Desencallando

Capítulo 3

La técnica para reparar un matrimonio maltrecho

El salvar un matrimonio tiene mucho más que ver con algo bueno que creer, que con algo bueno por hacer. La energía emocional será inexistente a menos que descubramos primeramente buenas nuevas en las que creer, en relación con el problema. El creer en lo correcto conduce pronto a hacer lo correcto, y los problemas comienzan a desaparecer. La razón es que creer la auténtica verdad libera fuentes secretas de motivación en el alma humana.

Exponemos aquí cinco verdades tan sólidas como montañas de granito. Cada una de ellas es una buena noticia para tu matrimonio. No te van a imponer carga alguna que esté más allá de tus fuerzas. No obstante, pudiera ser que necesites asistencia en cuanto a creer que esas buenas nuevas son ciertas, ya que la obsesión favorita del ser humano es detenerse en lo negativo...

1. Dios está más preocupado que tú mismo (misma) en que el tuyo sea un matrimonio feliz.

(a) Él mismo "inventó" el matrimonio. Si resultara ser una institución demasiado difícil para los seres humanos, su fracaso arrojaría sombras sobre la sabiduría y reputación de su Inventor. Unos que estaban preocupados por los problemas matrimoniales, pidieron consejo a Jesús. Él respondió: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, ‘hombre y mujer los hizo’, y dijo: ‘Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne’? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre" (Mat. 19:4-6). Significa que hay Alguien que está obrando 24 horas al día, los siete días de la semana, a fin de que tu matrimonio sea feliz. No impidas su labor.

(b) Cada matrimonio es tan importante para Dios como si no existiera ningún otro en el mundo. "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre... no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos" (Mat. 10:29-31).

Cuando nuestro matrimonio amenaza con derrumbarse, nos sentimos desesperadamente solos. Hay muy buenas nuevas en comprender que Alguien se preocupa, puesto que una vez aceptado eso, el problema deja de ser tu problema; es también el suyo, y puedes dejar de preguntarte: ‘Y ahora ¿qué voy a hacer?’, para comenzar a preguntarle: ‘Señor, ¿cómo puedo cooperar contigo, mientras resuelves el problema?’

2. La cualidad de insoportable no es de carácter irreversible. A menudo, todo cuanto Dios necesita para poder convertir un matrimonio en feliz, es la simple voluntad de uno de sus componentes en cooperar con él, y su disposición a aceptar ciertos cambios. Dichos cambios han de ser precisamente obra de Dios, dado que tratándose de resolver problemas de esa envergadura, la Biblia especifica que somos "débiles" (Rom. 5:6). Consiste básicamente en permitirle al Señor que sane el matrimonio. No se trata de nada parecido a un pasivo "dejar hacer", o "dejar pasar". Hay definidamente algo por hacer, pero no consiste en una obra imposible, sino en una verdad que creer.

Si es cierto que tu cónyuge es intratable, Dios cuenta ya –al menos– con una voluntad errada con la que tratar. En caso de que decidas añadir tu propia actitud negativa al problema, su acción resulta grandemente dificultada. Ni siquiera el Cielo puede salvar un matrimonio cuando ambos cónyuges se oponen a que Dios lo salve. Pero si uno de ellos elige cooperar con él, eso es todo cuanto Dios necesita para poder actuar.

La Biblia reconoce que los seres humanos somos capaces de contrarrestar las buenas nuevas de Dios, si persistimos en rechazar su gracia. Pero alienta a creer que uno de los componentes del matrimonio puede ser el instrumento mediante el cual Dios cambie al otro. "El marido no creyente es santificado por la mujer; y la mujer no creyente, por el marido" (1 Cor. 7:14).

La palabra santificado significa aquí "puesto en una relación positiva con Dios, gracias a la cooperación del cónyuge creyente con él". Dicho de otra forma, el componente que está necesitado de cambios se beneficia de la positiva influencia del otro, cuando ese otro está cooperando con Dios. Pero surge ahora un problema.

En la íntima relación del matrimonio cada uno llega antes o después a conocer al otro, sin posible fingimiento o disfraz. Tu esposo o esposa sabe perfectamente si posees la genuina abnegación. Indefectiblemente mostraremos todo el egoísmo del que somos capaces, si es que la gracia de Dios no nos salva de eso. Cuando tu cónyuge observa la evidencia de que el Espíritu de Dios está obrando en ti, tendrá toda facilidad para estar receptivo a las impresiones del Espíritu Santo. Esa es una de las formas en las que Dios puede "santificar" al cónyuge incrédulo.

El método favorito de Dios para manifestarse, no es mediante relámpagos y temblores de tierra, sino mediante la transformación positiva de personas insoportables. De igual forma en que el sol derrite el bloque de hielo, ese tipo de amor frecuentemente tiene éxito en subyugar el frío corazón incrédulo. Como escribió Pablo: "¿Qué sabes tú, mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, marido, si quizá harás salva a tu mujer?" (vers. 16).

3. Quizá hay en ti actitudes erradas que han provocado la desazón en tu cónyuge. El cambio que Dios es capaz de producir es una excelente noticia, especialmente si tú fuiste primariamente el culpable, ya que se trata entonces de algo que puedes remediar si permites que Dios obre. Tu propia transformación puede ser el medio que Dios emplee para salvar a tu esposo o esposa. Ser salvo significa pasar de estar "ajeno de la vida de Dios por la ignorancia... por la dureza [del] corazón", a estar reconciliado con él (Efe. 4:18).

Eso puede ser especialmente cierto en un matrimonio en el que uno sólo de los dos presenta una actitud reprobable, mientras que hace profesión de cristianismo. Por supuesto, esa actitud niega su pretendido cristianismo y deshonra a Dios haciéndolo aparecer como impotente para salvar de sí mismas a las personas. Nada puede hacer a los seres humanos más difíciles de soportar, que el creer tan malas nuevas como esas. Si fuiste la piedra de tropiezo en este sentido, quizá no necesites seguir buscando cuál es la causa de la infelicidad en tu matrimonio. Lo que uno piensa acerca de Dios, determina el tipo de persona que finalmente es. Ello es debido a la existencia de un sólido principio bíblico: el principio de la justicia por la fe. Es algo tan constante como las matemáticas de "dos y dos son cuatro".

Las Buenas Nuevas consisten en la comunicación de un mensaje de verdad relativo a lo que Cristo efectuó y está efectuando a fin de salvarnos. Tiene por centro su propio sacrificio en la cruz. No se trata meramente de la esperanza de la salvación más allá de la muerte; se trata de paz, felicidad y reconciliación, de transformación del corazón aquí y ahora. Ver y apreciar lo anterior es a lo que la Biblia llama fe; y una fe tal trae la justicia al corazón del creyente. Pone fin a la fuga de energía emocional, puesto que la fe misma provee energía. "La fe.. obra por el amor" (Gál. 5:6). La palabra "obra" es en griego energeo; de ella derivamos nuestro término "energía"). Es así como la culpabilidad, el temor, la desavenencia y la sospecha son desterradas del corazón.

Repitamos la idea: Todas esas buenas cosas que se supone que debemos hacer, nos resultan imposibles de realizar a menos que creamos en aquello que Cristo ha hecho ya por nosotros, y en lo que está haciendo ahora. Creer malas nuevas paraliza. Creer las buenas nuevas del evangelio trae la energía.

Un esposo o esposa incrédulo, incapaz de ver esas buenas nuevas demostradas en la vida del otro componente, resulta privado del medio más efectivo por el que Dios puede hacer que un cónyuge insoportable deje de serlo. Por otro lado, al esposo o esposa incrédulo que presencia diariamente esas "buenas nuevas" le resultará difícil ignorarlas.

4. Si hay esperanza para ti, la hay para tu esposo o esposa, puesto que Dios hizo "uno" de vosotros dos. El diablo está especializado en hacer creer a los matrimonios que uno y otro son "incompatibles". Cuando se casan pueden haber sido realmente incompatibles, pero es el plan de Dios que vengan a ser progresivamente adecuados el uno para el otro, y cada vez más "uno", si es que no frustran el designio de Dios para ellos. Él dijo: "Los dos serán una sola carne" (Mat. 19:5). No dijo que los dos debieran ser una sola carne, ni que pudieran serlo, ni tampoco que sería muy bueno que así sucediera. No; "los dos serán una sola carne". Dicho de otro modo: el plan de Dios consiste en hacer que personas que se creen incompatibles (el diablo les tienta a que alberguen esos sentimientos), resulten felizmente conjuntadas. Eso es lo que logra su gracia. Pero sucede solamente cuando permiten que Dios lleve a cabo su plan en ellos, o lo que suele ser equivalente, cuando dejan de oponerse a él.

Si lo que hemos dicho hasta ahora es verdad, tan ciertamente como uno de los componentes deja de ser insoportable mediante la gracia del Salvador, otro tanto puede suceder al otro. El mismo Dios que creó a uno, creó al otro, y dispuso que los dos fuesen "uno". Por supuesto, Dios nunca fuerza la voluntad de nadie, de forma que siempre es posible resistir su gracia hasta el amargo final.

5. No resistas ese impulso de hacer o decir algo agradable a tu esposo o esposa. El hacer lo correcto descansa sobre el fundamento de creer lo correcto. Pero ¿cómo encuentra uno la voluntad y energía para obrar lo correcto? Mediante la fe. La fe sólo es verdadera cuando "obra por el amor" (Gál. 5:6). La fe permitirá que digas o hagas lo que resultará de ayuda, que puede ser simplemente dedicar a tu esposo o esposa palabras de sincero aprecio, hacerle algún regalo inesperado, darle a entender que su proximidad te resulta necesaria y gratificante, o quizá realizar alguna de esas tareas que requieren abnegación, y que sueles rehuir obstinadamente. Hay mil formas en las que la fe puede proporcionarte la energía para lo que parecería imposible. Ese bendito impulso es en realidad la obra del Espíritu Santo. ¿Puedes reconocerlo? Dios está ya a la obra de salvar tu matrimonio. ¡Hazlo! ¡Dilo! Dios hace posible que seas diferente a como fuiste. Ese es su "oficio": ser el Salvador.

Si tu palabra o acto de amor fueran rechazados, no reacciones con ironía. Eso podría echarlo todo a perder, y pondría en cuestión la motivación de tu acto o palabra amable. Acepta que la nobleza de tu propósito pueda ser puesta a prueba, y no te desanime que así suceda. La bondad fingida no puede funcionar, pero la genuina tiene muchas posibilidades de lograr su objetivo. La genuina bondad no tiene otra forma de demostrar su autenticidad, excepto al ser puesta a prueba. Las pruebas que enfrentes en el espíritu correcto, no harán más que incrementar las posibilidades de éxito. Si comprendes esto, los reveses inesperados no te vencerán (ver 2 Ped. 1:5).

"Bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian... como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos... Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso" (Luc. 6:28-36).

¿Funciona? En efecto. El gobierno de Dios descansa en la realidad de que la luz es más fuerte que las tinieblas, el amor es más fuerte que el odio, el bien más fuerte que el mal, y la gracia más poderosa que el pecado. Así, la gracia de Dios es tan poderosa como para resolver el más grave problema matrimonial, siempre que no resulte frustrada por una voluntad humana obstinada en resistirla.