Este concepto de la justicia de Cristo no fue bien recibido por el pastor Butler, presidente de la Asociación General, quien polemizó con Waggoner (Butler, The Law in Galatians, p. 58, y Waggoner, The Gospel in Galatians, p. 62). Fue asimismo mal recibido por otros que escribieron cartas de queja a E. White, en relación con la enseñanza de Jones y Waggoner. Ella replicó con energía en un sermón matinal en Battle Creek, titulado "Cómo tratar un punto doctrinal controvertido":
"Me han llegado cartas que afirman que Cristo no podría haber tenido la misma naturaleza que el hombre, pues si la hubiera tenido, habría caído bajo tentaciones similares. Si no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no podría ser nuestro ejemplo. Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no podría haber sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no le hubiera sido posible rendirse ante la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino para reñir las batallas como hombre, en lugar del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar el Modelo. El hombre debe llegar a ser participante de la naturaleza divina...Durante toda la década de los 90, E. White manifestó su apoyo inequívoco a ese concepto clave del mensaje de 1888. En ninguna de sus incontables declaraciones de apoyo al mensaje se puede encontrar la más leve insinuación de haber sostenido reservas sobre ese ingrediente fundamental. En febrero de 1894 publicó un folleto titulado "Cristo, tentado como nosotros":
Los hombres pueden tener un poder para resistir el mal: un poder que ni la tierra, ni la muerte, ni el infierno pueden vencer; un poder que los colocará donde pueden llegar a ser vencedores como Cristo venció. La divinidad y la humanidad pueden combinarse en ellos" (Mensajes Selectos, vol. I, p. 477-479).
"Pero dicen muchos que Cristo no fue tentado como nosotros, que él no estuvo en el mundo como lo estamos nosotros, que era divino, y por lo tanto, que no podemos vencer como él venció. Pero eso no es cierto: ‘Porque ciertamente no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham tomó... Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados’ [Heb. 2:16 y 18] Cristo conoce las pruebas de los pecadores; conoce sus tentaciones. Tomó sobre sí nuestra naturaleza" (p. 3 y 4).Y si Cristo, tal como ella afirma a partir de la Biblia, fue tentado como lo somos nosotros, ¿a qué deducción se llega con ello? Sin duda debe querer decir ni más ni menos que lo que dice:
"El cristiano debe reconocer que no se debe a sí mismo... Sus más fuertes tentaciones vendrán desde dentro, ya que deberá batallar contra las inclinaciones del corazón natural. El Señor conoce nuestras debilidades... Todo conflicto contra el pecado... significa Cristo obrando en el corazón a través de sus agentes señalados. ¡Oh, si pudiéramos comprender lo que Jesús es para nosotros y lo que nosotros somos para él" (Id., p. 11).En la página 32 de El Deseado de todas las gentes, expresó a los lectores de todo el mundo sus convicciones, escritas después de 1888. En ninguno de sus anteriores escritos había expresado la idea con tal fuerza y claridad:
"Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado".¿Tomó Cristo la naturaleza impecable de Adán antes de la caída [transgresión]? Fue "hecho de la simiente de David según la carne" (Rom. 1:3). No fue creado como una réplica de Adán -formado de nuevo del polvo de la tierra, con el soplo de vida insuflado en su nariz-. Fue "como cualquier hijo de Adán", aceptando "los efectos de la gran ley de la herencia". La gloriosa paradoja debe contemplarse siempre en su pureza y claridad:
"Vestido en la ropa de la humanidad, el Hijo de Dios bajó hasta el nivel de aquellos a quienes quería salvar. En él no hubo engaño ni pecado; siempre fue puro e incontaminado; sin embargo, tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa" (Review and Herald, 15 de diciembre de 1896).Es manifiesto el énfasis en sus escritos, después de 1888. Por ejemplo:
"En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída. Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones. Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios. Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos... No había en él nada que respondiera a los sofismas de Satanás. Él no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así podemos hacer nosotros" (El Deseado de todas la gentes, p. 98 y 99).El error resulta siempre divisivo. La verdad es unificadora. Jones y Waggoner estuvieron en perfecto acuerdo entre ellos en sus exposiciones de la justicia de Cristo. Es realmente sorprendente que dos hombres con temperamentos tan dispares pudiesen atravesar el laberinto de las trampas teológicas ocultas que aguardan a todo el que se entrega al estudio de esos temas, y sin embargo permanecieran en tal unidad vital. Ellos creían en la unidad, apelaron a la iglesia a mantenerse unida, y demostraron admirablemente su unidad, en la época en la que su mensaje fue el tema crítico que la iglesia afrontaba.
"La tentación es resistida cuando el hombre es poderosamente influenciado a hacer una mala acción y, sabiendo que está en su posibilidad, resiste por fe, aferrándose firmemente al poder divino. Esa fue la penosa experiencia por la que Cristo pasó" (The Youth Instructor, 20 de julio de 1899).
"En ese conflicto la humanidad de Cristo fue puesta a prueba en forma tal que ninguno de nosotros comprenderá jamás... Las tales fueron tentaciones verdaderas, no artificiales... En su humanidad, el Hijo de Dios luchó con las mismísimas terribles y aparentemente abrumadoras tentaciones que asaltan al hombre: tentaciones a complacer el apetito, a aventurarse atrevidamente donde Dios no nos conduce, y a adorar el Dios de este mundo, a sacrificar una eternidad de bienaventuranza por los placeres fascinadores de esta vida" (Carta 116, 1899. Mensajes Selectos vol. I, p. 110-112).
"Hecho como nosotros en todas las cosas, cuando él fue tentado, sintió justamente lo que sentimos al ser tentados nosotros, y lo conoce todo al respecto; y es así como puede auxiliar y salvar hasta lo último a todos aquellos que lo reciben. En cuanto a su carne, en cuanto a sí mismo en la carne, era tan débil como lo somos nosotros. Dijo: ‘no puedo yo de mí mismo hacer nada’ (Juan 5:30); así, cuando ‘llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores’ (Isa. 53:4), y fue tentado en todo como nosotros, sintiendo como sentimos nosotros, por su fe divina lo conquistó todo por el poder de Dios que esa fe le proporcionaba, y que en nuestra carne él nos ha proporcionado.Jones basó sus convicciones sobre la naturaleza de Cristo y su justicia, en las palabras de Jesús. Las mismas, en Juan 5:30, merecen una consideración cuidadosa, ya que frecuentemente son pasadas por alto:
Por lo tanto, llamarás su nombre Emmanuel, que declarado es: ‘Dios con nosotros’. No solamente Dios con Él, sino Dios con nosotros" (The Consecrated Way, p. 26).
No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, más la voluntad del que me envió, del Padre.¿Era correcto el razonamiento de Jones?
"Si no tuviese la misma carne que aquellos a quienes vino a redimir, entonces de nada habría servido el haber sido hecho carne. Más que eso: puesto que la única carne que existe en este vasto mundo que él vino a redimir es precisamente la carne pobre, pecaminosa, perdida, la carne humana que posee todo hombre, si esa no fue la carne de la que él fue hecho, entonces él nunca vino verdaderamente al mundo necesitado de redención. Si vino en una naturaleza humana diferente a la que existe realmente en este mundo, entonces, a pesar de haber venido, para todo fin práctico de alcanzar y auxiliar al hombre, estuvo tan lejos de él como si nunca hubiera venido. De haber sido así, hubiera estado tan lejos en su naturaleza humana y habría sido tan de otro mundo como si nunca hubiera venido al nuestro" (The Consecrated Way, p. 35).Jones encuentra un gran significado en la frase "en la carne" (Rom. 8:3), en referencia con la carne de Cristo. Cristo condenó el pecado en su carne, y lo condenó así en toda carne. Jones vio en la palabra semejanza mucho más que un parecido superficial, que camuflaría en realidad la idea de diferencia:
La fe de Roma en cuanto a la naturaleza humana de Cristo y de María, y a la nuestra, surge de esa noción de la mente natural, de que Dios es demasiado puro y santo como para morar con nosotros y en nosotros, en nuestra naturaleza humana pecaminosa; pecaminosos como somos, estamos demasiado alejados de él en su pureza y santidad como para que él venga a nosotros tal como somos.
La fe verdadera -la fe de Jesús- consiste en que, alejados como estamos de Dios en nuestra pecaminosidad, en nuestra naturaleza humana en la que él tomó, vino a nosotros allí donde estamos; que, infinitamente puro y santo como es él, y pecaminosos, degradados y perdidos como estamos, Él en Cristo, por el Espíritu Santo, quiso voluntariamente morar con nosotros y en nosotros, para salvarnos, purificarnos y hacernos santos.
La fe de Roma es que debemos necesariamente ser puros y santos a fin de que Dios pueda morar con nosotros.
La fe de Jesús es que Dios debe necesariamente morar con nosotros, a fin de que podamos ser puros y santos" (Id., p. 39).
"Solamente en ese sujetarse a sí mismo a las leyes de la herencia podía enfrentar al pecado en una medida plena y verídica de lo que el pecado es en realidad.Ahora sigue el poderoso llamado evangélico en el que E. White basó su declaración de que "ese es el mensaje que Dios ha encomendado que se de al mundo":
... En toda persona existe, en muchas maneras diferentes, la disposición a pecar, heredada de generaciones pasadas, no culminada todavía en el acto de pecar, pero siempre dispuesta, cuando la ocasión lo permite, a consumarse en la comisión real de pecados...
Esa disposición hereditaria al pecado debe ser afrontada y subyugada... esa tendencia hereditaria que hay en nosotros hacia el pecado...
Nuestra disposición fue puesta sobre él, cuando él fue hecho carne...
Así, él se enfrentó al pecado en la carne que tomó, y triunfó sobre él, como está escrito: ‘Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado EN LA CARNE’ [Rom. 8:3]" (Id., p. 40 y 41).
"Para guardarnos de pecar, su justicia nos es impartida en nuestra carne, lo mismo que nuestra carne, con su disposición al pecado, le fue impartida a él" (Id., p. 42).
Así, tanto por herencia como por imputación, fue cargado con ‘el pecado del mundo’. Y lastrado de ese modo, con esa inmensa desventaja, pasó triunfalmente por el terreno en el que, sin ninguna sombra de lastre o desventaja, falló la primera pareja...
Y condenando el pecado en la carne, aboliendo la enemistad en su carne, él libra del poder de la ley de la herencia; y puede así, en toda justicia, impartir su divina naturaleza y poder para elevar por encima de esa ley, y mantener elevada por sobre ella a toda alma que lo recibe" (Id., p. 43).
"Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, Cristo tomando nuestra naturaleza como nuestra en su pecaminosidad y degeneración, y Dios morando constantemente con él y en él en esa naturaleza, en eso Dios demostró por siempre a todos que no hay alma en este mundo tan cargada de pecados o tan perdida, que Dios no se complazca en morar con y en él para salvarle de todo ello, y para conducirle en el camino de la justicia de Dios.Está bien claro que ese mensaje está basado enteramente en las Escrituras. Las mismas palabras de Jesús en los evangelios de Juan y Mateo, nos descubren la naturaleza de su propia lucha interna contra la tentación (Juan 5:30; 6:38 y Mat. 26:39). Tomó sobre sí una voluntad que tenía constantemente que ser negada a fin de seguir la voluntad de su Padre; y la intensidad de la lucha fue tal en Getsemaní, que sudó gotas de sangre. Pablo añade que se negó a sí mismo (Rom. 15:3).
Así, ciertamente su nombre es Emmanuel, que significa ‘Dios con nosotros’" (Id., p. 44).
Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos... Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo... Porque ciertamente no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham tomó. Por lo cual, debía ser en todo semejante a los hermanos... Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados (Heb. 2:11-18).Algunos han buscado un significado esotérico en una carta publicada de E. White, que supuestamente contradice el abundante énfasis del conjunto de sus dilatados escritos sobre el mensaje de la justicia de Cristo en semejanza de carne de pecado. Se trata de una advertencia dirigida a un oscuro evangelista de Nueva Zelanda a que fuera "extremadamente cauteloso" en cuanto a su forma de enseñar "la naturaleza humana de Cristo", en los siguientes términos:
Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro (Heb. 4:15 y 16).
"No lo presente ante la gente como un hombre con propensiones al pecado... En ningún momento hubo en él propensión alguna al mal...Importantes factores guían nuestra comprensión de ese Testimonio:
Evite toda cuestión que se relacione con la humanidad de Cristo que pueda ser mal interpretada. La verdad y la suposición tienen no pocas similitudes. Al tratar de la humanidad de Cristo debe ser sumamente cuidadoso en cada afirmación, para que sus palabras no sean interpretadas haciéndoles decir más de lo que dicen, y así pierda u oscurezca la clara percepción de la humanidad de Cristo combinada con su divinidad...
Nunca deje, en forma alguna, la más leve impresión en las mentes humanas de que una mancha de corrupción o una inclinación a ella descansó sobre Cristo, o que en alguna manera se rindió a la corrupción...
En ninguna ocasión hubo una respuesta a las muchas tentaciones de Satanás. Cristo no pisó ni una vez el terreno de Satanás, para darle ventaja alguna. Satanás no halló en él nada que lo animara a avanzar" (Carta 8, 1895; Comentario Bíblico Adventista, vol. V, p. 1102 y 1103). [Nota: Traducción corregida. La carta fue dirigida al pastor Baker (y esposa), motivo por el cual se ha empleado la forma singular "usted", en lugar de la plural que usa la traducción castellana del Comentario Bíblico].
"Se predicó a Cristo en todo sermón, y a medida que las grandes y misteriosas verdades en relación con su presencia y obra en los corazones humanos se iban haciendo diáfanas... una luz convincente y gloriosa... trajo convicción a muchos corazones. Las personas dijeron con solemnidad ‘Esta noche hemos oído la verdad’.Jones y Waggoner no presentaron nunca ante la gente a Cristo como un hombre con propensiones al pecado. El diccionario de inglés de Oxford explica la etimología de "propensión" a partir de la voz latina propendere: "pender o inclinarse hacia adelante o hacia abajo". Nuestra palabra "péndulo" se origina de la misma raíz. El término propensión implica una "respuesta a la gravedad". Connota definidamente acción, más bien que resistencia. Significa una participación real en el pecado. E. White utilizó esa palabra en un ejercicio de exquisita corrección lingüística.
Por la tarde, el profesor Prescott nos dio una lección valiosa, preciosa como el oro... Se separó la verdad del error, y por el Espíritu divino se la hizo brillar cual joya reluciente...
El Señor está trabajando por medio de sus siervos, quienes proclaman la verdad, y ha dado al hermano Prescott un mensaje especial para el pueblo. Labios humanos pronuncian la verdad en demostración del Espíritu y poder de Dios" (Review and Herald, 7 de enero de 1896).
"En Jesucristo encontramos a aquel cuya santidad es fuego consumidor para con el pecado... la pureza consumidora de esa santidad eliminará todo vestigio de pecado y pecaminosidad en todo aquel que encuentre a Dios en Jesucristo.Es evidente para toda mente libre de prejuicios, que lo que Jones estaba haciendo era sencillamente afirmar que Cristo "ni siquiera por un momento" cedió o consintió en la participación en el pecado. Empleó la palabra "mente" en la más noble connotación paulina, esto es, la de un propósito o elección.
Así, en su verdadera santidad, Cristo pudo venir, y vino a los hombres pecadores, en carne pecaminosa, allí donde están los hombres pecadores...
Algunos han encontrado en los Testimonios -y está al alcance de todo quien la busque- la declaración de que Cristo no poseía "pasiones semejantes" a las que nosotros tenemos. La declaración está ahí, todos lo pueden constatar (Testimonies for the Church, vol. II, p. 509). No habrá problema para nadie, de principio a fin, con la condición de ajustarse con rigor a lo allí expresado, sin pretender ir más allá, ni proyectar significados ajenos" (General Conference Bulletin, 1895, p. 312).
"Volviendo al asunto de que Cristo no tuviese ‘pasiones semejantes’ a las nuestras, vemos que a todo lo largo de las Escrituras él es como nosotros, y con nosotros según la carne... Fue hecho en semejanza de carne de pecado. Pero no vayamos demasiado lejos: fue hecho en semejanza de carne de pecado, no en semejanza de mente de pecado. No forcemos hasta ahí su mente. Su carne fue nuestra carne, pero la mente era ‘la mente... que tuvo Cristo Jesús’... (Fil. 2:5 KJV) Si él hubiese tomado nuestra mente, ¿cómo podría entonces habernos exhortado a tener la mente de Cristo’? ¡Ya la habríamos tenido anteriormente!" (Id., p. 327).
"En el Colegio hubo reuniones que fueron de un intenso interés [si la justificación por la fe no resulta interesante, ¡algo falla!]... la vida cristiana, que les había parecido antes poco atractiva y llena de inconsistencias, aparecía ahora en su verdadera luz, en marcada simetría y belleza. Aquel que les había parecido anteriormente como una raíz muerta extraída de un secadal, sin forma ni encanto, se hizo el ‘señalado entre diez mil’, y ‘todo él deseable’" (Review and Herald, 12 de febrero de 1889).Concluyendo su presentación de la justicia de Cristo "en semejanza de carne de pecado", Waggoner dirige este poderoso llamamiento al corazón:
"Pero alguien dirá: ‘no veo en ello nada reconfortante para mí. Ciertamente dispongo de un ejemplo, pero no soy capaz de seguirlo, ya que carezco del poder que Cristo tenía. Él continuó siendo Dios mientras estuvo en la tierra; yo no soy más que un hombre’. Sí, pero puedes tener el mismo poder que él tenía, si así lo deseas. Él ‘llevó nuestras enfermedades’, sin embargo, ‘no pecó’...¡Ciertamente, también hoy debiéramos sentir la "necesidad de presentar a Cristo como al Salvador que no está alejado, sino cercano, a la mano"!
Por lo tanto, cobren ánimo las almas débiles, cansadas, oprimidas por el pecado. Que se lleguen ‘confiadamente al trono de la gracia’ [Heb. 4:16] donde pueden tener la seguridad de encontrar gracia para el oportuno socorro en tiempo de necesidad, porque esa necesidad es sentida por nuestro Salvador, precisamente en el tiempo oportuno. Él se puede ‘compadecer de nuestras flaquezas’ (Heb. 4:15)" (Christ and His Righteousness, p. 29).