El poder desbordante de las buenas nuevas
Si el mensaje fue "el comienzo" del fuerte clamor y "aguaceros celestiales de lluvia tardía", la lógica nos obliga a reconocer que debió consistir en una revelación más clara de la verdad, de la que hubiese comprendido cualquier generación previa del pueblo de Dios, desde que la lluvia temprana fuera derramada en Pentecostés. Eso nos deja sin aliento. Analicemos los hechos."En la Palabra de Dios hay grandes verdades que han permanecido sin ser vistas ni oídas desde el día de Pentecostés, que deben brillar en su pureza primitiva. El Espíritu Santo revelará a aquellos que aman verdaderamente a Dios, verdades que se han eclipsado de la mente, y revelará también verdades que son enteramente nuevas" (Fundamentals of Christian Education, p. 473).¿Cómo podría ser la justificación por la fe de 1888 una mera re-enfatización de los conceptos del siglo XVI, por importantes que fueran para su generación las doctrinas de los Reformadores? E. White dijo que el mensaje de la justicia por la fe -de 1888- era "el mensaje del tercer ángel en verdad" (Review and Herald, 1 de abril de 1890). Si no era más que lo enseñado por Lutero, entonces el apóstata L.R. Conradi habría tenido razón al afirmar que Lutero enseñó en sus días el mensaje del tercer ángel, y por lo tanto, no hay razón para la existencia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Conradi, The Founders of the Seventh Day Adventist Denomination, p. 60-62).
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones... Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios... Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu" (Testimonios para los Ministros, p. 91 y 92).Esas palabras carecerían de sentido si los mensajeros no hubieran avanzado en la luz, mediante su maravilloso descubrimiento de que la justificación por la fe es más que una declaración de absolución por los "pecados pasados" (la comprensión común evangélica, y también adventista). El corazón que estaba en rebeldía contra Dios, resulta reconciliado, convirtiendo así al creyente en obediente a todos sus mandamientos. Esa refrescante faceta de la verdad es la que alegró tan grandemente el corazón de E. White. Los que en nuestros días se oponen al mensaje de Jones y Waggoner, se esfuerzan por argumentar que no hay nada singular en el mismo. Veamos lo que Waggoner publicó muy poco después de 1888:
"Es evidente la pertinencia de... la declaración [de Pablo] de que ‘los hacedores de la ley serán justificados’ (Rom. 2:13). Justificar significa hacer justo, o mostrar que alguien es justo...A.T. Jones estaba en completo acuerdo:
Los actos realizados por una persona pecadora carecen de valor a efectos de hacerlo justo; más bien al contrario, teniendo su origen en un corazón impío, son actos impíos, añadiéndose así a la cuenta de su impiedad. Solamente el mal puede brotar de un corazón malvado, y la multiplicación de males no puede dar por resultado ni un solo acto bueno; por lo tanto de nada vale a una persona impía el pensar en hacerse justa por sus propios esfuerzos. Debe ser hecho justo antes de poder obrar el bien de él requerido, y que él desea hacer...
El apóstol Pablo, habiendo demostrado que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23), de manera que por las obras de la ley ninguna carne será justificada ante él (Gál. 2:16), declara que somos ‘justificados [hechos justos] gratuitamente por su gracia...’ (Rom. 3:24)...
Es cierto que Dios de ninguna manera tendrá por inocente al culpable; no podría hacerlo y seguir siendo un Dios justo. Pero hace algo muchísimo mejor: quita la culpa, de tal suerte que quien había sido culpable no precisa ya ser absuelto: es justificado y considerado como si nunca hubiese pecado...
El serle quitadas las vestiduras viles [en Zac. 3:1-5] significa hacer pasar la iniquidad de la persona. Y vemos así que cuando Cristo nos cubre con el manto de su propia justicia, no provee un capote para el pecado, sino que quita el pecado. Y eso muestra que el perdón del pecado es más que una simple formalidad, más que simplemente entrar en los registros de los libros del cielo a efectos de cancelar el pecado... Realmente lo limpia de culpa; y si es libre de culpa está justificado, hecho justo, ciertamente ha experimentado un cambio radical... y así el perdón pleno y gratuito de los pecados contiene en sí mismo ese maravilloso y milagroso cambio conocido como el nuevo nacimiento... es tener un corazón nuevo, limpio...
Una vez más, ¿qué es lo que trae la justificación o perdón de los pecados? Es la fe... Ese mismo ejercicio de la fe hace de la persona un hijo de Dios" (Christ and His Righteousness, p. 48-63. Corchetes figuran en el original).
"Justificación por la fe es justicia por la fe, ya que justificación es el ser declarado justo... justificación por la fe, por tanto, es justificación que viene por la palabra divina... La palabra de Dios lleva en sí misma su cumplimiento... La palabra de Dios pronunciada por Jesucristo, es poderosa para llamar a la existencia aquello que no existía antes de ser emitida...Se impone inmediatamente la siguiente reflexión: ¿Estaban en lo cierto los mensajeros de 1888 al afirmar repetida y enfáticamente que la justificación por la fe "hace justo"? ¿O constituye quizá un resurgir del viejo concepto católico romano de una justificación por la fe que es en realidad una justificación por las obras disfrazada? Algunos sostienen que es imposible que el creyente se vuelva o sea hecho justo; según ellos, simplemente se le declara justo -cuando de hecho no lo es-. La enseñanza de que la justificación por la fe significa ser hecho justo por la fe, se ha pretendido identificar como la insignia del catolicismo romano.
En la vida del hombre no hay justicia... Pero Dios ha establecido a Cristo para declarar justicia a y sobre el hombre. Cristo ha ‘pronunciado la palabra solamente’, y en la vacía oscuridad de la vida del hombre aparece la justicia para todo aquel que la reciba... La palabra de Dios recibida por la fe... produce justicia en el hombre y en la vida de quien jamás la tuvo anteriormente: precisamente como en la creación del Génesis...
‘Justificados [hechos justos] pues por la fe [confiando y dependiendo solamente de la palabra de Dios], tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1)" (Review and Herald, 17 de enero de 1899. Corchetes figuran en el original).
"El hombre no debe simplemente convertirse en justo por la fe -dependiendo de la palabra de Dios- sino que debe ser justo, debe vivir por la fe. Es precisamente en esa misma forma como vive el hombre justo y es así precisamente como se convierte en justo" (Id., 7 de marzo de 1899).
"Ahí está la palabra de Dios, la palabra de justicia, la palabra de vida, para ti ahora, ‘hoy’. ¿Serás hecho justo por ella ahora? ¿Vivirás por ella hoy? Eso es justificación por la fe. Eso es justicia por la fe. Es lo más sencillo del mundo" (Id., 10 de noviembre de 1896).
"Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios... Por eso Dios entregó a sus siervos un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel... Presenta la ley y el evangelio, vinculando ambas cosas en un conjunto perfecto" (Testimonios para los Ministros, p. 91 y 92. Original sin cursivas).El concepto de Jones y Waggoner de la justificación por la fe en tanto que "hacer justo", no era la idea católica de una justicia infusa vertida en el "santo", creando un mérito intrínseco en la persona misma, de manera que los continuos actos de pecado dejarían de ser pecaminosos en virtud del mérito personal del receptor. La noción católica romana (ampliamente sostenida también por otros) es que el pecado deja de ser pecaminoso en el "santo". Una vez que se ha producido la justificación sacramental (o legal), la "concupiscencia" deja ya de ser un mal merecedor del juicio.
"Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados [hechos justos o hacedores de la ley] gratuitamente por su gracia (Rom. 3:23 y 24). Nadie tiene nada en sí mismo a partir de lo cual pueda producirse la justicia. Por lo tanto, la justicia de Dios es puesta literalmente, en y sobre todos los que creen. Son así tanto vestidos con justicia como llenos de ella, de acuerdo con la Escritura. De hecho, vienen a ser ‘la justicia de Dios’ en Cristo. Y ¿cómo se efectúa eso? Dios declara su justicia sobre aquel que cree. Declarar es hablar. Por tanto, Dios habla al pecador... y dice: ‘tú eres justo’. E inmediatamente, ese pecador que cree, deja de ser un pecador, para ser la justicia de Dios. La palabra de Dios que declara justicia, lleva en sí misma la justicia, y tan pronto como el pecador cree y recibe esa palabra en su propio corazón por la fe, en ese momento tiene la justicia de Dios en su corazón; y puesto que del corazón mana la vida, sucede que en él se inicia una nueva vida, y esa vida lo es de obediencia a los mandamientos de Dios…Quizá podamos empezar a comprender la razón del entusiasmo que el mensaje causó en E. White. Ésta reconoció que allí radicaba el "cómo" de lo expuesto en Apocalipsis 14, que describe al pueblo de Dios de los últimos días así: "los que guardan los mandamientos de Dios". Cuando hablaba de la justicia de Cristo imputada por la fe, se refería precisamente a lo anterior. (1) Se guardaba específicamente de enseñar una mera transacción registral ficticia. Por el contrario, hablaba de algo real, una "fe que obra por el amor". Cuando E. White escribió el manuscrito titulado "Peligro de nociones falsas sobre la justificación por la fe", no fue para refutar el mensaje de Jones y Waggoner. Ella sustentaba ese mensaje. Lo que refutó fue los conceptos ficticios y legalistas sobre la justificación, en oposición al mensaje:
El Señor nunca se equivoca en sus cuentas. Cuando la fe de Abraham le fue contada por justicia, lo fue porque era realmente justicia. ¿Cómo? Abraham, al construir en Dios, construyó en justicia perdurable... Se hizo uno con el Señor, y así la justicia del Señor vino a ser la suya propia" (Waggoner. The Gospel in Creation, 1894, p. 26-28 y 35. Corchetes figuran en el original).
"La justificación tiene que ver con la ley. El término significa ‘hacer justo’. Leemos en Romanos 2:13 que: ‘no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores serán justificados’. El hombre justo, por lo tanto, es el que cumple la ley. Ser justo significa ser recto. Por lo tanto, ya que el hombre justo es el hacedor de la ley, se deduce que justificar a un hombre -esto es, hacerlo justo- es hacerlo un cumplidor de la ley.
Ser justificado por la fe es, pues, sencillamente ser hacedor de la ley por la fe...
Dios justifica al impío (Rom. 4:5) ¿Es esto justo? Ciertamente lo es. No significa que pretenda ignorar las faltas del hombre, de manera que sea contado como justo aun siendo en realidad impío, sino que significa que El Señor convierte a ese hombre en un cumplidor de la ley. En el mismo momento en que Dios declara justo a un hombre impío, este viene a ser un hacedor de la ley. Ciertamente es una obra justa y buena, tanto como misericordiosa...
Salta pues a la vista que no cabe un estado más elevado que el de la justificación. La justificación obra todo cuanto Dios puede hacer por el hombre, a excepción de hacerlo inmortal –que ocurre en la resurrección-... Deben ejercerse continuamente fe y sumisión a Dios, a fin de retener la justicia, a fin de continuar siendo un hacedor de la ley [ver I MS, 429].
Eso le permite a uno ver claramente la fuerza de esas palabras: ‘¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley’ (Rom. 3:31). Esto es, en lugar de quebrantar la ley y dejarla sin efecto en nuestras vidas, la establecemos en nuestro corazón por la fe. Esto es así porque la fe trae a Cristo al corazón, y la ley de Dios está en el corazón de Cristo. Y así, ‘como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos’ (Rom. 5:19). Este Uno que obedece es el Señor Jesucristo, y su obediencia es efectiva en el corazón de todo aquel que cree. Y como es solamente por su obediencia como los hombres son hechos guardadores de la ley, a él sea la gloria por los siglos de los siglos" (Waggoner, Signs of the Times, 1 de mayo de 1893).
"Se me ha presentado una vez tras otra el peligro de albergar, como pueblo, ideas falsas sobre la justificación por la fe. Durante años se me ha mostrado que Satanás trabajaría de una forma especial para confundir la mente en este punto... El punto sobre el que mi mente ha sido urgida durante años es la justicia imputada de Cristo... He hecho de ella el tema de casi todo discurso y charla pronunciados.Tenemos aquí una exposición en completa armonía con los mensajeros de 1888. E. White reconoció la nueva luz enviada por el Señor con el fin de preparar un pueblo para la venida de Cristo. En el mismo manuscrito expuso claramente cómo el concepto popular de la justificación por la fe, propio de las iglesias guardadoras del domingo, traiciona le plenitud de la verdad:
Examinando mis escritos de hace 15 y 20 años constato que presentan el asunto en esa misma luz... principios vivientes de piedad práctica...
[Los pastores] deben mantener ese asunto -la sencillez de la verdadera piedad- claramente ante la gente en todo discurso... Los hombres están habituados a glorificar y exaltar a los hombres. Me hace estremecer el ver y oír hablar de eso, ya que se me ha revelado que en no pocos casos la vida familiar y la obra interna de los corazones de esos mismos hombres estaba llena de egoísmo. Son corruptos, contaminados, viles; y nada que se relacione con sus actos puede ser aprobado por Dios, pues todo cuanto hacen es una abominación a su vista. No puede haber verdadera conversión sin abandono del pecado, y no se discierne el grave carácter del pecado...
Hay peligro en ver la justificación por la fe como poniendo mérito en la fe... ¿Qué es fe? (2)... Es un asentimiento a la comprensión de las palabras de Dios que constriñe el corazón en consagración y servicio voluntarios a Dios, quien dio la comprensión, quien tocó el corazón, quien dirigió la mente desde el principio para contemplar a Cristo en la cruz del Calvario...
La ley de la acción humana y divina convierte al receptor en obrero juntamente con Dios. Lleva al hombre hasta donde éste puede, unido con la divinidad, obrar las obras de Dios... El poder divino y el agente humano combinados triunfarán plenamente, ya que la justicia de Cristo lo cumple todo" (Manuscrito 36, 1890).
"Mientras que una clase pervierte la doctrina de la justificación por la fe y es negligente en cumplir las condiciones especificadas en la Palabra de Dios -’si me amáis, guardad mis mandamientos’-, el error no es menos grave por parte de quienes profesan creer y obedecer los mandamientos de Dios, pero que se colocan en oposición a los preciosos rayos de luz -nueva luz para ellos- irradiada desde la cruz del Calvario...¿Es bíblicamente correcta esa noción de la justificación por la fe? Echemos un vistazo a algunos pasajes de la Escritura:
Hombres sin convertir han dirigido sermones desde el púlpito. Sus propios corazones no han experimentado nunca, por medio de una fe viviente, que confía y se aferra, la dulce evidencia del perdón de sus pecados. ¿Cómo pues pueden predicar el amor, la simpatía, el perdón de Dios hacia todos los pecados? ¿Cómo pueden decir: ‘Mirad y vivid’? Mirando a la cruz del Calvario experimentaréis un deseo de llevar la cruz... ¿Puede alguien mirar y contemplar el sacrificio del amado Hijo de Dios sin que su corazón sea quebrantado y subyugado, dispuesto a rendir a Dios corazón y alma?
Que ese punto quede firmemente establecido en toda mente: si aceptamos a Cristo como Redentor, lo debemos aceptar como soberano. No podemos tener la seguridad y perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador hasta que lo reconozcamos como nuestro Rey y seamos obedientes a sus mandamientos... Tenemos entonces el sello de autenticidad de nuestra fe, ya que es una fe que obra. Que obra por el amor" (Id.) [Nota: A fin de captar el mensaje de 1888, es crucial entender la fe, según la comprendió E. White. En la Review and Herald del 24 de julio de 1888, expresó una maravillosa definición de la fe:
"Puede decir que cree en Jesús cuando tiene apreciación del coste de la salvación. Puede decir que cree cuando siente que Jesús murió por usted en la cruel cruz del Calvario; cuando tiene una fe inteligente, que discierne que su muerte hace posible que usted cese de pecar, y que perfeccione un carácter justo mediante la gracia de Dios, que le es otorgada como la adquisición de la sangre de Cristo"].
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito... Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él... Porque la luz vino al mundo... (Juan 3:16-19).Jones y Waggoner vieron en esos textos muy buenas nuevas:
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres... Aquél era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo (Juan 1:4-9).
Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación (2 Cor. 5:19).
...nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2 Tim. 1:10).
...si uno murió por todos, luego todos son muertos; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí... (2 Cor. 5:14 y 15).
Cristo, cuando aun éramos flacos, a su debido tiempo murió por los impíos... siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros... si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo... si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios a los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo... de la manera que por un delito vino la culpa [el juicio] a todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida (Rom. 5:6-18).
"No hay aquí excepción alguna. Lo mismo que la condenación vino a todos los hombres, así viene a todos la justificación. Cristo gustó la muerte por todo ser humano. Se dio a sí mismo por todos. Más aún, se dio a sí mismo a todo hombre. El don gratuito vino a todos. El hecho de que es un don gratuito demuestra que no hay excepciones. Si hubiese venido solamente sobre quienes estuviesen en posesión de cierta calificación especial, entonces dejaría de ser un don gratuito.Jones coincidía plenamente:
Por lo tanto, es un hecho plenamente establecido en la Biblia, que el don de la justicia y vida en Cristo vino a todo hombre sobre la tierra. No hay la más mínima razón por la que cualquier hombre que jamás haya vivido no pueda ser salvo para vida eterna, excepto porque no la quiera recibir. Muchos pisotean el don ofrecido tan generosamente" (Waggoner, Signs of the Times, 12 de marzo de 1896; Waggoner on Romans, p. 101).
"¿Es tan abarcante la justicia del segundo Adán, como el pecado del primer Adán? Examinemos atentamente el asunto. Todos estábamos incluidos en el primer Adán… sin nuestro consentimiento… Jesucristo, el segundo hombre,… nos afectó "en todo punto"… Por lo tanto, de igual manera en que el primer Adán afecta al hombre, así lo hace el segundo Adán. El primer Adán llevó al hombre bajo la condenación del pecado, hasta la muerte; la justicia del segundo Adán revierte lo anterior, y hace nuevamente vivir a todo hombre… Jesucristo nos ha liberado del pecado y la muerte que vino sobre nosotros desde el primer Adán. Esa libertad es para todo hombre, y todos pueden tenerla mediante la elección" (Jones, General Conference Bulletin, 1895, p. 268 y 269).Se ha conferido vida al ser humano, a todo el que viene a este mundo, crea o no crea en Cristo, sepa o no de él. "Uno murió por todos", y de no haber sucedido así, todos serían muertos. Desde la caída de Adán, ningún hombre ha efectuado una sola inspiración de aire, que no sea en virtud del don del sacrificio de Cristo. Todo hombre debe incluso su existencia física a Cristo, y está infinita y eternamente en deuda con él por absolutamente todo cuanto es y tiene, con la única excepción de su muerte. "La cruz del Calvario está estampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial" (El Deseado de todas las gentes, p. 615).
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado [no dice prestado] a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).Jones y Waggoner comprendieron así esos pasajes:
Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y los profetas: la justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él; porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús; Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Rom. 3:21-26).
Creyó Abraham a Dios, y le fue atribuido a justicia... mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia... Por lo cual también [el creer] le fue atribuido a justicia (Rom. 4:3-5 y 22).
Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Rom. 5:1).
Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?... O ¿quién descenderá al abismo?... Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de la fe, la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia... Luego la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Rom. 10:6-17).
El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo... Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo... los que son de fe, los tales son hijos de Abraham... Antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe... Nosotros por el Espíritu esperamos la esperanza de la justicia por la fe... la fe que obra por la caridad (Gál. 2:16-5:6).
Cuando miro la grandiosa cruz
en la que el Príncipe de gloria murió,
cuento por pérdida mis ganancias,
y me avergüenzo de mi orgullo.
Cuando toda la creación,
sería un tributo demasiado pequeño;
un amor tan excelso, tan divino,
demanda toda mi vida, mi alma, mi todo.
"La fe esencial para la salvación no es una mera fe nominal, sino un principio permanente, que se apropia del poder vital de Cristo. Lleva al alma a sentir hasta tal punto el amor de Cristo que el carácter se refinará, purificará y ennoblecerá. Esa fe en Cristo no es un simple impulso, sino un poder que obra por el amor y purifica el alma" (Review and Herald, 14 de agosto de 1891. Original sin atributo de cursivas).3. El mensaje va mucho más allá de la comprensión habitual adventista según la cual la justificación por la fe consiste en el perdón por los pecados pasados, sin existir cambio alguno en el corazón hasta que comienza a tener lugar la "santificación". El mérito sobre el que descansa la justificación por la fe no está nunca en el creyente, pero se hace evidente en el creyente: el yo es crucificado con Cristo (Gál. 2:20). Es por eso que la justificación por la fe depende de la justificación efectuada en favor de todos los hombres, en la cruz. La genuina santificación consiste en la siempre creciente experiencia de progresión en la justificación por la fe.
Pero en esa fe, como en un grano de mostaza, radica "la sustancia de las cosas que se esperan".
Dios se deleita en mirarla. Dice: "es suficiente", y la cuenta como justicia.
Puesto que yo, extraviado y perdido,
Hallé perdón por su nombre y por su palabra;
En otra cosa jamás me gloríe
Sino en la cruz de Cristo mi Señor
"La justicia imputada de Cristo significa santidad, rectitud, pureza. Si no nos fuese imputada la justicia de Cristo, no podríamos experimentar arrepentimiento aceptable. La justicia morando en nosotros por la fe consiste en amor, tolerancia, mansedumbre y todas las virtudes cristianas. Aquí, la justicia de Cristo es asida y viene a ser una parte de nuestro ser. Todos cuantos posean esa justicia obrarán la justicia de Dios... El manto de la justicia de Cristo no cubre jamás los pecados acariciados. Nadie podrá entrar en las cenas de boda del Cordero sin llevar puestas las vestiduras de boda, que es la justicia de Cristo" (Carta 1e, 14 de enero de 1890).Su repetida frase relativa a Cristo como nuestro "sustituto y garantía" no implica la postura popular llamada "de la Reforma", limitada a una sustitución legal o judicial:
"No debemos colocar la obediencia de Cristo en sí misma como algo para lo cual estuviera particularmente adaptado, por su peculiar naturaleza divina, ya que se tuvo ante Dios como el representante del hombre y fue tentado como el sustituto y garantía del hombre" (Manuscrito 1, 1892).Esa nueva motivación está infinitamente alejada de la herejía del "perfeccionismo". Comentando el mensaje de 1888, E. White dijo que la justicia imputada es nuestro "título al cielo", mientras que la impartida es nuestra "idoneidad para el cielo" (Review and Herald, 4 de junio de 1895. También, Mensajes para los jóvenes, p. 32. Esa terminología fue previamente empleada por John Wesley, Works, Sermon 127, 1790, "On the Wedding Garment" [Ataviados para las bodas]). El gran reloj de Dios marcó solemnemente la hora que nunca antes sonara en los días de los reformadores del siglo XVI. La hora era avanzada, y había llegado el tiempo de que una Voz se dispusiese a proclamar: "Consumado es".
Mas lejos esté de mi el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo (Gál. 6:14).
Hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con altivez de palabra, o de sabiduría, a anunciaros el testimonio de Cristo. Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado (1 Cor. 2:1 y 2).