Desencallando

Capítulo 1

El desgraciado matrimonio de Abi

No es difícil obtener consejo relativo a cómo deshacerse de un cónyuge insoportable. Abundan los tratados sobre el divorcio. En contraste, nuestro viaje pone la vela hacia un puerto distinto: ¿Cómo encontrar la felicidad en un matrimonio en el que uno siente que su esposo o esposa es menos que satisfactorio; de hecho, decididamente insoportable? Comenzamos con la historia real y fascinante de una mujer atrapada en un matrimonio muy probablemente peor que cualquiera de los que hayas conocido, incluyendo el tuyo propio.

Abi poseía belleza e inteligencia. Por alguna razón, se casó con Al. Al era inculto, rudo y pendenciero, y no tardó en resultar rematadamente insoportable para la sensible e intuitiva Abi. Más de una mujer en su lugar habría "hecho las maletas". Sin embargo Abi encontró su rincón en la historia a base de resistir.

Si un encantador príncipe hubiese visitado el pueblo campesino de Abi, sin duda alguna la habría convertido en princesa. Pero eso no ocurrió, y parece que sus padres la empujaron a que se casara con Al. Al no debió despertar en ella sueño alguno, pero quizá se consolara con el pensamiento de que al fin y al cabo era un hombre fuerte... Al menos, sabía cómo ganar dinero. Quizá papá y mamá convencieron a Abi de que ella podría cambiarlo, o de que aprendería a quererlo. ¡No podía desaprovechar aquella ocasión! Al era el retoño de una familia prominente, llamado a ser rico e influyente. Con su delicadeza, Abi proporcionaría el toque de gracia al hogar señorial. Finalmente le dijo "Sí".

Poco después de la boda, Abi estaba ya sumida en el llanto más desesperado. Si hubiese sabido que padecía un cáncer incurable, no se habría sentido más hundida que al darse cuenta de que estaba atada de por vida a un perfecto loco, en lo referente a las relaciones humanas. Los vecinos y hasta los mozos, hacían todo lo posible por evitar a Al.

Para complicar las cosas Al se dio a la bebida, y Abi aprendió pronto que no hay problema tan grave como para no poder empeorar con el alcohol. Los empleados podían escapar, pero ella se sentía encadenada a la cárcel del matrimonio "hasta que la muerte nos separe". Más de una vez suspiraba por ver prematuramente aliviado su sufrimiento de esa manera...

Como reacción a los toscos modales de Al, se fueron desarrollando en Abi las cualidades de la gracia y la diplomacia. Aprendió a aplicar el bálsamo que tranquilizaba las turbulentas aguas donde la mente de Al se agitaba. La molesta partícula de arena acabó por producir la perla legendaria en el alma de Abi. Se hizo una verdadera experta en manejar hombres incapaces de manejarse a sí mismos. Eso abrió en su vida un nuevo y fascinante capítulo.

Abi se aferró a una verdad poco conocida. Comprometida con la idea de que "serán una sola carne" (Gén. 2:24), comenzó a comprender que eso significaba que Al y ella no podían separarse, y que su felicidad dependería de creer en ello. Empezó a ver los errores de Al como "nuestros" errores. Si estás luchando contra el desánimo puede que esto no te resulte particularmente consolador en un principio, pero lo cierto es que en el proceso de enfrentar un desengaño tras otro, Abi perfeccionó su talento y belleza de carácter.

Abi permaneció fiel a Al, confiando en que Dios, en el momento y forma en que él juzgara oportuno, cambiaría su dolor en felicidad. Hasta el final de su matrimonio mantuvo nítida su conciencia y propósito, luchando por la integridad de su hogar, ganándose el aprecio de sus vecinos y sirvientes, y al mismo tiempo labrándose un rincón distinguido en la historia femenina de la humanidad.

El vicio de la bebida pudo finalmente con Al. Al salir de una borrachera, cayó en una profunda desesperación que vino a convertirse en depresión, para terminar finalmente en la muerte. En kilómetros a la redonda nadie dudaba que "había llegado la hora" del intratable Al en la providencia del Señor. Y aunque cueste de creer, una vez que Abi quedó libre, apareció un príncipe y se casó con ella. Se trata de uno de los casos de los que existe un registro más fiable en toda la historia. Puedes analizar los detalles en la Biblia, en 1ª de Samuel 25:2 al 42.

Leemos que "aquel hombre se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Aquella mujer era de buen entendimiento y hermosa apariencia, pero el hombre era rudo y de mala conducta" (versículo 3). Dios quiso que su historia quedara registrada en el relato sagrado para dar ánimo a miles de personas en épocas futuras.

Apareció en la escena David, el legítimo heredero al trono de Israel. En un encuentro desafortunado, Nabal trató con rudeza y desprecio al futuro rey, y éste, enfurecido, decidió vengar el insulto recurriendo a la violencia. De no haber sido por la intervención de Abigail, el irreflexivo propósito de David habría perseguido su conciencia de monarca por el resto de su vida, y bien hubiese podido arruinar su reputación de soberano justo y compasivo. Gracias a la habilidad diplomática, destreza y tacto exquisito que había desarrollado, Abigail salvó a David de sí mismo. El breve e improvisado discurso de Abigail estaba cargado de elocuencia, e hizo entrar en razón a David al señalarle cómo se mancharía su honor real si daba rienda suelta a aquel acceso de ira. La habilidad de Abigail para evitar esa tragedia es un hecho remarcable.

Abigail protegió a su indigno marido, por más que éste no lo mereciera. Asumió ella misma la culpabilidad, "¡Que caiga sobre mí el pecado!", "Te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa" (versículos 24 y 28). En las ofensas de Nabal, ella vio las suyas propias, tanto como las de él: ¿no eran los dos "una sola carne"?

La súplica de Abigail porque fuera preservada la vida de su esposo fue tan sincera y vehemente que logró su objetivo. Mientras ocurría todo esto, Nabal estaba entregado sin control a la bebida. Abigail esperó a que él recuperase la poca cordura que poseía, para referirle cuán cerca había estado de la catástrofe. El relato continúa así: "Por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, le contó su mujer estas cosas; entonces se le apretó el corazón en el pecho, y se quedó como una piedra. Diez días después, Jehová hirió a Nabal, y este murió" (versículos 37 y 38).

Una vez que Abigail hubo quedado libre, David se casó con ella (versículo 42). Lo que el futuro rey sintió por Abigail no debió ser solamente atracción. Además, debió comprender que ella poseía lo que le ayudaría a superar su propia debilidad.

Nabal no era sólo fastidioso; era imposible. Sin embargo, Dios tuvo una solución para el problema de Abigail. Su desgraciado matrimonio debiera animarnos a creer que hay esperanza de felicidad, incluso en situaciones tan "imposibles" como esa. Y siendo así, con mucho mayor motivo al tratarse de esa gran mayoría de situaciones que cabe calificar de difíciles, más bien que de imposibles.

La historia de Abigail revela que Dios mismo asume la defensa de la esposa o el esposo infeliz que se lleva la peor parte en el conflicto. Puedes encontrar la felicidad en la fidelidad, de mil formas impredecibles. Dios nunca ignoró ni abandonó a Abigail. Aquel para quien no pasa desapercibida ni la caída de un pajarillo en tierra, no fue indiferente hacia Abigail y su infeliz matrimonio. La historia quedó inmortalizada para las edades venideras y para la eternidad. Queda inmortalizada para ti.

Sería ingenuidad el pensar que nunca vamos a gustar el dolor impuesto por las inevitables circunstancias adversas, dentro y fuera de nosotros. Lo que es importante es experimentar ese estado de bienestar interior, esa conciencia de estar en paz con Dios, quien conoce cada circunstancia, dentro y fuera de nosotros. Todo eso lo aprendió Abigail, y fue el secreto del encanto y belleza de su carácter, que le aseguró un lugar honroso en el escaparate de la Biblia.

Abigail podría ser la patrona de la Federación de las Esposas o Esposos Infelices. Quizá te sientas en una situación más desesperada aún que la de Abigail. No será un consuelo pequeño el saber que el Señor lo percibe, y se ocupa de tu caso.

Es bueno que sepas que tú y tu situación marital son importantes para el Señor, y que él tiene cuidado de tu felicidad matrimonial. Será positivo que descubramos lo que está haciendo al propósito. Su solución al problema puede no ser tan simple como hacer desaparecer un esposo o esposa difíciles. Puede haber una solución mucho más feliz que poner final al matrimonio. Se trata de hacer desaparecer el factor irritante que está causando el problema.

Lo que queremos descubrir es cómo lograrlo.