Gracias a su cruz y a su ministerio sacerdotal en curso, Cristo está atrayendo a "todos los hombres" al arrepentimiento. Su amor y gracia son tan poderosos e insistentes que el pecador tiene que resistirlos a fin de perderse.
La enseñanza bíblica
(a) Toda la vida y felicidad de las que el mundo disfruta son la compra del sacrificio de Cristo (Juan 6:32, 33, 35, 50-53; DTG 615). La cruz del Calvario está estampada en cada pan. La comprensión de la verdad de esa gran deuda que tenemos para con Él, es la base de toda experiencia cristiana genuina.
(b) Si Cristo no hubiese muerto por el mundo, no existiría ninguno de nosotros. El Padre puso sobre Él las transgresiones del mundo entero (2 Cor. 5:19; Isa 53:5 y 6). Así, de una forma muy real, el sacrificio de Cristo ha justificado a "todos los hombres" al emitir en su favor un decreto de absolución, en lugar del "juicio" y "condenación" que les correspondía "en Adán" (Rom. 3:23 y 24; 5:15-18). Cuando el pecador oye y cree la verdad, experimenta la justificación por la fe (Rom. 4:25; Efe. 2:8-10).
(c) Los perdidos niegan deliberadamente esa justificación que Cristo ha efectuado por ellos, y toman voluntariamente sobre sí la "condenación" (Heb. 10:29; 2 Cor. 6:1; CC 27).
(d) Los creyentes en Cristo pueden decir que "Él es la propiciación por nuestros pecados". Pero "no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna" (Juan 3:16). Dado que pagó el precio de todos nuestros pecados, la única razón por la que alguien puede perderse es porque rehuse creer, apreciar el don que ya le fue dado "en Él" (Juan 3:18). Dios no nos condena por doble partida, ya que "el Eterno cargó sobre él el pecado de todos nosotros" (Isa. 53:6). ¿Cómo cargaría nuevamente el pecado sobre nosotros, se pregunta Pablo en Romanos 8:33 al 39? Son los perdidos quienes vuelven a cargarlos sobre sí.
(e) Todo ello se puede resumir en un veredicto judicial de absolución y vida para todos los hombres (como traduce Romanos 5: 16 al 18 la NEB). Quien cree estas buenas nuevas, resulta motivado a una total consagración de su ser a Cristo (2 Cor. 5:14 y 15).
La comprensión de Waggoner
" ‘Por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida’. No hay aquí ninguna excepción. Así como la condenación vino a todos los hombres, también la justificación. Cristo gustó la muerte por todos. Se dio a sí mismo por todos, se dio a cada uno. El don gratuito vino sobre todos. El hecho de que sea un don gratuito es evidencia de que no hay excepción alguna. De haber venido solamente sobre los poseedores de alguna calificación especial, no habría sido un don gratuito.
Por lo tanto, es un hecho claramente establecido en la Biblia que el don de la justicia y de la vida en Cristo ha venido sobre todo hombre en el mundo. No hay la más mínima razón por la que todo hombre que jamás haya vivido tenga que dejar de ser salvo para vida eterna, excepto porque no lo reciba. ¡Cuántos desprecian el don que se ofrece tan generosamente!...
Dice el texto que ‘por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos’. Alguien puede preguntarse, ‘¿Por qué no son todos constituidos justos por la obediencia de Uno?’ La razón es que no todos lo desean así...
El don gratuito viene sobre todos, pero no todos lo aceptan; por consiguiente, no todos son hechos justos por él...
La muerte pasó a todos los hombres, puesto que todos han pecado, y el don de la justicia vino sobre todos los hombres en la vida de Cristo" (Waggoner, Carta a los Romanos, 56 y 57).
Jones, en perfecta armonía
"¿A quién justifica el Señor? [Congregación: ‘Al impío’]. Si fuese de otra manera, no habría para mí esperanza alguna. Si hubiese justificado solamente a personas que tuvieran algo de bueno en ellas mismas, yo quedaría excluido. Pero gracias sean dadas al Señor por su gran bondad. Dado que Él justificó al impío (Rom. 6:6, 8 y 10), tengo la perfecta seguridad de su salvación eterna. ¿Os parece que hay alguna cosa capaz de impedir mi felicidad? ‘Al que no obra’: si requiriese obras, nunca podría aportar las suficientes. Pero ¡ah!, como leímos anoche, ‘De balde fuisteis vendidos. Por tanto, sin dinero seréis rescatados’ (Isa. 52:3). Sin dinero; no sin precio. Pero Él ha pagado ya ese precio. He oído decir a algunos hermanos: ‘Doy gracias al Señor porque confío en Él’. Sin embargo, yo le doy gracias porque confía en mí. Es muy poca cosa el que el hombre confíe en el Señor; pero que el Señor confíe en mí, es algo que va más allá de mi comprensión. Y estoy agradecido porque el Señor haya tenido esa confianza al arriesgarse de esa forma por mí.
‘David habla también de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras’ (Rom. 4:6). ¿Hay alguien aquí que conozca la miseria del que procura obtener la justicia por las obras?
‘Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jesús’ (Gál. 3:14). Cuando nosotros como pueblo, como iglesia, hayamos recibido la bendición de Abraham, ¿qué vendrá entonces? [Congregación: ‘La lluvia tardía’]. ¿Qué podría, pues, impedir el derramamiento del Espíritu Santo? [Voz: ‘La incredulidad’]. Nuestra carencia de la justicia de Dios, que viene por la fe; eso es lo que lo retiene" (Jones, General Conference Bulletin 1893, sermón 16, selección).
Cristo hizo su obra desde lo antiguo. " ‘Nos hizo aceptos en el Amado’ (Efe. 1:6). ¿Cuándo fue eso? [Congregación: ‘Antes de la fundación del mundo’]. Lo hizo todo antes de que tuviésemos la menor oportunidad de hacer nada –mucho antes de que naciéramos–, antes que el mundo fuese creado. ¿No veis como es el Señor quien obra, a fin de que podamos ser salvos y podamos tenerlo a Él?
Por lo tanto, podemos estar seguros de que nos escogió. Él afirma que es así. Podemos estar seguros de que nos predestinó a la adopción de hijos. Podemos estar seguros de todas estas cosas, pues es Dios quien las declara, y así han de ser. ¿No se trata acaso de un inmenso festín? (Id, nº 17, selección).
"Todos los que estaban en el mundo estaban incluidos en Adán; y todos los que están en el mundo están incluidos en Cristo. Dicho de otro modo: Adán, con su pecado, afectó a todo el mundo; Jesucristo, el segundo Adán, afecta en su justicia a toda la humanidad...
Encontramos aquí a otro Adán. ¿Afecta a tantos como afectó el primer Adán? Esa es la cuestión... Ciertamente lo que hizo el segundo Adán afecta a todos los que resultaron afectados por lo que hizo el primero...
El asunto es: ¿Afecta la justicia del segundo Adán a tantos como afectó el pecado del primer Adán? Examinadlo detenidamente. Totalmente al margen de nuestro consentimiento, sin nada que ver con él, estuvimos incorporados al primer Adán; estábamos allí...
Jesucristo, el segundo hombre, tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nos tocó "en todo". Se hizo nosotros y murió la muerte. Así, en Él y en ello, todo hombre que haya poblado la tierra y que estuviera implicado en el primer Adán, está igualmente implicado en esto, y volverá a vivir. Habrá una resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos. Toda alma se levantará –por virtud del segundo Adán– de la muerte que el primero trajo... (N.T. Ver 1 Cor. 15:22; Hech. 24:15; Juan 5:28 y 29; CS 599).
Siendo Cristo quien nos ha liberado del pecado y la muerte que vinieron sobre nosotros por el primer Adán, esa liberación es para todo hombre, y cada uno puede poseerla si así lo elige.
El Señor no obligará a nadie a aceptarla... Nadie sufrirá la segunda muerte sin haber escogido el pecado en lugar de la justicia, la muerte en lugar de la vida" (Jones, General Conference Bulletin 1895, 268, 269).
Testimonio de E. White
"Todas nuestras bendiciones nos llegan por medio del don inestimable de Cristo. La vida, la salud, los amigos, la razón, la felicidad, son nuestros gracias a los méritos de Cristo. ¡Oh, que los jóvenes y los ancianos comprendan que todo nos viene por medio de la virtud de la vida y de la muerte de Cristo, y reconozcan la propiedad de Dios!" (Hijos e hijas de Dios, 240 –N.T.).
" ‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito’. Mediante este don único, todos los demás se imparten a los hombres. Diariamente todo el mundo recibe las bendiciones de Dios. Cada gota de lluvia, cada rayo de luz prodigados sobre la humanidad ingrata, cada hoja, flor y fruto, testifican de la tolerancia de Dios y de su gran amor". "Todas las bendiciones de esta vida y de la vida venidera nos son entregadas con el sello de la cruz del Calvario" (PVGM 243 y 296 –N.T.).
"Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, sólo la alabanza y la gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos participado de sus beneficios celestiales y recibido las bendiciones de su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos la degradada condición... de la cual nos ha levantado Cristo" (En los lugares celestiales, 36 –N.T.).
"Todo miembro de la familia humana es puesto enteramente en las manos de Cristo... La cruz está grabada en todo don, y lleva la imagen y sobreescritura de Jesucristo" (MS 36, 1890).
"Jesús, el Redentor del mundo, se interpone entre Satanás y cada alma... Los pecados de cada uno que haya vivido sobre la tierra fueron puestos sobre Cristo, testificando del hecho de que nadie tiene que ser un perdedor en el conflicto con Satanás" (RH 23 mayo 1899).
"Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Cristo sabía que tendría que sufrir, sin embargo se hizo el sustituto del hombre. Tan pronto como Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó a sí mismo como garantía para la raza humana, con tanto poder para desviar la condenación pronunciada sobre el culpable, como cuando murió sobre la cruz del Calvario" (Id, 12 marzo 1901).
"Puedes decir que crees en Jesús cuando tienes una apreciación del coste de la salvación. Puedes pretender tal cosa cuando sientes que Jesús murió por ti en la cruel cruz del Calvario; cuando tu fe comprende de una forma inteligente que su muerte hace posible para ti el que ceses de pecar, y perfecciones un carácter justo por la gracia de Dios, que se te otorga como la compra de la sangre de Cristo" (Id, 24 julio 1888).