¿O bien es cierto lo contrario?
Ninguno de los dichos de Jesús debiera cuestionarse. La fe en él acepta como verdad todo cuanto dijo.Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí,... porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mat. 11:28-30).Evidentemente, la naturaleza humana tiende a pensar que su yugo es difícil. Muchos creen que ser un verdadero cristiano es una empresa cruelmente difícil, ¡una heroicidad que sólo unos pocos pueden soñar con ver realizada! Y una idea tal tiende a frustrar y desanimar a cualquiera que desee sinceramente ser un seguidor de Jesús.
En mitad del día, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones (Hech. 26:13-15).Saulo de Tarso tenía una lucha con su conciencia. El Espíritu Santo llevaba a su alma constantemente la convicción de pecado. Para poder proseguir su maléfica campaña contra Jesús y sus seguidores, había tenido que resistir y neutralizar todas las convicciones y llamados del Espíritu Santo. Eso le resultaba "duro", y pudo haberle conducido a graves trastornos físicos y emocionales. El Señor le amaba tanto que le puso difícil el camino hacia su propia destrucción por la continua impenitencia. Y cuando Saulo vino a convertirse en Pablo, jamás olvidaría la lección. A partir de entonces predicaría ya por siempre que ser salvo es fácil, y perderse, difícil. Había descubierto "buenas nuevas".
Digo pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis la concupiscencia de la carne. Porque la carne codicia [lucha, contiende] contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisiereis (Gál. 5:16, 17).Hay dos formas de entender la declaración: (1) El mal que la carne nos incita a hacer es tan fuerte que ni siquiera el Espíritu Santo es poderoso para socorrernos, resultando sencillamente que "no podemos hacer [el bien] que quisiéramos", o (2) El bien que el Espíritu Santo nos impulsa a hacer se constituye en una motivación tan poderosa que la carne pierde su dominio sobre nosotros, y el creyente en Cristo "no puede hacer [el mal] que [su naturaleza carnal] quisiera" incitarle a hacer.
"Cuando un hombre se convierte, siendo así puesto bajo el poder del Espíritu Santo, no se lo libra de la carne más de lo que se lo separa de ella, con sus tendencias y deseos... No; esa misma carne pecadora, degenerada, está allí... Pero el individuo deja de estar sometido a ella. Es librado de la sumisión a la carne, con sus tendencias y deseos, y se somete ahora al Espíritu. Está bajo el dominio de un poder que conquista, somete, crucifica y mantiene a raya a la carne... La carne misma es puesta en sujeción al poder de Dios, por medio del Espíritu, [de manera que] todas esas cosas impías son cortadas de raíz, evitando así que aparezcan en la vida...¿Cuál es más poderoso, el pecado o la gracia? Pablo dijo: "cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia; para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro" (Rom. 5:20 y 21). No ha sido fácil creerlo. ¡Cuán a menudo hemos pensado que la televisión podía más que la reunión de oración! El mundo se nos presenta frecuentemente tan que tan atractivo, que por comparación, la obra del Espíritu Santo parece muy débil. Si es así, hay algo que no está claro para nosotros. No hemos comprendido el evangelio.
Esa bendita inversión de las cosas tiene lugar en la conversión. Mediante ella, al hombre se le da en posesión el poder de Dios, y bajo el dominio del Espíritu de Dios, es decir, por su poder, reina sobre la carne, con todos sus afectos y concupiscencias; y, mediante el Espíritu, crucifica la carne con los afectos y concupiscencias, en su ‘buena batalla de la fe’...
Jesús vino al mundo, y se colocó a sí mismo EN LA CARNE, precisamente allí donde está el hombre; y se enfrentó a esa carne TAL COMO ES ÉSTA, con todas sus tendencias y deseos; y mediante el poder divino que manifestó por la fe, ‘condenó al pecado en la carne’, trayendo así a todo el género humano la fe divina que procura el poder divino al hombre, para librarlo del poder de la carne y de la ley del pecado, precisamente allí donde éste se encuentra, dándole seguro dominio sobre la carne" (Review and Herald, 18 de septiembre de 1900).
"Cuando reina la gracia, es más fácil hacer el bien que hacer el mal. He aquí la comparación. Nótese: ‘de la manera que el pecado reinó para muerte, así también reina la gracia’. Cuando reinaba el pecado, reinaba en contra de la gracia; anulaba todo el poder de la gracia que Dios dio [daba coces contra los aguijones, en la experiencia de Saulo], pero cuando se rompe el poder del pecado y reina la gracia, ésta reina contra el pecado, y anula todo el poder del pecado. Por consiguiente: que bajo el reino de la gracia sea más fácil hacer el bien que el mal, es tan literalmente cierto como que bajo el reino del pecado es más fácil hacer el mal que el bien" (Jones, Id., 25 de julio de 1899).Como era habitual, Waggoner coincidió plenamente:
"Es imposible insistir demasiado en que es tan fácil hacer el bien bajo el reino de la gracia, como hacer el mal bajo el reino del pecado. Tiene que ser así, ya que en caso contrario, si no hay más poder en la gracia que en el pecado, no podría haber salvación del pecado...
La salvación del pecado depende ciertamente de que haya más poder en la gracia que en el pecado. Siendo eso así, allí donde tenga el control el poder de la gracia, será tan fácil la práctica del bien como lo es la del mal cuando no se da esa circunstancia...
La gran dificultad del hombre lo ha sido siempre para hacer el bien. Pero eso sucede porque de forma natural el hombre es esclavo de un poder -el poder del pecado- que es soberano en su reino. Y mientras rija ese poder, no es ya difícil, sino imposible hacer el bien que se conoce y desea hacer. Pero permítase gobernar a un poder superior a ese, y entonces, ¿no será tan fácil servir a la voluntad del poder superior, cuando reina, como lo fue servir a la voluntad del otro poder, cuando reinaba?
Pero la gracia no es simplemente más poderosa que el pecado... Eso, siendo bueno, no lo es todo... Hay mucho más poder en la gracia que en el pecado. Ya que ‘donde aumentó el pecado, sobreabundó la gracia’... Que nadie intente servir a Dios con nada menos que el poder actual, viviente de Dios, que hace de él una nueva criatura; con nada que no sea la gracia sobreabundante que condena el pecado en la carne, y reina por la justicia a vida eterna por Jesucristo nuestro Señor. Entonces el servicio a Dios será verdaderamente ‘en novedad de vida’; entonces ocurrirá que su yugo es verdaderamente ‘fácil’, y ‘ligera’ su carga; entonces su servicio resultará ser en verdad ‘con gozo inefable y glorificado’ [1 Ped. 1:8]" (Id., 1 de septiembre de 1896).
"El nuevo nacimiento contrarresta completamente el antiguo. ‘Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto es de Dios’ [2 Cor. 5:17 y 18] El que toma a Dios como la porción de su herencia [Sal. 16:5], tiene un poder que obra en él para justicia, tanto más fuerte que el poder de las tendencias heredadas al mal, como mayor es nuestro Padre celestial, en relación con nuestros padres terrenales" (The Everlasting Covenant, p. 66).El contexto de la cita de Waggoner de 2 Corintios 5, dice: "El amor de Cristo nos constriñe" (vers. 14). Constreñir es lo contrario a restringir: significa "mover", "empujar".
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura (Zac. 4:6 y 7).Allanar montañas como esas está solamente al alcance de potentes excavadoras, pero eso es lo que la comprensión de la cruz hace por nosotros:
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos; Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Cor. 5:14 y 15).Analicemos lo que realmente dice:
"A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado. El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada. Nadie, santo o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial" (El Deseado de todas las gentes, p. 615).Cree eso sencillamente -dice Pablo- y se hará imposible el continuar viviendo una vida egocéntrica. El amor de Cristo nos constriñe inmediatamente, y es inevitable que "ya no [vivamos] para sí, mas para aquel que murió y resucitó por [nosotros]". La idea es que encontraremos imposible dejar de servir con entusiasmo al Señor, una vez hayamos comprendido y apreciado el significado real de la cruz de Cristo.
¿Menosprecias las riquezas de su benignidad y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento? (Rom. 2:4).La idea de Pablo es que Dios toma la iniciativa. No está esperando, como muchos lo conciben, con sus divinos brazos cruzados en despreocupada actitud pasiva, mientras vagamos en nuestra condición perdida. No dice: ‘Hice el sacrificio por ti hace dos mil años. Ya he hecho mi parte; ahora te toca a ti. Debes tomar la iniciativa. Si quieres venir, ven; y si te parece difícil, es porque no tienes lo necesario para ser un buen cristiano. Algún otro llevará tu corona’. ¿Cuántos miles de personas piensan de esta manera sobre Dios? Y algunos se resignan a sentimientos como: ‘Dios tiene mucha gente dispuesta a llevar mi corona. Él no me necesita, y no estoy realmente seguro de que me quiera’.
"Y no debemos tratar de mejorar las Escrituras, y decir que la bondad de Dios tiende a llevar a los hombres al arrepentimiento. La Biblia dice que te guía a arrepentimiento, y podemos estar seguros de que es así. Todo hombre es movido al arrepentimiento tan ciertamente como que Dios es bondadoso" (Signs of the Times, 21 de noviembre de 1895).Cuando oramos por la conversión de un ser querido, un amigo, o un vecino, no es preciso que despertemos a Dios de su sueño, ni que le persuadamos para que haga algo que no tiene deseos de hacer. No es eso lo que Pablo enseña. La bondad de Dios está ya obrando, guiando a la persona al arrepentimiento. El problema es que frecuentemente nosotros impedimos lo que él inició ya. Confundimos la verdadera respuesta a nuestras oraciones porque no hemos comprendido la bondad, gracia y benignidad del Señor en sus verdaderas dimensiones.
"No todos se arrepienten. ¿Por qué? Porque menosprecian las riquezas de la benignidad, paciencia y longanimidad de Dios, escapando a su misericordiosa conducción. Pero todo aquel que no resista al Señor, será ciertamente guiado al arrepentimiento y salvación" (Id.).Eso parece un concepto revolucionario para muchas almas sinceras. Dicen: "no puede ser así: el que se salva ha de tomar la iniciativa y esforzarse con tesón, debe hacer algo para salvarse". Pero los términos están invertidos. Realmente, la verdad es que si deja de resistir, será salvo.
Y va a la que se perdió, hasta que la halle (Luc. 15:4).En El Camino a Cristo, p. 27, leemos lo mismo de la pluma de E. White:
"Cuando Cristo los induce a mirar su cruz y a contemplar a Aquel que fue traspasado por sus pecados,... Comienzan a entender algo de la justicia de Cristo...Una vez descubrimos el secreto de ese amor divino activo, que busca, esas buenas nuevas nos "asaltan" desde casi cada página de la Biblia. Observemos estos maravillosos escritos de Pablo:
El pecador puede resistir a este amor, puede rehusar ser atraído a Cristo; pero si no se resiste, será atraído a Jesús; el conocimiento del plan de la salvación le guiará al pie de la cruz, arrepentido de sus pecados, los cuales causaron los sufrimientos del amado Hijo de Dios".
Empero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe... Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús...Viendo claramente "la ley en Gálatas", Waggoner captó la profunda verdad del pasaje:
Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es Señor de todo; mas está debajo de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los rudimentos del mundo. Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que están debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (Gál. 3:23-4:5).
"Dios no ha desheredado a la raza humana; por lo tanto, como el primer hombre creado fue llamado ‘hijo de Dios’, todos los hombres son herederos en el sentido de que lo son en el remanente. Como se ha visto ya anteriormente, ‘antes que viniese la fe’, aunque todos estábamos alejados de Dios, éramos no obstante guardados bajo la ley, resguardados por un guardián severo, ‘encerrados’ a fin de que pudiéramos ser guiados a aceptar la promesa. ¡Qué gran bendición representa el hecho de que Dios cuenta al malvado, a aquellos que están bajo la esclavitud del pecado, como a sus hijos! -hijos errantes, pródigos, pero hijos todavía. Dios ha hecho a todos los hombres ‘aceptos en el Amado’. Esta vida de prueba nos es dada a fin de concedernos la oportunidad de conocerle como Padre, y llegar a ser verdaderamente hijos" (The Glad Tidings, p. 106).La idea habitual es que quienes vivieron en la dispensación del Antiguo Testamento fueron guardados bajo la ley, pero en el Nuevo Testamento, vino la fe. Sin embargo, Waggoner aclara que incluso hoy somos guardados bajo la ley hasta la llegada de la fe, de forma individual en nuestra experiencia. La ley es nuestro instructor, o agente educador, para llevarnos a Cristo. Lo que no aprendemos por la fe, por su gracia, lo aprendemos mediante disciplina. Todo ese infinito cuidado que se nos prodiga individualmente, es para conducirnos a Cristo, "para que fuésemos justificados por la fe". Esto está sucediendo ahora mismo. Todos nosotros, sin excepción, hemos sido "encerrados" "bajo la ley" hasta el momento en que llega la fe. Ese estar encerrado forma parte del proceso que nos lleva a Cristo, otra evidencia del amor activo y persistente del Señor hacia cada uno de nosotros.
"Puesto que la herencia es por la justicia que viene por la fe, es igualmente segura para toda la simiente, e igualmente asequible a todos. La fe concede a todos igualdad de oportunidades, ya que la fe es tan fácil para una persona como para la otra. Dios ‘ha repartido a cada uno la medida de fe’ [Rom. 12:3], y a todos la misma medida; ya que la medida de gracia es la medida de fe, y ‘a cada uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo’ (Efe. 4:7). Cristo se da a todo hombre, sin reservas" (Signs of the Times, 27 de febrero de 1896).En otras palabras, el Señor está obrando hoy en beneficio de todo hombre, mujer y niño que habitan la tierra. Pero esa obra resulta impedida hasta que ellos sepan de la misma; y sólo pueden conocerla mediante la proclamación de las buenas nuevas. Nos ha dicho: "id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura" (Mar. 6:15), y debemos comprender que verdaderamente hay poder en ese evangelio si se lo puede liberar del error contaminante, que ha corrompido y frustrado la gracia de Dios. Si hemos tratado de ayudar a la gente y hemos fracasado, es preferible reconocer que haya deficiencias en nuestro conocimiento del evangelio, antes que culpabilizarlos a ellos. Es cierto que hay quien rechazará el evangelio, incluso aunque le sea claramente expuesto, pero muchos más de los que hoy anticipamos lo aceptarán gustosos al contemplarlo en su prístina pureza.
"‘Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado... no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en él. Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros a gloria de Dios’ (2 Cor. 1:19 y 20). Dios no ha dado al hombre ninguna promesa que no sea a través de Cristo. La fe individual en Cristo es cuanto hace falta para recibir todo lo que Dios ha prometido. Dios no discrimina a personas: ofrece sus tesoros libremente a todos; pero nadie puede tener parte en ellos a menos que reciba a Cristo. Es perfectamente razonable, ya que Cristo se ofrece a todos con la condición de que estén dispuestos a recibirlo" (Waggoner, The Everlasting Covenant, p. 46).E. White asintió en los siguientes términos:
"Cristo y su misión han sido mal representados, y multitudes se sienten virtualmente apartadas del ministerio del Evangelio. Pero no deben sentirse separadas de Cristo. No hay barreras que el hombre o Satanás puedan erigir y que la fe no pueda traspasar.Sí, ¡el pecador debe resistirse para poder perderse! Tan profundamente le ama el Señor.
Con fe, la mujer de Fenicia se lanzó contra las barreras que habían sido acumuladas entre judíos y gentiles. A pesar del desaliento, sin prestar atención a las apariencias que podrían haberla inducido a dudar, confió en el amor del Salvador. Así es como Cristo desea que confiemos en él. Las bendiciones de la salvación son para cada alma. Nada, a no ser su propia elección, puede impedir a algún hombre que llegue a tener parte en la promesa hecha en Cristo por el Evangelio" (El Deseado de todas las gentes, p. 369).
De consiguiente vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron... Así que, de la manera que por un delito [de Adán] vino la culpa [el juicio] a todos los hombres para condenación, así por una justicia [de Cristo] vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida. Porque como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno [Cristo] los muchos serán constituidos justos (Rom. 5:12-19).Sea lo que fuere lo que Adán pasó a toda la raza humana, Pablo aclara que Cristo lo revirtió para todos los hombres. Pero nos cuesta creer lo que dice Pablo, e intentamos "arreglarlo": ‘No, no puede ser cierto lo que dice Pablo. El don gratuito de la justificación vino a unos pocos, no a todos. Vino solamente a quienes hacen algo’. Waggoner, sin embargo, captó la idea de Pablo:
"Aquí no hay ninguna excepción. Lo mismo que la condenación vino a todos, también viene a todos la justificación. Cristo gustó la muerte por todos los hombres. Se dio a sí mismo por todos. Se ha dado a sí mismo a todo hombre. El don gratuito ha venido a todos. El hecho de que sea un don gratuito evidencia el que no haya excepciones. Si hubiese venido solamente sobre quienes acreditasen una determinada calificación, entonces ya no sería un don gratuito. Por lo tanto, es un hecho plenamente aclarado en la Biblia, que el don de la vida y la justicia en Cristo ha llegado a todo hombre sobre la tierra. No hay la menor razón para que cualquier hombre que haya jamás vivido no pueda ser salvo por la eternidad, excepto que él no lo quiera así. Muchos pisotean el don ofrecido tan libremente" (Signs of the Times, 12 de marzo de 1896).Por extrañas que nos suenen esas palabras a nosotros hoy, están en armonía con lo expresado por el propio Pablo. ¡No es una maravilla que E. White se entusiasmase con el mensaje! Eran buenas nuevas, y presentaban el carácter de Dios en una nueva y más favorable luz. Waggoner continúa diciendo:
"La fe de Cristo debe traer la justicia de Dios, ya que la posesión de una fe tal es la posesión del Señor mismo. Esa fe se concede a todo hombre, de la manera que Cristo se dio a sí mismo a todo hombre. Quizá te preguntes qué impide que todo hombre sea salvo. La respuesta es: Nada, excepto el hecho de que no todo hombre guardará la fe. Si todos guardasen todo lo que Dios les da, todos serían salvos" (Id. 16 de enero de 1896).Hay mucho a lo que el pecador debe resistir, si quiere insistir en perderse. No es pues extraño que sea difícil perderse.
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Cor. 5:14 y 15).La idea que Pablo expresó parece tan clara, que uno se pregunta cómo Calvino pudo concebir la idea de que Cristo muriese solamente por los elegidos. Cree simplemente que murió por ti, y reconoce sin dilación que nada puedes hacer por ti mismo. Estás infinita y eternamente en deuda con él. Se hace así imposible vivir una vida centrada en el yo. La ecuación "si uno murió por todos, luego todos son muertos" encierra poder en sí misma. Simplemente cree la "increíble" verdad, y la salvación se hace fácil.
"El amor infinito ha establecido un camino por el cual los redimidos del Señor pueden transitar de la tierra al cielo. Ese camino es el Hijo de Dios. Se han enviado guías angélicos para dirigir nuestros pies errantes. La gloriosa escalera al cielo se ha colocado en todos los caminos del hombre, dificultando la senda hacia el vicio y la locura. Para poder entregarse a una vida de pecado tiene que pisotear al Redentor crucificado" (Our High Calling, p. 11).En los escritos de E. White encontramos implícita la verdad de que el amor de Dios es activo y va a la búsqueda del pecador. Éste debe resistirlo para poder perderse:
"Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas. De no haber luz, no podría existir la sombra. Pero si bien las sombras aparecen con el sol, no son originadas por éste. Son los obstáculos quienes ocasionan las sombras. Así, las tinieblas no emanan de Dios... El desprecio de la luz que Dios ha dado, desemboca en un resultado cierto: crea una sombra, unas tinieblas que son más densas por contraste con la luz que ha sido enviada...A los adventistas se nos ha acusado, a veces con cierta razón, de enseñar que cuando regrese por segunda vez, Cristo estará lleno de afán de venganza asesina y sed de sangre. Algunos han representado a Cristo como viniendo con una especie de arma cósmica que emite rayos mortíferos para destruir a sus enemigos. Pero el mensaje de 1888 no presentaba una distorsión tal del carácter de Dios. Será "este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo" el que regresará la segunda vez. Los pecadores habrán cambiado; él no. Son ellos y no él, quienes se habrán endurecido.
‘Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará’ (Gál. 6:7). Dios no destruye a ningún hombre. Quienquiera sea destruido es porque se destruirá a sí mismo. Cuando un hombre sofoca las admoniciones de la conciencia, está sembrando las semillas de la incredulidad, y éstas producen una cosecha segura" (Id., p. 26).
"(1) Una vida de rebelión contra Dios los ha inhabilitado para el cielo. (2) La pureza, la santidad y la paz que reinan allí serían para ellos un tormento; (3) la gloria de Dios, un fuego consumidor. (4) Ansiarían huir de aquel santo lugar. (5) Desearían que la destrucción los cubriese de la faz de Aquel que murió para redimirlos. (6) La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. (7) Su exclusión del cielo es un acto de su propia voluntad y un acto de justicia y misericordia por parte de Dios" (El conflicto de los siglos, p. 598).Si eclipsamos la cruz de Cristo, entonces debemos admitir que es terriblemente difícil ser salvo. Se agota la motivación para ser consagrados y devotos. El llamado de la tentación al mal se vuelve todopoderoso. El Salvador viene a ser "como raíz de tierra seca", y su evangelio "sin atractivo, para que lo deseemos". Esa es la experiencia cristiana de muchos miembros de iglesia. Pero si aceptamos el evangelio de su gracia, libre de adulteración, dijo A.T. Jones que incluso la elección de llevar la cruz de Cristo se convierte en fácil. Y con toda seguridad, ese tema de la elección es lo único que podría ser difícil en la salvación. Si a la luz de la cruz de Cristo, hasta eso se hace fácil, ¡ciertamente ya es nuestra!
"Si el Señor ha sacado a la luz pecados en nosotros de los que nunca antes sospechamos, lo único que eso significa es que está avanzando en profundidad, y llegará finalmente hasta el fondo; y cuando encuentre la última cosa que sea sucia o impura, que no está en armonía con su voluntad y la revele a nosotros, si decimos ‘prefiero al Señor que a eso’, entonces la obra está completa y el sello del Dios viviente puede ser puesto en el carácter. [Congregación: ‘Amén’]. Qué preferís, ¿tener un carácter [algunos en la congregación empezaron a alabar al Señor, y otros a mirar alrededor]. No importa, si muchos más de vosotros expresaseis vuestro agradecimiento al Señor por lo que os ha dado, habría más gozo en esta casa esta noche.Waggoner estaba de acuerdo. Uno debe luchar contra la verdad para que se haga difícil creer:
Qué preferís, ¿tener la plenitud de Jesucristo, o tener menos que eso, cubiertos algunos de vuestros pecados de forma que nunca sepáis de ellos? [Congregación: ‘Su plenitud’]. ¿No veis que los Testimonios nos han dicho que si todavía hay ahí una sombra de pecado, no podremos recibir el sello de Dios? ¿De qué manera puede el sello de Dios, que es la marca de su perfecto carácter revelado en nosotros, sernos colocado, si quedan aún pecados en nosotros?
...Y así, ha cavado en las profundidades de las que nunca soñamos, porque no podemos comprender nuestros corazones... El limpiará el corazón, y revelará el último vestigio de maldad. Dejémosle obrar, hermanos; permitámosle proseguir en esa obra investigadora...
Para vosotros, como para mí, se trata simplemente de un asunto de elección vital, de si nos quedaremos con el Señor o con nosotros mismos; la justicia del Señor o nuestros pecados; el camino del Señor o el nuestro. ¿Cuál escogeremos? [Congregación: ‘El camino del Señor’]. No hay... [dificultad] en hacer la elección cuando comprendemos lo que el Señor ha hecho, y lo que es para nosotros. La elección es fácil. Que la entrega sea completa" (Jones, General Conference Bulletin, 1893, p. 404).
"Creer es tan natural para el niñito hijo de un infiel, como lo es para el de un santo. Es solamente cuando erigimos una barrera de orgullo sobre nosotros mismos (Sal. 73:6) que encontramos difícil creer" (Signs of the Times, 6 de agosto de 1896).Permitamos a Jones, con su estilo directo y franco, decir más sobre el tema:
"¿Puede alguien vivir a aquello a lo que murió? -No. Por lo tanto, si ha muerto al pecado, ¿como podrá vivir aún en pecado?... Imaginemos que un hombre muere a causa del delirium tremens, o de la fiebre tifoidea. ¿Querría vivir en delirium tremens o fiebre tifoidea, en el caso en que pudiese ser devuelto a la vida y comprendiese cuál fue su final? El solo pensamiento de ello sería la muerte para él, ya que fue una vez la causa de su muerte. Así es para quien ha muerto al pecado... No puede vivir en aquello a lo que murió.¿Qué provee el poder para morir de ese modo al pecado? Efectivamente, la cruz de Cristo. Jones continúa así:
Pero el gran problema para mucha gente es que no han estado tan enfermos de pecado como para morir... Enferman quizá de algún pecado particular, y quieren remediar eso, quieren ‘morir a’ ese pecado, y creen que lo han abandonado. Más adelante, enferman de otro pecado particular que piensan que no les conviene, ya que no pueden conservar el favor y la consideración de la gente si manifiestan ese pecado, y entonces intentan liberarse de él. Pero no enferman de pecado: el pecado en sí mismo, en su concepción, en abstracto, revista la forma que revista. No enferman al pecado en sí mismo, lo suficientemente como para morir a él. Cuando el hombre se pone lo bastante enfermo... de pecado... es imposible verlo vivir aun en el pecado" (General Conference Bulletin, 1895, p. 352).
"Constantemente tenemos la oportunidad de pecar. Siempre se nos presentan ocasiones para ello... día tras día. Pero está escrito: ‘Llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo’ [2 Cor. 4:10]. ‘Cada día muero’ [1 Cor. 15:31]. La sugestión a pecar es muerte para mí... en él.El evangelio "es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree" (Rom. 1:16). Quizá la ilustración de la dirección asistida de un vehículo puede ayudarnos a comprender cuán fácil es ser salvo y cuán difícil perderse. Tratemos de manejar el volante de un vehículo con dirección asistida, cuando el motor no está en funcionamiento. Es algo realmente difícil. Si se trata de un pesado camión, es prácticamente imposible, a menos que el motor en funcionamiento provea la energía o asistencia al mecanismo de dirección.
Por lo tanto, eso se expresa en forma de pregunta escrutadora: ‘Los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?’ (Rom. 6:2 y 3)...
‘Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros’ (Rom. 6:14). Quien es librado del dominio del pecado, es librado del servicio del pecado... Jesús murió, y somos muertos con él. Y él vive. Y nosotros que creemos en él, estamos vivos con él... ‘Con Cristo estoy juntamente crucificado’ (Gál. 2:20). Tan ciertamente como él está crucificado, lo estoy yo. Tan ciertamente como él muere, estoy yo muerto con él. Tan ciertamente como es enterrado, fui enterrado con él. Por lo tanto, no serviré al pecado" (Id., p. 353).
"Muchos dicen: ‘¿Cómo me entregaré a Dios?’ Deseáis hacer su voluntad, mas sois moralmente débiles, esclavos de la duda y dominados por los hábitos de vuestra vida de pecado. Vuestras promesas y resoluciones son tan frágiles como telarañas. No podéis gobernar vuestros pensamientos, impulsos y afectos. El conocimiento de vuestras promesas no cumplidas y de vuestros votos quebrantados debilita la confianza que tuvisteis en vuestra propia sinceridad, y os induce a sentir que Dios no puede aceptaros; mas no necesitáis desesperar. Lo que debéis entender es la verdadera fuerza de la voluntad [elección]. Esta es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir o escoger. Todo depende de la correcta acción de la voluntad [elección]. Dios dio a los hombres el poder de elegir; a ellos les toca ejercerlo. No podéis cambiar vuestro corazón, ni dar por vosotros mismos sus afectos a Dios; pero podéis escoger servirle. Podéis darle vuestra voluntad, para que Él obre en vosotros tanto el querer como el hacer, según su voluntad. De ese modo vuestra naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo, vuestros afectos se concentrarán en Él y vuestros pensamientos se pondrán en armonía con Él" (El Camino a Cristo, p. 47 y 48).¿Son las buenas nuevas de ese mensaje mero inmovilismo, la herejía de que el pecador no tiene nada que hacer, excepto quedarse quieto, a modo de masa manipulada por la voluntad divina? Veamos una declaración que algunos asumen de forma superficial que contradice el mensaje aludido en este capítulo, pero que bien comprendida armoniza perfectamente con él:
"Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea fácil lograr la perfección del carácter. Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 266).¿Acaso lo anterior anula las buenas nuevas de la gracia de Cristo? ¿Contradice quizá lo escrito: "mi yugo es fácil, y ligera mi carga"? Algunos citan otras declaraciones de E. White en la pretensión de cuestionar ese aspecto de las buenas nuevas del mensaje de 1888
Cuando miro a la magna cruz
donde murió el Príncipe de gloria,
Cuento por pérdidas mis más caras ganancias,
Y se desvanece mi orgullo.