Cuando vivía en Florida solía bañarme en el océano Atlántico. Aprendí pronto a respetar la fuerza de la marea, capaz de arrastrar al interior del mar al más fuerte de los nadadores. No hay brazos y piernas capaces de resistir la fuerza de esa resaca.
Todos conocemos por experiencia la fuerza que tiene la marea de la tentación. Es capaz de arrastrar al hombre, mujer o joven más fuerte, hasta el interior del mar del pecado. Intentamos resistir, pero una fuerza incontenible se cierne sobre nosotros.
El origen de esa marea de tentación es lo que la Biblia llama "el mundo". Haces todo lo posible por ser "bueno", y ahí está el mundo, 24 horas al día, intentando arrastrarte en esa marea de tentación.
¿Qué hacer? ¿Hay alguna forma de resistir esa marea, alguna forma de vencer consistentemente a la tentación?
El Nuevo Testamento responde afirmativamente. Pero la forma de lograrlo no es demasiado bien conocida. Fue Pablo quien escribió: "Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo" (Gál. 6:14).
¡Trascendente afirmación! Eso que Pablo llama "la cruz", es capaz de vencer la marea que intenta arrastrarnos al pecado. Cuando tú y yo aprendamos a gloriarnos sólo "en la cruz de nuestro Señor Jesucristo", nos encontraremos también sobre terreno firme y seguro, y las fieras tentaciones que Satanás pueda inventar no podrán arrastrarnos al pecado.
El sentimiento de muchos parece ser éste: ‘¡Es tan fácil perderse, y tan difícil seguir a Cristo!’ La verdad es que, una vez que comprendemos lo que realmente significa la cruz, seguir a Cristo es fácil, y resulta difícil perderse. La "marea" viene a ser "crucificada". Jesús se tuvo firme como una roca ante los embates de la tentación, y junto a Él podemos resistir.
¿Quieres saber de qué manera? El Señor permita que este libro te proporcione una mayor comprensión del poder del mensaje de la cruz. Dedícale todo tu interés y atención, y cambiará tu vida.
El autor.