Plantear la pregunta improcedente en el momento inoportuno, da por resultado la confusión. Allá donde se mencione la vida sin pecado, aparece siempre alguien dispuesto a hacer la pregunta cargada de intención: "¿Vives tú sin pecado? ¿eres tú perfecto? ¿me puedes mostrar a alguien (exceptuando a Cristo) que haya sido perfecto?" Más de una vez, la sonrisa adorna el silencio tenso que suele acompañar a esas preguntas burlonas.
Pero eso no incumbe al tema de este capítulo. Incluso para un niño es evidente que jamás un verdadero cristiano se sentirá o declarará perfecto. No fue el orgulloso fariseo quien fue justificado, sino el publicano contrito (evidentemente por la fe, ya que de otra forma no es posible). Y éste último oraba: "Dios, sé propicio a mí, pecador" (Luc. 18:13). Hasta que Cristo glorifique a sus santos en la segunda venida, sabrán que "en [ellos], es a saber, en [su] carne, no mora el bien" (Rom. 7:18). Ningún verdadero cristiano pretenderá más de lo que expresó Pablo: "No que ya haya alcanzado ni que ya sea perfecto... Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado" (Fil. 3:12 y 13).
"Nunca podemos con seguridad poner la confianza en el yo, ni tampoco, estando, como nos hallamos, fuera del cielo, hemos de sentir que nos encontramos seguros contra la tentación... Nuestra única seguridad está en desconfiar constantemente de nosotros mismos y confiar en Cristo" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 119-120).Debemos comenzar por hacer la pregunta adecuada en el momento correcto. Y el tiempo correcto es este tiempo de purificación del santuario celestial, mientras nuestro gran Sumo Sacerdote está completando su obra de expiación final. Cristo está por cumplir una obra única en la historia humana, desde que ésta comenzó. Si bien ningún hijo de Dios pretenderá haber vencido todo pecado, y si bien es igualmente cierto que no podemos juzgar de ninguna persona del pasado (exceptuando a Cristo) ni del presente, en el sentido de que haya o no vencido como Él venció, eso no significa que el ministerio de Cristo en el lugar santísimo vaya a fracasar en obtener dichos resultados. Por mucho que hayamos dejado de vencer en el pasado o el presente, el que nosotros digamos que es imposible vencer el pecado por la fe en el Redentor, es de hecho justificar y fomentar el pecado, y colocarse en el bando del gran enemigo.
"No sólo al comienzo de la vida cristiana ha de hacerse esta renuncia al yo [orgullo y suficiencia propia]. Se la debe renovar a cada paso que se dé hacia el cielo...
Mientras más nos acerquemos a Jesús, y más claramente apreciemos la pureza de su carácter, más claramente discerniremos la excesiva pecaminosidad del pecado, y menos nos sentiremos inclinados a ensalzarnos a nosotros mismos" (Id., p. 124).
"Hay esfuerzo ferviente desde la cruz hasta la corona. Hay lucha contra el pecado interior. También contienda contra el error del exterior" (Review and Herald, 29 de noviembre de 1887).
"En el primer versículo del tercer capítulo de Hebreos, encontramos una exhortación que abarca sumariamente toda demanda hecha al cristiano. Es la siguiente: ‘Por lo tanto hermanos, vosotros que pertenecéis al pueblo de Dios, que habéis sido llamados por Dios a ser suyos, considerad atentamente a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote gracias al cual profesamos nuestra fe’[Heb. 3:1, versión D.H.H.]. Hacer eso como lo impone la Biblia, considerar a Cristo de forma continua e inteligente, tal como él es, transformará a uno en un perfecto cristiano, ya que ‘contemplando... somos transformados’ (2 Cor. 3:18)".Edificados sólidamente sobre el concepto de Lutero de la justificación por la fe, Jones y Waggoner establecieron tres elementos esenciales del singular mensaje de los tres ángeles. Este es el sentido en el que el mensaje de 1888 va más allá de lo que los reformadores del siglo XVI fueron capaces de ir en su día:
"En su venida [de Cristo] en la carne, habiendo sido hecho en todo como nosotros, y siendo tentado en todo como lo somos nosotros, se identificó con toda alma humana allí donde ésta está. Y desde la posición en la que está cada alma humana, consagró para ella un camino nuevo y vivo que atraviesa todas las vicisitudes y experiencias de una vida entera, incluyendo la muerte y la tumba, hasta el santo de los santos, a la derecha de Dios por la eternidad...Se suscita la cuestión inmediatamente: ¿es lo anterior la herejía del perfeccionismo? Jones aclara que no lo es:
Y él consagró este "camino" para nosotros. Habiéndose hecho uno con nosotros, hizo ese camino el nuestro; nos pertenece. Ha otorgado a toda alma el divino derecho a transitar por ese camino consagrado. Y habiéndolo hecho él mismo en la carne -en nuestra carne-, lo hizo posible. De hecho, nos ha dado la seguridad de que toda alma humana puede caminar en ese camino, con todo cuanto significa ese camino, y por medio de él, entrar libre y plenamente hasta el santo de los santos...
Ha establecido y consagrado un camino por el cual, en él, todo creyente puede, en este mundo y por toda la vida, vivir una vida santa, inocente, limpia, apartada de los pecadores, y como consecuencia, ser hecho con él más sublime que los cielos [Heb. 7:26]" (p. 61 y 62).
"La meta cristiana es la perfección, la perfección de carácter. Perfección lograda en carne humana en este mundo. Cristo la obtuvo en carne humana en este mundo, estableciendo y consagrando así un camino por el cual, en él, todo creyente pueda obtenerla. Él, habiéndola obtenido, ha venido a ser nuestro gran Sumo Sacerdote. Por su ministerio sacerdotal en el verdadero santuario nos capacita para obtenerla" (Id.).Hay que distinguir claramente entre la "perfección de carácter... lograda en carne humana" y el perfeccionismo fanático que pretende la perfección de la carne humana. El perfeccionismo es una herejía que se caracteriza por una o más de las falsas ideas que siguen:
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones. Este mensaje tenía que presentar en forma más destacada ante el mundo al sublime Salvador, el sacrificio por los pecados del mundo entero. Presentaba la justificación por la fe en el Garante; invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios... Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu" (Testimonios para los Ministros, p. 91 y 92. Original sin atributo de cursivas).Frecuentemente E. White declaró que la causa real del rechazo del mensaje fue un amor secreto al pecado. Waggoner nos dijo que estaba en deuda con Lutero y Wesley por su compresión. Y Wesley enseñó claramente la posibilidad de vida sin pecado, en carne mortal. La terrible oposición de la que fue objeto en su día era una representación de la que deberían afrontar Jones y Waggoner. Wesley dijo del conflicto en su día:
"Ninguna otra expresión en las Santas Escrituras ha resultado ser tan ofensiva esa. El término perfecto es lo que muchos no pueden soportar. Su simple pronunciación es una abominación para ellos, y quienquiera que predique la perfección en el sentido de que es posible lograrla en esta vida, incurre en grave riesgo de ser tenido por peor que un pagano o publicano ante ellos" (Works of Wesley, Vol. VI, p. 1).Probablemente Wesley no llegó en su día a captar hasta la última perspectiva del problema. Pero quienes vivan en los últimos días, sabrán lo que significa el dragón "airado contra la mujer; y... [haciendo] guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo". Lo que pone a Satanás tan furioso es que habrá un pueblo que guardará verdaderamente los mandamientos de Dios.
"‘No’, dice un gran hombre [Zinzerdorf], ‘es el error de los errores: lo aborrezco con toda mi alma. Lo perseguiré por todos los sitios con fuego y espada’. Pero, ¿por qué tanta vehemencia?... ¿Por qué son tan ardientes, casi diré furiosos, los que se oponen (con pocas excepciones) a la salvación del pecado?... En el nombre de Dios, ¿cuál es la razón de ese apego al pecado? ¿Qué ha hecho de bueno por vosotros? ¿Qué de bueno puede hacer por vosotros, en este mundo o en el por venir? ¿Y por qué esa violencia contra los que esperan en la liberación del pecado?" (Id., p. 424).
"Satanás declaró que era imposible para los hijos e hijas de Adán guardar la ley de Dios, acusándolo así de falta de sabiduría y amor. Si no podían guardar la ley, entonces el defecto estaba en el dador de la ley. Los hombres que están bajo el control de Satanás repiten esas acusaciones contra Dios, al aseverar que los hombres no pueden guardar la ley de Dios...La fecha de esta contundente declaración indica que E. White apoyaba con firmeza el mensaje de Jones y Waggoner. Si el mensaje hubiese estado contaminado por el perfeccionismo en la más pequeña medida, ciertamente no lo habría apoyado. Obsérvese que la justicia imputada de Cristo efectúa más que una mera declaración legal: convierte al creyente en obediente.
[Pero] Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, y se sujetó a cumplir toda la ley en beneficio de aquellos a quienes representaba. Si hubiese fracasado en una jota o un tilde, habría sido un transgresor de la ley, y habríamos tenido en él una ofrenda pecaminosa, sin valor. Pero él cumplió cada término de la ley, y condenó el pecado en la carne; sin embargo muchos pastores repiten las falsedades de los escribas, sacerdotes y fariseos, y siguen su ejemplo al apartar de la verdad a la gente.
Dios se manifestó en carne para condenar el pecado en la carne, manifestando obediencia perfecta a toda la ley de Dios. Cristo no pecó, ni fue hallado engaño en su boca. No corrompió la naturaleza humana y, aunque en la carne, no transgredió la ley de Dios en ningún particular. Más que esto, eliminó toda excusa que pudiesen esgrimir los hombres caídos para no guardar la ley de Dios...
Este testimonio en relación con Cristo muestra llanamente que condenó el pecado en la carne. Nadie puede decir que está sujeto sin esperanza a la servidumbre del pecado y de Satanás. Cristo asumió la responsabilidad de la raza humana... Testifica que por su justicia imputada el alma creyente obedecerá los mandamientos de Dios" (Signs of the Times, 16 de julio de 1896).
"[Cristo] hizo una ofrenda tan completa que por su gracia todos pueden alcanzar la norma de la perfección. De todos cuantos reciben su gracia y siguen su ejemplo será escrito en el libro de la vida: ‘Completos en él -sin mancha ni arruga-’.Evidentemente, la perfección de carácter no es simplemente una declaración legal. Es algo que Cristo desea, por lo tanto, no ha sido aún realizado en su pueblo. Hay implicado un factor de tiempo, una condición: "Cuando [nuestra] entrega es total, Cristo puede concluir la obra que comenzó en nuestro beneficio mediante la entrega de sí mismo". Y esa "entrega total" debe preceder a la "restauración completa", que incluye la traslación sin ver la muerte.
Los seguidores de Cristo deben ser puros y verdaderos en palabra y obra. En este mundo -un mundo de iniquidad y corrupción- los cristianos deben revelar los atributos de Cristo. Todo cuanto hagan y digan debe estar libre de egoísmo. Cristo los quiere presentar ante el Padre ‘sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante’, purificados por su gracia, llevando su semejanza.
En su gran amor, Cristo se entregó por nosotros... Debemos entregarnos a él. Cuando esa entrega es total, Cristo puede concluir la obra que comenzó en nuestro beneficio mediante la entrega de sí mismo. Entonces nos puede brindar restauración completa" (Review and Herald, 30 de mayo de 1907).
"Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar de pie en la presencia del Dios santo sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios y sus propios y diligentes esfuerzos deberán ser vencedores en la lucha con el mal. Mientras se prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras que los pecados de los creyentes arrepentidos son quitados del santuario, debe llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra. Esta obra está presentada con mayor claridad en los mensajes del capítulo 14 del Apocalipsis" (El conflicto de los siglos, p. 478).No es necesario temblar por tener que permanecer en pie en la presencia del Dios santo sin mediador. Recuérdese que ese Dios santo es el amoroso Padre celestial, nuestro Salvador. ¡No está por la labor de impedirnos la entrada al cielo, sino por la de llevarnos a él!
"Ahora, mientras que nuestro gran Sumo Sacerdote está haciendo propiciación por nosotros, debemos tratar de llegar a la perfección en Cristo. Nuestro Salvador no pudo ser inducido a ceder a la tentación ni siquiera en pensamiento. Satanás encuentra en los corazones humanos algún asidero en que hacerse firme; es tal vez algún deseo pecaminoso que se acaricia, por medio del cual la tentación se fortalece. Pero Cristo declaró al hablar de sí mismo: ‘Viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí’ (Juan 14:30). Satanás no pudo encontrar nada en el Hijo de Dios que le permitiese ganar la victoria. Cristo guardó los mandamientos de su Padre y no hubo en él ningún pecado de que Satanás pudiese sacar ventaja. Esta es la condición en que deben encontrarse los que han de poder subsistir en el tiempo de angustia" (Id., p. 681).Alguno dirá: "Justo lo que temía... prefiero morir e ir a la tumba, mas bien que pasar por el tiempo de angustia: ¿Y si no doy la talla?" Pero si sentimos eso, realmente estamos siendo egoístas, en un doble sentido: Estamos privando al Señor de la lealtad que él merece recibir de nosotros en esos últimos días, y estamos evadiendo una experiencia y prueba que algún otro tendrá que sufrir en nuestro lugar. Si toda nuestra preocupación se reduce a alcanzar el cielo, ciertamente somos egoístas. Quienes razonan que el camino del cementerio es al fin y al cabo tan eficaz para llegar al cielo como el vivir el tiempo de angustia y la traslación, están pensando exclusivamente en sí mismos. Quizá no se den cuenta, pero en realidad están intentando evitar a Cristo. El párrafo que sigue al citado más arriba, lo ilustra:
"En esta vida es donde debemos separarnos del pecado por la fe en la sangre expiatoria de Cristo. Nuestro amado Salvador nos invita a que nos unamos a él, a que unamos nuestra flaqueza con su fortaleza, nuestra ignorancia con su sabiduría, nuestra indignidad con sus méritos... De nosotros está, pues, que cooperemos con los factores que Dios emplea, en la tarea de conformar nuestros caracteres con el modelo divino" (Id.).No hay, pues, nada que temer, con tal que estemos dispuestos a unirnos a él.
"Muchos aceptan a Jesús como un artículo de fe, pero no tienen fe salvadora en él como su sacrificio y Salvador. No son conscientes de que Cristo murió para salvarlos de la penalidad de la ley que han transgredido... ¿Creéis que Cristo, como sustituto vuestro, paga la deuda de vuestra transgresión? Pero no para que podáis continuar en pecado, sino para que seáis salvos de vuestros pecados...¿Empiezas a vislumbrar el tremendo poder de la fe? No es que la fe en sí misma haga nada: es Jesús quién lo hace. Pero la justicia es por la fe, y a lo que lleva es a que "ceséis de pecar, y que perfeccionéis un carácter recto". No es extraño que Waggoner exclamara en 1889:
Podéis decir que creéis en Jesús cuando apreciáis el costo de la salvación. Podéis decirlo cuando sentís que Jesús murió por vosotros en la cruel cruz del Calvario; cuando tenéis una fe inteligente, razonable, de que su muerte hace posible que ceséis de pecar y que perfeccionéis un carácter recto por la gracia de Dios, que se os otorga como compra de su sangre" (Review and Herald, 24 de julio de 1888).
"¡Qué maravillosas oportunidades se ofrecen al cristiano! ¡A qué alturas de santidad puede llegar! No importa la mucha guerra que Satanás pueda hacer contra él, que lo asalte allí donde la carne es más débil; puede morar bajo la sombra del Omnipotente y ser colmado con la plenitud de la fuerza de Dios. El Ser que es más poderoso que Satanás puede morar en su corazón continuamente" (Signs of the Times, 21 de enero de 1889).¿Qué significa cesar de pecar? La respuesta es clara: No significa dejar de tener una naturaleza pecaminosa o dejar de ser tentado. No significa dejar de experimentar las consecuencias de una herencia pecaminosa o dejar de sentir el llamado de las seducciones desde adentro y desde afuera, que son consecuencia de haber pecado. Significa, en cambio, que por la gracia de Cristo, ¡podemos cesar de ceder a esas presiones! Significa que podemos decir "¡No!" a toda tentación interior o exterior, y "¡Sí!" al Espíritu Santo. Significa que podemos ser hechos verdaderamente obedientes a la ley de Dios, de manera que podemos decir con Cristo: "el hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado, y tu ley está en medio de mis entrañas" (Sal. 40:8).
"El pecado de la maledicencia comienza acariciando los malos pensamientos... Un pensamiento impuro tolerado, un deseo insano acariciado, contamina el alma, compromete su integridad... Si no hemos de cometer pecado, debemos cortarlo desde el mismo principio. Todo deseo y emoción deben mantenerse en sujeción a la razón y la conciencia. Debe desecharse inmediatamente todo pensamiento impío...Lutero dijo sabiamente que no podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero podemos evitar que aniden en ella. El Señor no nos pide que hagamos más de lo que hizo nuestro Salvador. Él también fue "tentado en todo como nosotros", pero eligió decir "¡No!" a la tentación: "no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre" (Juan 5:30). "¡No!" al yo egoísta y a todos sus clamores, por más insistentes que sean. Así podemos elegir nosotros constantemente, por su gracia. Y eso es precisamente a lo que conduce la fe que revela el Nuevo Testamento. "Considerar a Cristo de forma continua e inteligente, tal como él es, transformará a uno en un perfecto cristiano, ya que ‘mirando... somos transformados’" (Waggoner, Christ and His Righteousness, p. 5).
Nadie puede ser forzado a transgredir. Antes debe ser conquistado su consentimiento; el alma debe proponerse el acto pecaminoso antes de que la pasión pueda dominar la razón, o la iniquidad triunfar sobre la conciencia. La tentación, por fuerte que sea, no es nunca una excusa para el pecado" (Testimonies, vol. V, p. 177).
"Bien, ahora avancemos un poco más en el tema. Él [Cristo] se dio a sí mismo por nuestros pecados; pero... él no va a tomar nuestros pecados -aunque los llevó todos ellos- sin nuestro permiso... la elección relativa a si prefiero mis pecados más bien que a Cristo es enteramente mía, ¿no os parece? [Congregación: "Sí"]... Por lo tanto, a partir de ahora ¿habrá alguna vacilación en despedir todo aquello que Dios muestre que es pecado? ¿lo dejaremos ir, cuando nos sea manifestado? Cuando se os señale el pecado, decid: "prefiero a Cristo que al pecado". Y echadlo [Congregación: "Amén"]. Decid al Señor: "Señor, hago la elección ahora mismo, acepto el trato, te elijo a ti. ¡Fuera el pecado! Tengo algo muy superior"... ¿Qué necesidad tenemos de desanimarnos, en relación con nuestros pecados?Pablo se refiere a eso, cuando dice:
Eso mismo es lo que han hecho algunos de los hermanos aquí reunidos. Llegaron siendo libres, pero el Espíritu de Dios hizo manifiesto algo no visto hasta entonces. El Espíritu de Dios fue más profundamente que nunca antes y reveló cosas que antes no conocían; y entonces, en lugar de agradecer al Señor que eso fuese así, desechar todo lo impío, y agradecer al Señor por tener más de él que nunca antes, comenzaron a desanimarse. Dijeron ‘¡Oh!, ¿que haré?, son tan grandes mis pecados...’
¿Qué preferís? ¿ser llenos de toda la plenitud de Jesucristo? ¿o tener menos que eso, quedar con algunos de vuestros pecados encubiertos, sin que nunca sepáis de ellos?...
¿Cómo se nos podría poner el sello de Dios -que es la marca de su carácter perfecto revelado en nosotros- siendo que aún albergamos pecados? Dios no nos puede poner el sello, el distintivo de su perfecto carácter sobre nosotros, hasta que no ver que es así efectivamente. Y de esa forma, Dios ha profundizado hasta los lugares ocultos en los que ni soñábamos anteriormente, porque nosotros no podemos comprender nuestros corazones... Él limpiará el corazón, y expondrá el último vestigio de impiedad. Permitámosle avanzar, hermanos, permitámosle continuar en esa obra de investigación...
Si el Señor quitase nuestros pecados sin nuestro conocimiento, ¿qué bien nos haría eso? Eso sería simplemente convertirnos en autómatas...
Somos instrumentos inteligentes, no... máquinas. Somos seres dotados de inteligencia. Dios nos empleará de acuerdo con nuestra propia elección activa" (Bulletin, p. 404 y 405).
¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo? (Heb. 9:14).E. White apoya consistentemente esa maravillosa idea: "Las circunstancias han servido para poner en su conocimiento nuevos defectos en su carácter; pero nada se ha revelado que no estuviera en usted" (Review and Herald, 6 de agosto de 1889). "Su ojo... escudriña todo rincón de la mente, detectando todo autoengaño oculto" (That I May Know Him, p. 290). "Cada uno posee rasgos de carácter todavía ignorados y que deben ser puestos en evidencia por la prueba" (Joyas de los Testimonios, vol. III, p. 191). "Él les revela en su misericordia sus defectos ocultos... Dios quiere que sus siervos se familiaricen con el mecanismo moral de su propio corazón" (Id., vol. I, p. 457). "...Durante la terminación del gran día de la expiación... La iglesia remanente... Sus miembros serán completamente conscientes del carácter pecaminoso de sus vidas..." (Id., vol. II, p. 175 y 176). Véase también cómo el ministerio del santuario es un tipo de la remoción de los pecados del corazón, pecados de los que anteriormente no se era consciente. (Patriarcas y Profetas, p. 199-202, 371 y 372). La crucifixión de Cristo es el pecado más profundo e inconsciente que puede existir (El Deseado de todas las gentes, p. 40; Review and Herald, 12 de junio de 1900); y el juicio final expondrá a la vista el oculto contenido de lo desconocido en la mente del pecador impenitente (Review and Herald, 10 de noviembre de 1896).
"Cristo estuvo en el lugar de, y tuvo la naturaleza de toda la raza humana. En él confluyeron todas las debilidades del género humano, de manera que todo hombre sobre la tierra que pueda ser tentado, encuentra en Cristo Jesús poder contra esa tentación. En Cristo Jesús hay victoria contra la tentación para toda alma, y liberación del poder de ella. Esa es la verdad" (Jones, General Conference Bulletin, 1895, p. 234).Permitamos que el propio Waggoner aclare que "la victoria sobre toda tentación" de ninguna manera significa "carne santa" o "perfeccionismo":
"Ahora bien, no equivoquéis la idea. No vayáis a concluir que vosotros y yo vamos a ser tan buenos que podamos vivir independientemente del Señor; no vayáis a suponer que este cuerpo se va a convertir. Si llegáis a esa conclusión, estaréis en grave quebranto y caeréis en pecado flagrante. No penséis que podéis hacer incorruptible lo corruptible. Esto corruptible será hecho incorruptible en la venida del Señor, no antes... Cuando el hombre piensa que su carne es impecable, y que todos sus impulsos vienen de Dios, está confundiendo su carne pecaminosa con el Espíritu de Dios. Está sustituyendo a Dios por sí mismo, colocándose en el lugar de éste, lo que constituye la esencia misma del papado" (General Conference Bulletin, 1901, p. 146).Jesús vivió una vida sin pecado en semejanza de carne de pecado. Y el pueblo guardador de sus mandamientos tendrá su fe. Waggoner continúa así:
"Condenó el pecado en la carne, demostrando que puede vivir una vida sin pecado en carne pecaminosa. Su vida perfecta será manifestada en carne mortal, de forma que será visible a todos cuando ocurran las siete últimas plagas...¿Significa eso que el pueblo de Dios que venza como Cristo venció estará compuesto en los últimos días por "pequeños Cristos", asumiendo una posición blasfema? Una deducción tal carece de fundamento. Si bien los mensajeros de 1888 insistieron en que Dios tendrá un pueblo que "copiará el Modelo", en ningún momento insinuaron que lo fuesen a igualar. Cristo como Hijo de Dios infinito y eterno, vivió una vida y murió en un sacrificio irrepetible por la eternidad. Pero siendo cierto que ningún pecador rescatado puede duplicarlo, "...por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida" (Rom. 5:18) ¿Es que nadie va a llegar jamás a apreciarlo?
Si su poder no pudiese ser manifestado antes del fin del tiempo de gracia, no habría testimonio útil ante la gente, no sería para ellos un testimonio. Pero antes de que termine el tiempo de gracia habrá un pueblo tan completo en él, que a pesar de poseer carne pecaminosa, vivirá vidas sin pecado. Vivirá vidas sin pecado en carne mortal, porque quien demostró tener poder sobre toda carne vive en ellos, vive una vida sin pecado en carne pecaminosa y una vida irreprochable en carne mortal, y eso será un testimonio incontrovertible; el mayor que puede darse. Entonces vendrá el fin" (Id., p. 146 y 147).
"Alguien formará parte de ese perfecto reino de Dios. Podemos o no formar parte. La elección es nuestra. Somos libres de escoger en un sentido u otro, pero el evento ocurrirá de todas formas. Habrá un pueblo compuesto por representantes de toda tribu y nación (de raza negra, blanca, amarilla, aceitunada, la mayor parte pobres), algunos ricos, pocos grandes hombres, y muchos pequeños hombres. Gente de todas las disposiciones y nacionalidades, de entre todo el mundo. Todos hablando en unidad, sobre el mismo tema, todos manifestando las características del Señor Jesucristo. Eso está todavía por suceder. Si sabemos y creemos que tiene que ocurrir, entonces es posible que ocurra" (Waggoner, General Conference Bulletin, 1901, p. 149).E. White coincide con esa alentadora idea. Véase la siguiente declaración, hacia el final del libro Palabras de vida del gran Maestro:
"Cuando Dios haya dado al mundo ese testimonio de su poder para salvar hasta lo sumo, de salvar seres pecaminosos y vivir una vida perfecta en carne pecaminosa, entonces quitará las dificultades y nos proporcionará mejores circunstancias en las cuales vivir. Pero esa maravilla debe producirse primeramente en el hombre pecaminoso, no solamente en la persona de Jesucristo, sino en Jesucristo reproducido y multiplicado en sus miles de seguidores. De forma que, no solamente en unos pocos casos esporádicos, sino en todo el cuerpo de la iglesia, la perfecta vida [carácter] de Cristo se manifestará al mundo, y eso será el último y culminante acto que determinará la salvación, o bien la condenación de los hombres" (Id., p. 406).
"La luz de su gloria -su carácter- ha de brillar en sus seguidores... El mundo está envuelto por las tinieblas de la falsa concepción de Dios... En este tiempo, ha de proclamarse un mensaje de Dios, un mensaje que ilumine con su influencia y salve con su poder.. Su carácter ha de ser dado a conocer...El pensamiento del Esposo se teje ampliamente en la escena bíblica del pueblo de Dios anticipando la venida de Cristo. "Las acciones justas de los santos" constituyen el "lino fino" con el que se viste por fin la Esposa del Cordero (Apoc. 19:8 y 7). El pueblo de Dios viene a ser hecho obediente a su santa ley, de forma voluntaria y gozosa. Y hay algo escatológico único en esta victoria, aplicable a la última generación. No es que el Señor haya prohibido a generaciones anteriores que llegasen a "un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo", sino sencillamente que ninguna generación anterior ha alcanzado de hecho la condición que el Apocalipsis postula para la Esposa de Cristo: "su esposa se ha aparejado" (Apoc. 19:7).
Aquellos que esperan la venida del Esposo han de decir al pueblo: "¡He aquí vuestro Dios! Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que ha de darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. Los hijos de Dios han de manifestar su gloria. En su vida y carácter han de revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos.
La luz del Sol de Justicia ha de brillar en buenas obras, en palabras de verdad y hechos de santidad" (p. 341 y 342).
"Hemos visto que el cuerno pequeño -el hombre de pecado, el misterio de iniquidad- ha instaurado su propio... sacerdocio... en el lugar del sacerdocio santo y celestial... En ese servicio y sacerdocio del misterio de iniquidad, el pecador confiesa sus pecados al sacerdote, y sigue pecando. Ciertamente, en ese ministerio y sacerdocio no hay poder para hacer nada que no sea seguir pecando, incluso tras haber confesado los pecados. Pero, aunque sea triste decirlo, los que hacen profesión de no pertenecer al misterio de iniquidad, sino que creen en Jesús y su sacerdocio celestial, ¿acaso confiesan ellos también sus pecados, para seguir pecando?Amor por Cristo, interés por él y por su gloria. ¿Será posible que algún día de nuestra vida lleguemos al punto en el que eso trascienda a nuestra preocupación por el propio yo y nuestra salvación personal? ¿Aprenderemos por fin, en esta carne mortal, a apreciar "el perfecto amor [que] echa fuera el temor"? La profecía responde afirmativamente. Leemos en Zacarías 12:10 que llegará el momento en el que el pueblo de Dios apartará su atención de sus propios problemas y preocupación por su propia seguridad, y se preocupará por Jesús: "Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito". La razón por la que la iglesia remanente es tibia es porque nos mueve la preocupación egocéntrica. Pero existe una motivación superior: "El amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor. 5:14).
¿Hace eso justicia a nuestro gran Sumo Sacerdote, a su sacrificio y a su bendito ministerio?" (Jones, The Consecrated Way, p. 121 y 122).
"¿Es justo que rebajemos así a Cristo, su sacrificio y su ministerio, prácticamente a la altura de la ‘abominación de la desolación’, declarando que en el verdadero ministerio no hay más poder o virtud que en el ‘misterio de iniquidad’? Que Dios libre hoy y por siempre a esta iglesia y pueblo -sin más demora- de este rebajar hasta lo ínfimo a nuestro gran Sumo Sacerdote, su formidable sacrificio y su glorioso ministerio" (Id., p. 122).Cuando aprendamos a estar preocupados por él y por su gloria, veremos una nueva dimensión en el conocido texto: "Temed a Dios, y dadle gloria; porque ha llegado la hora de su juicio" (Apoc. 14:7). Dado que "el mundo está envuelto por las tinieblas de la falsa concepción de Dios", "el último mensaje... es una revelación de su carácter de amor...", en la "vida y carácter" de sus discípulos, quienes dirán al mundo: "¡He aquí vuestro Dios!" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 342). Así, le darán gloria en la hora de su juicio (Apoc. 14:7).
"A menudo tenemos que postrarnos y llorar a los pies de Jesús por causa de nuestras culpas y equivocaciones; pero no debemos desanimarnos. Aun si somos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados por Dios" (El camino a Cristo, p. 64).Hay una declaración que puede ser fácilmente forzada de su contexto para sustentar la acusación satánica de que no nos es posible otra cosa que no sea continuar transgrediendo la ley de Dios:
"Jesús ama a sus hijos, aunque estos yerren... Cuando hacen lo mejor posible, acudiendo a Dios por su ayuda, estad seguros de que el servicio será aceptado, aunque sea imperfecto. Jesús es perfecto. La justicia de Cristo les es imputada, y dirá ‘quitadle esas vestimentas viles... y te he hecho vestir de ropas de gala’. Jesús hace provisión para nuestras deficiencias inevitables" (Carta 17a, 1891).
"Si uno que tiene comunión diaria con Dios se desvía del camino, si por un momento deja de mirar firmemente a Jesús, no es porque peca voluntariamente, ya que cuando ve su error, vuelve nuevamente y fija sus ojos en Jesús, y el hecho de que haya errado no lo hace menos querido al corazón de Dios" (Review and Herald, 12 de mayo de 1896).
"Si cometéis errores y sois atrapados en el pecado, no sintáis que no podéis orar... sino buscad más fervientemente al Señor" (Our High Calling, p. 49).
"Cuando, por la fe en Jesús, el hombre actúa de acuerdo a su mejor capacidad, y procura guardar el camino del Señor mediante la obediencia a los diez mandamientos, se le imputa la perfección de Cristo para cubrir la transgresión del alma arrepentida y obediente" (Fundamentals of Christian Education, p. 135).Pero examinemos el trascendente contexto. Podemos vencer. En la misma página y siguientes, leemos:
"En la cruz del Calvario podemos ver lo que ha costado al Hijo de Dios traer salvación a la raza caída. Así como el sacrificio en favor del hombre fue completo, también la restauración del hombre de la contaminación del pecado debe ser cabal y completa... Se debe batallar contra los pecados opresores, y vencerlos. Los rasgos objetables de carácter, sean estos hereditarios o cultivados, deben ponerse aparte, y comparados con la gran norma de justicia; y en la luz reflejada desde la palabra de Dios se los debe resistir y vencer con firmeza mediante el poder de Cristo" (Id., p. 135 y 136).E. White en absoluto enseña la sutileza antinomianista de que es imposible resistir plenamente la marca de la bestia (Satanás quiere, con toda seguridad, que creamos tal cosa). "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos..." (1 Juan 2:1): ahora tenemos un abogado; siempre tendremos un Salvador, pero la inspiración nos dice que no tendremos abogado o intercesor por siempre (ver El Conflicto de los siglos, p. 478).
"Cuando cesó el ministerio de Jesús en el lugar santo y pasó él al santísimo... envió otro poderoso ángel con un tercer mensaje para el mundo... Tenía por objeto aquel mensaje, poner en guardia a los hijos de Dios, revelándoles la hora de tentación y angustia que los aguardaba... Dijo el ángel: ‘tendrán que combatir [cuerpo a cuerpo] contra la bestia y su imagen’... La atención de cuantos aceptan este mensaje se dirige hacia el lugar santísimo, donde Jesús está de pie delante del arca, realizando su intercesión final por todos aquellos para quienes hay aún misericordia y por los que hayan violado ignorantemente la ley de Dios" (Primeros escritos, p. 254).La justificación por la fe a la luz de la obra final de intercesión de Cristo en el lugar santísimo: esa es la provisión de Dios para preparar a su pueblo para enfrentarse a la prueba de la marca de la bestia. Ese fue el peso del mensaje de 1888, y será el tema del último capítulo de este libro.