).