Si el orador invitado a nuestra iglesia el sábado próximo fuese Jesús mismo, ¿cuál sería su mensaje?
La respuesta es sencilla. Él es ya el orador invitado, y su mensaje es fácilmente asequible a todos. Es el mensaje dirigido "al ángel de la iglesia de Laodicea".
Durante toda una década hemos probablemente predicado y escrito más sobre el mensaje a Laodicea que sobre cualquier otro tema concreto. Sin embargo, por alguna extraña razón, el cambio al que el mensaje apela parece no haberse nunca producido. A medida que las décadas se suceden inexorablemente, da la impresión de que la trágica condición espiritual que hace necesario el cambio, no ha hecho sino agravarse.
¿Acaso, de tanto repetirlo, el lenguaje de Apocalipsis 3:14-21 ha perdido para nosotros el significado? ¿Nos hemos autoflagelado periódicamente con arengas basadas en tal mensaje, hasta aburrir ese ritual masoquista?
¿Cuándo se predicará definitivamente el sermón sobre el mensaje a Laodicea que resulte en una acción acorde con el "consejo" dado por el Testigo fiel y verdadero?
Este libro no pretende ser una repetición de los clichés desgastados, en un espíritu de señalar defectos. Se trata, por el contrario, de contemplar el mensaje del Señor desde una perspectiva inhabitual: la del mensaje de 1888 de la justicia de Cristo. Las familiares palabras de Jesús a la séptima iglesia, pueden tomar un nuevo y sorprendente significado a la luz de nuestra historia posterior a 1888. Se convertirán en "verdad actual".
Es el plan de Dios que la verdad conduzca a su pueblo a una perfecta unidad de acción. Que los principios aquí presentados contribuyan a que nos unamos todos sobre el fundamento de la verdad eterna, de tal modo que aprendamos a glorificar a nuestro Señor, de forma individual y en tanto que cuerpo, obrando verdaderamente en armonía con su "consejo" dado en el mensaje a Laodicea. Oímos voces estridentes afirmando que no hay esperanza para la iglesia. Pero la hay, si hacemos lo que el Señor dice: "Sé pues celoso, y arrepiéntete".
"El Señor ha declarado que la historia del pasado se repetirá cuando entremos en la obra final". (E. White, MS-129, 1905 –Mensajes Selectos, vol. 2, p. 449–)
"Una y otra vez se me ha mostrado que las experiencias pasadas del pueblo de Dios no deben tenerse por hechos agotados. No debemos considerar el registro de esas experiencias como lo haríamos con un calendario del año pasado. El registro debe mantenerse en la mente, ya que la historia se repetirá". (E. White, MS. D-238, 1903)