"¿Qué ha fallado?", se pregunta el devoto judío ortodoxo, con angustia y perplejidad. Hasta el día de hoy, se siente sinceramente perplejo cuando medita absorto en las antiguas predicciones que hizo el Señor a Abraham, Isaac y Jacob. "¿Cuándo despertará el Dios de nuestros padres y cumplirá sus largamente esperadas promesas de enviar un Mesías a Israel? ¿Cuándo hará de Jerusalem el júbilo de toda la tierra? ¿O han sido acaso en vano nuestros grandes anhelos mesiánicos?"
Los judíos que tienen la fortuna de poder ir a los lugares santos de Jerusalem, se reúnen en el muro de las lamentaciones, en el ángulo sudoeste del antiguo enclave del templo. Allí se deshacen entonces en súplicas y lamentaciones al Dios de sus padres.
Nos gustaría darles un toque en el hombro y decirles: "Amigos, ¡podéis dejar de lamentaros! El Dios de Abraham, Isaac y Jacob no se ha dormido ni descuidado. Ha cumplido su promesa. ¡Envió fielmente al Mesías en Jesús de Nazaret! El único problema es que vuestros antecesores, no reconociéndole, lo crucificaron".
¿Podría ser que para los devotos adventistas hubiese también una versión propia del muro de las lamentaciones?
Pondérese la cantidad sin fin de llamados y apelaciones hechas a los fieles para orar, en las semanas de oración anuales, los sermones de las sesiones de reavivamiento, las asambleas de la Asociación General y las anuales, para que el Señor cumpla su promesa y abra las ventanas del cielo para derramar sobre su pueblo los aguaceros refrescantes de la lluvia tardía. Desde que E. White describió su visión del 14 de mayo de 1851, relativa al "refrigerio" de la "lluvia tardía" (Primeros Escritos, p. 71), el adventismo ha acariciado la esperanza de que algún día Dios pueda finalmente otorgar la bendición y llevar la obra mundial de testificación a un final triunfante.
La lluvia tardía consistiría en el don último del Espíritu Santo para madurar el grano del evangelio para la cosecha, de la misma forma que las lluvias que precedían a la cosecha en la antigua Palestina permitían el cumplimiento de los sueños de los agricultores. La lluvia tardía desembocaría en el fuerte pregón del mensaje del tercer ángel y la gloriosa iluminación de toda la tierra con su gloria. ¡Entonces podría venir el Señor con poder y gran gloria!
¿Por qué no han sido contestadas esas súplicas, pronunciadas durante más de un siglo? ¿Por qué sigue a cada convocación la sensación frustrante de no ver la lluvia tardía?
Esas son preguntas que se hacen las personas reflexivas, especialmente los jóvenes. ¿Por qué consagrarse a una vida de sacrificio si los anhelos escatológicos que albergaron los pioneros parecen tan remotos? Evidentemente, la segunda venida de Jesús no puede tener lugar hasta no producirse los eventos tan largamente esperados. Pero para muchos adventistas en muchos lugares, la segunda venida se desvanece en las sombras de la incertidumbre. Lo mismo que para los judíos devotos llorando por el regreso del Mesías, se trata de esperar contra toda esperanza que los pioneros no estuviesen después de todo equivocados. De hecho, el honor del Dios de los pioneros está en juego. ¿Es fiel? ¿Vive aún?
Seguramente, seres celestiales desean darnos un toque en el hombro y decirnos: "¡Cesad en vuestro lamento por las peticiones sin respuesta! Vuestras peticiones durante 130 años fueron ya contestadas. El Señor cumplió su promesa a los pioneros. Dios envió ya el principio de la lluvia tardía y el fuerte pregón. El único problema es que vuestros padres fallaron en reconocer el don celestial cuando éste fue otorgado, y lo rechazaron de la misma forma en que los judíos rechazaron al Mesías hace dos mil años".
Una noticia tal es tan sorprendente para la mayor parte de los adventistas hoy, como lo sería su homóloga para los judíos en el muro de las lamentaciones. Y sin embargo, es cierta.
En el Índice de los escritos de E. White (Vol. 2, p. 1581) se encuentra un tenue indicio de tan tremenda noticia, bajo el epígrafe "Fuerte pregón", de una forma que podríamos comparar al ligero temblor de tierra que en Qumran condujo al descubrimiento de la inmensa riqueza de los manuscritos de las cavernas ocultas. La entrada expresa llanamente: "El Fuerte pregón: comenzó ya en la revelación de la justicia de Cristo". Siguiendo el índice, vamos a la declaración que se cita:
"El tiempo de prueba está precisamente delante de nosotros, pues el fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra" (Mensajes Selectos, vol. I, p. 425).Lo anterior no es simplemente una oscura declaración de cierta bendición temporal concedida en algún momento de nuestra historia pasada, sino la sorprendente afirmación de que las brillantes promesas escatológicas acariciadas por nuestros pioneros en el adventismo desde 1851, tuvieron su cumplimiento en algún momento; al menos el "comienzo" de ellas.
"La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos [E.J.] Waggoner y [A.T.] Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos" (Mensajes Selectos, vol. I, p. 276).Analicemos esta declaración, hecha en 1896:
"Cuando repaso la historia de la nación judía y veo la forma en que tropezaron por no andar en la luz, he venido a comprender dónde podemos ser llevados como pueblo si rechazáramos la luz que Dios nos da. Tenéis ojos y no veis, oídos y no oís. Ahora, hermanos, se nos ha enviado luz, y queremos estar donde podamos aferrarnos a ella... Veo vuestro peligro y os quiero prevenir...Ocho días más tarde, repitió:
Si los ministros no reciben la luz [dada en la misma asamblea de 1888] , quiero dar al pueblo una oportunidad; quizá ellos puedan recibirla... Como la nación judía..." (Manuscrito 9, 1888; sermón dado el 24 de octubre de 1888; A.V. Olson, Through Crisis to Victory, p. 292).
"Cuando los judíos dieron el primer paso en el rechazo de Cristo, dieron un paso peligroso. Cuando posteriormente se acumuló la evidencia de que Jesús de Nazaret era el Mesías, tuvieron demasiado orgullo como para reconocer que habían errado.En 1890, E. White llama la atención del pueblo al tema de "como los judíos":
...Ellos [los hermanos], lo mismo que los judíos, daban por sentado que poseían toda la verdad, y sentían cierta animadversión hacia quien pudiera suponer que tenía ideas más correctas que ellos mismos en cuanto a la verdad. Decidieron que toda la evidencia acumulada no tendría para ellos más peso que la paja, y enseñaron a otros que la doctrina no era verdadera, y más tarde, cuando vieron la luz, estaban tan abocados a condenar, tenían demasiado orgullo como para decir "me equivoqué"; acarician todavía la duda e incredulidad, y son demasiado orgullosos como para reconocer que sus convicciones...
No es conveniente para uno de estos hombres jóvenes [Jones o Waggoner] el entregarse a una decisión en este encuentro, donde la oposición, más que la investigación, está a la orden del día" (Manuscrito 95, 1888; sermón del 1 de noviembre de 1888; Olson, Through Crisis to Victory, p. 300 y 301).
"Aquellos a quienes Cristo ha dotado de gran luz, a quienes Dios ha rodeado de preciosas oportunidades, están en peligro, si no andan en su luz, de llenarse de opiniones orgullosas y exaltación propia como lo fueron los judíos" (Review and Herald, 4 de febrero de 1890).Si pudiéramos hacer algo por ayudar a los judíos en el muro de las lamentaciones, sería urgirles a estudiar de primera mano los registros existentes sobre Jesús de Nazaret, para que pudiesen ver en él el cumplimiento de las profecías que vanamente esperan en el futuro.
"Que no se nos encuentre entregados a subterfugios y a la colocación de perchas donde colgar las dudas en cuanto a la luz que Dios nos ha enviado. Cuando se lleva a vuestra atención un punto de doctrina que no comprendéis, poneos de rodillas, para que podáis comprender cuál es la verdad, y que no seáis hallados, como sucedió con los judíos, luchando contra Dios...
Durante cerca de dos años hemos alertado a la gente a venir y aceptar la luz y la verdad concerniente a la justicia de Cristo, y ésta no sabe qué hacer, si abrazar o no esa preciosa verdad" (Id, 11 de marzo de 1890).
"¿Por cuanto tiempo se mantendrán apartados del mensaje de Dios los que están a la cabeza de la obra?" (Id, 18 de marzo de 1890).