Volvamos ahora a las palabras del Señor "al ángel de la iglesia en Laodicea". Se asume con razón que deberíamos haber aprendido de la historia, y que en nuestra generación estamos dispuestos a recibir la lección culminante y preparatoria para el final del tiempo:
He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero... Yo conozco tus obras... Porque tú dices: Yo soy rico y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tu eres un [el] cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo; (Apoc. 3:14-17)Todavía no conocemos nuestras propias "obras", o historia. De hecho, nuestra historia, tal como la ve el universo celestial, desenmascara nuestra verdadera condición en tanto que el "cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo" de entre las siete iglesias. (Obsérvese el empleo del artículo ho, "el...").
Todo el universo celestial presenció el ignominioso trato dado a Jesús, representado por el Espíritu Santo. Si Cristo hubiese estado ante ellos, lo hubiesen tratado de forma similar a como lo trataron los judíos. (E.G.W, 1888 Materials, p. 1.497; también Special Testimonies, Series A, No 6, p. 20)Leemos esa declaración con horror. ¿Puede ser cierta? ¿Cómo pudo suceder cosa tan terrible? ‘No puede ser… Alguien distorsiona el asunto’, intentamos decirnos ante esa y otras declaraciones similares. ‘Alguien encontrará alguna otra declaración que anule la anterior’, esperamos ansiosamente. ¡Nos resulta tan difícil afrontar ese hecho, como lo fue para Adán y Eva asumir su verdadera culpabilidad en el Edén! Pero, aunque nosotros podamos resistirnos a reconocerlo, "todo el universo celestial presenció el ignominioso" hecho.
En Minneapolis Dios dio preciosas gemas de verdad a su pueblo en nuevos enmarcados. Algunos rechazaron esa luz del cielo con toda la testarudez que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo. (Manuscrito 13, año 1889; EGW 1888 Materials, p. 518).El asunto decisivo es: ¿son las palabras del Señor, en su mensaje a Laodicea, verdad de actualidad hoy? ¿O bien es posible que la así llamada "gloriosa" aceptación del mensaje en 1888, por parte de los dirigentes responsables de la iglesia, cumpliese finalmente su obra? ¿Fue la anterior declaración una especie de ex abrupto de E. White, algo que su naturaleza calmada repudió posteriormente? Examinémoslo de nuevo. Habló del tema en ocasiones casi incontables:
Estaba yo diciendo: ¿de qué sirve que nos reunamos aquí juntos [en Minneapolis, en 1888], y de qué les sirve a nuestros hermanos en el ministerio, si están aquí solamente para mantener el Espíritu de Dios alejado del pueblo?... Os he estado hablando y rogando, pero no parece importaros lo más mínimo... (Manuscrito 9, 1888; EGW 1888 Materials, p. 151).
No es prudente que ninguno de estos hombres jóvenes [Jones y Waggoner] se entregue a una decisión en este encuentro en el que la oposición, más bien que la investigación, están a la orden del día. (Manuscrito 15, 1888; EGW 1888 Materials, p. 170).
Si los ministros no reciben la luz, quiero dar una oportunidad al pueblo; quizá éste quiera recibirla. (Manuscrito 9, 1888; EGW 1888 Materials, p. 152).
Cada vez que el mismo espíritu [de oposición, en Minneapolis] se despierta en el alma, son respaldados los hechos acaecidos en aquella ocasión, y los que así proceden son tenidos por responsables ante Dios... Su corazón se inflama con el mismo espíritu que actuó en quienes rechazaron a Cristo, y si hubiesen vivido en los días de Cristo, habrían actuado contra él de una forma similar a la de los impíos e incrédulos judíos. (Special Testimonies to the Review and Herald Office, p. 16,17; EGW 1888 Materials, p. 1.565. Original sin atributo de cursivas).¿Cómo sabemos que ese pecado era de naturaleza inconsciente? Los hermanos implicados creían que estaban reaccionando contra un énfasis excesivo y contra un mensaje erróneo. Pensaban que estaban contrarrestando a ciertos fanáticos, imperfectos e incluso perniciosos mensajeros. Pensaban que se estaban manteniendo "en los hitos antiguos", defendiendo noblemente los pilares del mensaje de los tres ángeles. Estaban orgullosos de su ortodoxia. Obsérvese la forma en la que sus verdaderas motivaciones estaban ocultas a su conocimiento:
Si rechazáis a los mensajeros designados por Cristo, rechazáis a Cristo. (Testimonios para los ministros, p. 97, año 1896).
Hombres que hacen profesión de piedad han rechazado a Cristo en la persona de sus mensajeros. Como los judíos, rechazan el mensaje de Dios. (FCE, p. 472; EGW 1888 Materials, p. 1.651; año 1897).
Cristo ha tomado nota de todas las frases duras, orgullosas y despectivas pronunciadas contra sus siervos, como pronunciadas contra él mismo. (Review and Herald, 27 de mayo de 1890).
Los hombres entre nosotros pueden llegar a ser exactamente lo que eran los fariseos: Muy despiertos para condenar al mayor de los maestros que este mundo haya conocido. (Testimonios para los ministros, p. 294, traducción revisada. Año 1896).
En Minneapolis Dios dio preciosas gemas de verdad a su pueblo en nuevos enmarcados. Algunos rechazaron esa luz del cielo con toda la testarudez que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo, y se habló mucho acerca de permanecer en los antiguos hitos. Pero se evidenció que no sabían lo que son los hitos antiguos. Se vio que el juicio de las palabras se recomendaba a sí mismo a la conciencia; pero las mentes de los hombres estaban bloqueadas, selladas contra la entrada de la luz, debido a que habían decidido que era un error peligroso eliminar ‘los antiguos hitos’, cuando en realidad no se eliminaba ni un solo alfiler de esos hitos, pero tenían ideas pervertidas en cuanto a lo que constituían los antiguos hitos. (Manuscrito 13, año 1889; EGW 1888 Materials, p. 518).Hay una sólida razón por la que E. White comparó tan frecuentemente esa reacción contra el mensaje de 1888 con el odio de los judíos hacia Cristo. Los judíos eran inconscientes de sus verdaderos motivos, y también nuestros hermanos. Ambos, los dirigentes judíos y nuestros hermanos, no sabían que estaban condenando "al mayor de los maestros que este mundo haya conocido". La naturaleza inconsciente de su pecado se evidencia aún más claramente en lo siguiente:
No puedo jamás olvidar la experiencia que tuvimos en Minneapolis, o las cosas que me fueron reveladas con respecto al espíritu que controló a los hombres, las palabras pronunciadas, los actos realizados en obediencia a los poderes del mal... En el encuentro fueron movidos por otro espíritu, y no supieron que Dios había enviado a esos hombres jóvenes, los pastores Jones y Waggoner, para que les llevasen un mensaje especial, a ellos que les ridiculizaron y trataron con desprecio, no dándose cuenta de que las inteligencias celestiales les estaban observando. Sé que entonces fue insultado el Espíritu de Dios. (EGW 1888 Materials, p. 1.043; Manuscrito 24, 1892).¿Pasa ese pecado todavía inadvertido para nosotros? Obsérvense la multitud de libros autorizados que se han publicado sobre nuestra historia, en las ocho décadas anteriores. ¿Acaso uno solo de ellos expone claramente la plena verdad sobre 1888, y el comienzo de la lluvia tardía y el fuerte clamor?
El mensaje del Testigo Fiel encuentra al pueblo de Dios sumido en un triste engaño, aunque crea sinceramente dicho engaño. No sabe que su condición es deplorable a la vista de Dios. (Joyas de los Testimonios, vol. 1, p. 327).Lo que encontramos en nuestros libros de historia denominacional es mucha jactancia del maravilloso "enriquecimiento" que experimentó la Iglesia Adventista con ocasión del mensaje de 1888. El tema general resulta ser "soy rico y estoy enriquecido". Miles de personas de entre nosotros, por todo el mundo, ignoran el solemne hecho de que el Señor cumplió fielmente su parte y dio el "comienzo" de la lluvia tardía y el fuerte clamor hace un siglo, pero el don celestial fue rechazado. Lo cierto es que:
Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles... Fue resistida la luz que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos. (Mensajes Selectos, vol. 1, p. 276).Debido al "ignominioso trato dado a Jesús" en una de nuestras Asambleas de la Asociación General, es necesaria una expiación, o reconciliación final. Esa es una de las razones.
Logro de altura [1888]... resultó en un despertar espiritual entre nuestro pueblo. (M.E.Kern, Review and Herald, 3 de agosto de 1950, p. 294)."¡Dices: rico soy, y he sido enriquecido!" 1888 fue el principio de un gran enriquecimiento, una gloriosa victoria, "madurez... espiritual". Somos extraordinarios. No paramos de mejorar.
Un hito importante en la historia del adventismo del séptimo día... atravesando el continente hacia un nuevo país... una gloriosa victoria... un gran despertar espiritual entre los adventistas... el amanecer de un día glorioso para la Iglesia Adventista... las benditas consecuencias de un gran despertar... nos acompañan todavía... Ese bendito período de reavivamiento que comenzó en 1888... fue rico tanto en santidad como en frutos misioneros. (L.H.Christian, Fruitage of Spiritual Gifts, p. 219-245. Obsérvese la palabra "rico").
Un mensaje inspirador que rescató la iglesia del peligro del legalismo, y abrió las mentes a las sublimes riquezas del evangelio. La última década del siglo vio a una Iglesia desarrollarse, a través de ese evangelio, hasta constituir una compañía dispuesta a cumplir la misión de Dios... La iglesia... fue despertada por el refrescante mensaje de la justificación por la fe. (A.W.Spalding, Captains of the Host, p. 602).
En muchos casos, iglesias que han comenzado con un profundo énfasis evangélico, de alguna forma han perdido algo de su empuje con el paso de los años... La Iglesia Adventista ofrece una variante interesante de lo que es tendencia habitual en otros cuerpos religiosos... la Iglesia Adventista muestra un progresivo énfasis en las verdades evangélicas... una denominación religiosa que se hace más evangélica con el paso de los años es un fenómeno único. (N.F.Pease, By Faith Alone, p. 227).
Principalmente están aquellos que tienden a la crítica, que ven solamente los fallos de la iglesia, pero están ciegos a sus logros. Si bien lamentamos nuestra negligencia de las grandes verdades del evangelio, damos gracias a Dios por los nobles hombres y mujeres que han destacado esas verdades a lo largo de los años. Asimismo, saludamos a la hueste innumerable de miembros de iglesia que conocen a Cristo como a un Salvador personal, y que han sido verdaderamente justificados por la sola fe. Nos gratifica el énfasis in crescendo en la justificación por la fe, durante los cuarenta años precedentes; y si bien es cierto que no hemos hecho todo cuanto debíamos o podíamos haber hecho, somos necios al ignorar el progreso realizado. (Id., p. 238).
Durante mis cincuenta y cinco años en el ministerio adventista, he tenido relación con nuestros obreros y miembros a todo lo ancho del mundo. He trabajado en asociación con nuestros pastores en casi todos los territorios en los que tenemos obra establecida... No sé de ningún obrero o laico, sea en América, Europa, o cualquier otro lugar, que haya expresado oposición al mensaje de la justificación por la fe. (A.V. Olson, Through Crisis to Victory, 1888-1901, p. 232; Thirteen Years of Crisis, -1982- p. 238).
Se debe decir que el mensaje [de la justicia por la fe] se ha proclamado, tanto desde el púlpito como por la página impresa, y mediante las vidas de los miles y miles de hermanos dedicados a Dios, que saben lo que es el resultado de la vida espiritual en Cristo. Cualquiera que se tome el tiempo para examinar los libros, revistas, panfletos y otras publicaciones adventistas, descubrirá que esa gloriosa verdad ha sido impresa vez tras vez... Las varias fases de la salvación por la fe en Cristo han sido enseñadas con poder y claridad mediante la emisión radiofónica durante años, y más recientemente por televisión. Se ha destacado el tema en diferentes cursos bíblicos por correspondencia. Los pastores y evangelistas adventistas han anunciado esa verdad vital desde los púlpitos y lugares públicos, con los corazones inflamados por el amor de Cristo. (Id., p. 233-237; nueva edición, p. 239-243).
Este capítulo solo pretende tratar brevemente el tremendo énfasis sobre la justificación por la fe, en la asamblea de la Asociación General de 1926. Es mi firme convicción que haríamos bien en destacar menos 1888, y más 1926... Algunos han sugerido que la denominación debería en cierto modo constatar públicamente el reconocimiento de los errores de 1888. No es posible presentar una mayor evidencia de crecimiento espiritual y madurez, que la evidenciada en los sermones de 1926. (N.F. Pease, The Faith That Saves, p. 59).
Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete (Apoc. 3:18,19).De entre nuestras historias denominacionales, la que incluye quizá la más evidente (pero inconsciente) negación del mensaje de nuestro Señor, fue publicada en 1966. Indiscutiblemente sincero, y por demás ferviente y entregado, su autor deseaba defender "al ángel de la iglesia en Laodicea". Tras su muerte, los encargados de la publicación la titularon Through Crisis to Victory 1888-1901 (De la crisis a la victoria). Postularon así claramente la nueva tesis de que la asamblea de la Asociación ministerial en 1901 canceló la oposición al mensaje de la justicia de Cristo, en 1888, así como todos los males de la organización que la acompañaron, para desembocar en "la victoria".
Qué maravillosa obra habría podido hacerse en beneficio de la numerosa compañía reunida en Battle Creek con ocasión de la Asociación General [de 1901], si los dirigentes de nuestra obra hubiesen estado por la labor. Pero la obra que todo el cielo estaba esperando realizar, tan pronto como los hombres preparasen el camino, quedó sin hacer, debido a que los dirigentes cerraron y bloquearon la puerta contra la entrada del Espíritu. Se produjo una detención antes de llegar a la total entrega a Dios. Y los corazones que podrían haber sido purificados del error, se fortalecieron en la maldad. Fueron bloqueadas las puertas contra la entrada de la corriente celestial que habría barrido todo el mal. Los hombres dejaron sus pecados sin confesar. (Carta al Dr. J.H. Kellogg, 5 de agosto de 1902).Por lo que respecta al mensaje de 1888 de la justicia de Cristo, se pretende estar saludando una "victoria", a pesar de que las "obras" derivadas de esa supuesta "fe" llevaron a la reprensión del Señor en los desastrosos incendios que arrasaron el Hospital y Casa publicadora, en una clara censura del Señor.
El resultado de la última Asamblea de la Asociación General ha sido la más grande y terrible pena de mi vida. No se hizo ningún cambio. El espíritu que debía haberse traído a toda la obra como resultado de este encuentro, no vino debido a que los hombres no recibieron los testimonios del Espíritu de Dios. Cuando regresaron a sus diferentes campos de labor, no anduvieron en la luz que el Señor hizo brillar sobre sus caminos, sino que trajeron a su obra los principios equivocados que han prevalecido en la obra, en Battle Creek... Es peligroso rechazar la luz que Dios envía. (Carta al juez Jesse Arthur, 15 de enero de 1903).
Si los hombres que oyeron el mensaje cuando tuvo lugar la Asamblea –el mensaje más solemne que se pueda oír– no hubiesen sido tan poco susceptibles de ser impresionados, si hubieran sinceramente preguntado: ‘Señor, ¿qué quieres que haga?’ la experiencia del pasado año habría sido muy diferente de lo que es. Pero no han despejado el camino ante ellos. No han confesado sus equivocaciones, y ahora están yendo al mismo terreno en muchas cosas, siguiendo el mismo curso de acción erróneo, ya que han arruinado su discernimiento espiritual...
Si la obra iniciada en la Asociación General se hubiera llevado hacia adelante hasta la perfección, no habría sido llamada a escribir estas cosas. Hubo la oportunidad de confesar, o bien negar el error, y en muchos casos se produjo la negación, a fin de evitar la necesidad de confesión.
A menos que haya una reforma, la calamidad sobrecogerá a la casa publicadora, y el mundo conocerá la razón. Se me ha mostrado que no ha habido un regreso a Dios de todo corazón... Dios ha sido burlado con vuestra dureza de corazón, que no deja de ir en aumento. (Testimonies, vol. 7, p. 93-96. Ver portada de The Review and Herald de noviembre de 1901. El testimonio siguiente, que comienza en la página 97, lleva por título: "La Review and Herald en llamas").
En el encuentro de 1901, los miembros del comité elegidos en aquella ocasión fueron, hasta donde podemos saber, hombres que creyeron plenamente en esa doctrina [la justicia por la fe], si bien algunos pudieron no haber entrado plenamente en la experiencia personal de la entrega y la fe... He asistido a reuniones campestres adventistas, congresos anuales, sesiones de la Asociación y misiones, encuentros de obreros y otras reuniones, y puedo fielmente decir que en toda esa asociación con los obreros de las iglesias y personas de diferentes razas, naciones y lenguas, a lo largo de mis cincuenta y cinco años como pastor adventista, jamás he oído –ni en América, Europa, ni otro ningún lugar– a un obrero o un laico expresar oposición al mensaje de la justicia por la fe. Ni tampoco he sabido de ninguna oposición tal, expresada en publicaciones adventistas. (A.V. Olson, Through Crisis to Victory, 1888-1901, p. 228-232; nueva edición, p. 234-238).Pero el autor era ferviente y sincero, y profundamente espiritual. Se apercibió claramente de que algo iba mal. La obra mostraba años de retraso y la venida del Señor se había demorado largamente. Eso no pudo ni quiso negarlo. Reconoció con franqueza la existencia del problema y avanzó su propia y sincera convicción de que en esa hora tardía, la iglesia como un todo no había comprendido ni recibido la verdad de la justicia por la fe, permitiendo así que la obra mundial llegase a su fin. Rara vez un escritor oficial ha confirmado tan gráficamente –aunque sin saberlo– la verdad del diagnóstico de nuestro Señor en su mensaje "al ángel" de la iglesia en Laodicea, y raramente se ha manifestado tan ferviente y sincera insistencia en que el "ángel" es "rico y se ha enriquecido". Los portavoces de la iglesia son ricos, postula el autor del libro, en la comprensión y proclamación del mensaje. No reconoce carencia alguna por su parte, y atribuye la responsabilidad de la obra no realizada más bien a la torpeza de los laicos. Ellos son los "cuitados, miserables, pobres, ciegos y desnudos". Obsérvese la clara evidencia de la conclusión del libro:
Durante los años 1901 y anteriores, los adventistas publicaron mucho sobre la justicia por la fe, y ese tema se ha abordado periódicamente en la Escuela Sabática. Los diferentes aspectos de la salvación por la fe en Cristo han sido enseñados con poder y claridad a través de la radio, y últimamente en televisión. El tema se ha destacado en distintos estudios bíblicos por correspondencia. Los pastores y evangelistas adventistas han anunciado esa verdad vital desde los púlpitos de iglesia y desde otros lugares públicos, con corazones inflamados de amor por Cristo. Y mediante la revista mensual El Ministerio adventista, los predicadores y escritores adventistas han urgido constantemente a hacer de Jesucristo y su justicia como Salvador, el centro de toda su enseñanza.Entonces, ¿por qué no se ha terminado la obra, si esa preciosa verdad ha sido enseñada "con poder y claridad… con corazones inflamados" por los pastores y evangelistas adventistas? Los laicos no han oído como deberían. Éstos últimos han impedido la terminación de la obra. Obsérvese la conclusión a la que se llega, sólo posible mediante una errónea comprensión del mensaje a Laodicea:
No se ha destacado el tema más de lo que se debería, si acaso, no tanto como el precioso tema se merece. (Id., p. 237; nueva edición, p. 243).
Muchos adventistas del séptimo día parecen ignorar todavía esa doctrina capital. Gran parte de esa falta de discernimiento se debe a que no leen los libros y periódicos adventistas que presentan el evangelio en lenguaje claro, enérgico…Si el mensaje del Señor es verdadero, entonces nos encontramos ante una sorprendente inversión de los términos. El Señor dirige ese mensaje "al ángel de la iglesia". El énfasis, según el Espíritu de Profecía, no puede ser más claro: si los responsables ministeriales hubiesen aceptado el mensaje de 1888, la iglesia habría cooperado y la obra se habría terminado (ver Mensajes Selectos, vol. 1, p. 276). "Tu pueblo se ofrecerá voluntario en el día de tu poder" (Sal. 110:3), nos asegura el salmista. Un laicado resistiendo continuamente a los dirigentes constituye una representación desalentadora para el futuro. No es cierta.
Tememos que para muchos miembros de iglesia, el mensaje de la justicia de Cristo se ha vuelto una teoría estéril, en lugar de una realidad viviente en su experiencia diaria.
Han sido negligentes en cuanto a la luz que, en su amor y gracia, ha hecho Dios brillar ante ellos. No han tenido llegado a cambiar las vestiduras viles de su justicia propia por la vestidura inmaculada de la justicia de Cristo. A la vista de Dios, sus pobres almas aparecen como desnudas y destituidas. (Id., p. 237; nueva edición, p. 243-247).
Influyentes eruditos adventistas … piensan ahora que la doctrina distintiva adventista del juicio investigador no se puede demostrar a partir de la Biblia… Otros profesores… han abandonado completamente su creencia en esa enseñanza [la doctrina de 1844]. Podemos fácilmente citar a responsables de departamentos de teología y otros profesores prominentes que han perdido su fe en esa doctrina distintiva adventista… Esa pérdida de fe en 1844 ha tenido lugar… Hay un sentimiento generalizado de que nuestra posición sobre 1844 y nuestra explicación sobre él ha dejado de ser convincente o viable. Un gran porcentaje de adventistas en Europa consideran ampliamente a 1844 como una peculiar aberración americana. (1844 Re-examined, p. 9, 10).Se citan numerosos pastores y teólogos en favor de ese cuestionarse las raíces básicas adventistas.