Desencallando

Capítulo 2

Magnitud del problema

Según el Tribunal de Conciliación de Los Ángeles, en Norte América se divorcia cada año un millón de matrimonios. Otro millón de ellos se separa sin divorciarse; y un tercer grupo imposible de cuantificar, intenta coexistir bajo el mismo techo en un estado de "divorcio psicológico".

Millones de niños desamparados, llevados por la marea de aquí para allá, constituyen los restos del naufragio de esos matrimonios. Cada uno de esos niños, privado de uno de sus padres naturales, experimentará a su vez problemas en su propio matrimonio, de forma casi inevitable. Es previsible que la actual generación de hijos de padres divorciados sea una bomba social de tiempo, en espera de explosionar.

Cuando el amor desaparece y se llega al divorcio, el resultado suele ser la peor amargura que los seres humanos somos capaces de experimentar.

Es prodigiosa nuestra capacidad para cambiar. La dulzura y cortesía suelen caracterizar a los enamorados en su fase de noviazgo, para alegría de familiares y amigos. Pero en algún momento, en aquella pareja que tan "perfecta" parecía, algo se seca misteriosamente desde la raíz. Ninguno de los dos puede señalar con precisión qué hizo la diferencia.

De alguna forma, aquel Edén escondía una serpiente. Cada uno de los cónyuges comienza a ser como papel de lija para el otro. La conversación comienza a hacerse tensa, las palabras se convierten en hirientes y hasta a veces en crueles. Los abrazos se hacen difíciles. Uno u otro prefiere llegar tarde a casa. Se olvidan los aniversarios y se ignoran o evitan los parientes del "otro". Como huracanadas tormentas de arena, las disputas rompen el incómodo silencio. Desaparece el deseo de estar juntos. Cada uno comienza a temer el inevitable momento en el que se ha de encontrar con el otro. En esa atmósfera tensa, cada acto o palabra cobran un tinte siniestro que se expresa en acusaciones y contra-acusaciones. Por entonces el amor ha pasado, de estar agriado, a cuajar en amarga y declarada animosidad. El viaje matrimonial llegó a su punto sin retorno por toda apariencia, y el divorcio se vislumbra como única forma de poner fin a la miserable situación de ambos.

No obstante, tras el naufragio, la situación puede ser aún peor que en plena tormenta. Sólo los abogados salen ganando. Sea que el problema consista en cómo repartir el patrimonio, los pagos periódicos, la tenencia y custodia de los hijos, o los privilegios de visita con respecto a ellos, suele implicar un penoso arrastrarse en interminables procesos legales.

Hay casos en los que verdaderamente falla todo, y el divorcio o la separación es la única solución posible. El Nuevo Testamento reconoce que existe una situación tal. Puedes verlo en Mateo 19:3-12 y en 1ª de Corintios 7:10-15. Pero en muchos casos, en muchísimos quizá, hay una mejor solución: aprender a vivir con un esposo o esposa insufrible, y aprender a convertir un matrimonio infeliz en lo opuesto.

Barbara Russell Cheser, en un artículo del Reader’s Digest afirma que en un estudio efectuado con 60 matrimonios divorciados, quedaban, al cabo de los años, "muchos asuntos sin resolver". No sólo eso. Parte del trauma está ocasionado por la expectativa de ver resueltos los problemas con el divorcio, siendo que frecuentemente no hacen sino empeorar. Los estudios han demostrado que las segundas nupcias tras un divorcio, tienen una probabilidad mucho mayor que las primeras de terminar en otro divorcio.

Son muy pocos los matrimonios en los que no es posible apreciar trazas de esa cualidad de "insoportable" en uno o ambos de sus componentes. El ser humano es imperfecto, e inevitablemente irritará a su consorte, al menos en algunas ocasiones. El divorcio es una gran ruina, pero comienza siempre por una pequeña grieta. Tal como expresó Alfred Tennyson:

Aquella pequeña fisura, en el violín ignorada

Apagó la música en el silencio de la nada

–Tennyson, "Merlin and Vivien"

Es posible reparar las pequeñas grietas en los violines. Nadie despreciaría un Stradivarius por ese motivo; lo sensato es repararlo. El motivo es, naturalmente, que ese instrumento vale una fortuna. ¿Hace falta insistir en que tu matrimonio vale infinitamente más que el más preciado Stradivarius?

Hay un Maestro Reparador que halla su mayor placer en reparar ese tipo de fisuras. Tiene empleados que pueden auxiliar, dando consejos positivos. Pero él mismo es la verdadera fuente de sabiduría. El primer paso es creer que, efectivamente, ese Maestro Reparador tiene tanto el deseo como la capacidad para solucionar tu caso. El gran Restaurador posee los remedios y la destreza para solucionar fisuras infinitamente más complejas que aquellas que podrían arruinar un instrumento musical.

Quizá el primer problema a resolver es comprender que el Restaurador no nos da la espalda por el hecho de que nos hayamos buscado esos problemas en los que nos encontramos, y que de alguna forma sabemos que merecemos. A menudo, la sensación de culpabilidad por nuestra propia contribución al desorden matrimonial tiene tales dimensiones en nuestra conciencia, que nos impide creer que Dios vaya a hacer algo por nosotros. El diablo encuentra su manera de hacernos creer que merecemos la miseria que se amontona en nuestro camino. Sea nuestra primera lección el aprender que podemos confiar en Dios: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra" (Sant. 1:5 y 6). Sí, necesitamos buenas nuevas en las que creer: su benevolencia y generosidad en perdonarnos y salvarnos del mal que merecemos. Deja de culparte a ti mismo, a tu esposo o esposa (o familiares), y acepta ese perdón. No hay nada que tenga un poder sanador comparable.

Podemos recibir tantos buenos consejos como nos den, pero somos incapaces de poner en práctica ni uno solo de ellos, si resultamos bloqueados al suponer que Dios nos reprocha por nuestros errores pasados. Su Palabra contiene buenas nuevas para quien busque ayuda con sinceridad.