Desencallando

Prefacio

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Puesto que en el mundo no hay personas perfectas, tampoco existen los matrimonios perfectos. Aquel que presume de no haber sido nunca tentado a creer que su esposo o esposa es insoportable, o bien oculta la verdad, o vive en un mundo de sueños. Por otra parte, la mayor parte de las personas reconoce haber sido, en uno u otro momento, francamente... insoportable.

En algunas ocasiones, la característica que parece hacer tan insufrible a uno de los cónyuges es simplemente ese elemento misterioso que podemos llamar masculinidad o feminidad, y que tan a menudo es causa de malos entendidos. Un sincero esfuerzo por ponerse en el lugar del otro y comprender cómo siente y piensa el sexo opuesto, puede bastar para que la cualidad de insoportable se "evapore", antes de que se evapore el matrimonio.

Cuando las partes móviles de una maquinaria están en estrecho contacto, es inevitable la fricción, haciendo imprescindible el aceite lubrificante. Un matrimonio que carezca del sentido del humor, corre serio peligro de ponerse al rojo vivo con facilidad.

Una pareja que acudió a mí en busca de consejo, parecía acumular obstáculos y pronunciamientos suficientes como para hacer encallar una docena de matrimonios. Sin embargo, eran capaces de echárselo todo a la espalda y de reírse hasta de ellos mismos. De eso hace ya más de una década, y me satisface comprobar que su proyecto familiar sigue adelante, y que por toda apariencia son razonablemente felices.

No obstante, hay fricciones para las que el aceite del humor parece no ser suficiente. Son matrimonios en los que el cociente de felicidad está grandemente disminuido, si es que realmente se puede hablar de él. Aún entonces, Dios tiene "buenas nuevas" sanadoras que en muchos casos, si no en todos, traerán la deseada paz.

No se trata de algo que hacer. Cuando estamos sometidos a una fuerte tensión emocional, tenemos grandes dificultades para asimilar el consejo de Dios. Mucho más útil que los buenos consejos son las buenas nuevas. Se trata, pues, de algo que creer.

Poco importa lo desesperada que la situación pueda parecer: en cualquier punto del camino, la línea de comunicación entre tu Salvador y tú, son siempre Buenas Nuevas.