He aquí yo estoy a la puerta y llamo

Sobre el autor

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El ministerio del autor incluye 20 años como pastor adventista en Estados Unidos y 24 años en la obra misionera adventista en África, como director departamental, fundador de La Voz de la Esperanza de África del Este, y autor y editor de "Africa Herald Publishing House". También Consultor de "Adventist All Africa Editorial". Actualmente dirige el "Comité para el estudio del mensaje de 1888".

Ningún otro tesoro oculto pudo haber fascinado tanto al pastor Robert J. Wieland, como su descubrimiento juvenil de que el mensaje de la justicia de Cristo constituye "el mensaje del tercer ángel, en verdad". Esa noción ha dado un toque distintivo a su ministerio. Durante 34 años se ha sentido movido a cavar profundamente en los sucesos enterrados del mensaje e historia de 1888, descubriendo que durante casi una década, E. White apoyó ese mensaje en más de 300 ocasiones, con calificativos como "preciosísimo", "exactamente lo que el pueblo necesitaba", un "trago de las aguas de Belén", el sorprendente "comienzo" de la tan esperada lluvia tardía y fuerte clamor de Apocalipsis 18.

Sin embargo, el autor se apercibió de que una obra que la inspiración había predicho que se extendería "como fuego en el rastrojo", se detuvo por más de un siglo. Su conclusión: algún enemigo ha intentado apagar el fuego que el Señor mismo encendió.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo (escrito en 1974), explora la relación entre el mensaje especial de Cristo a la iglesia de Laodicea, y nuestra extraña resistencia a responder a su amante invitación, contenida en el mensaje de 1888. El hecho resulta por demás inquietante. El autor rastrea nuestros problemas denominacionales hasta una primera causa básica: no permitimos la entrada a aquel Amante celestial que ha estado llamando a nuestra "puerta" durante más de un siglo. Es su convicción que el Señor llama todavía, y que hay una solución esperanzadora: el arrepentimiento denominacional que demanda el mensaje del Testigo fiel.

La iniciativa de publicar este libro en el formato actual no pertenece al autor. Se debe a la súplica insistente de pastores y laicos, que el lector no dudamos compartirá, tras explorar su contenido.