El mensaje en diez puntos

Punto 3

Es difícil que se pierde y es fácil de ser salvado si uno entiende y cree que lo bueno del Evangelio-Buena es.

La conclusión es que resulta fácil ser salvo, y difícil perderse, tras haber comprendido y creído lo buenas que son las buenas nuevas. Lo difícil es aprender a creer el evangelio. Jesús enseñó esa verdad.

La enseñanza bíblica

(a) La parte de Dios es amar, obrar y dar; nuestra parte es creer (Juan 3:16 y 17). "Si puedes creer, al que cree todo es posible" (Mar. 9:23). Ahora bien, es fundamental comprender el significado bíblico de "creer" (Rom. 10:10).

(b) "Mi yugo es fácil y ligera mi carga"; y resistirse, "dar coces contra el aguijón", es "dura cosa" (Mat. 10:30; Hech. 9:5; 26:14).

(c) Se debe a que "el amor de Cristo nos constriñe". El amor de Cristo es activo, no pasivo. Quien cree al evangelio, no puede continuar viviendo para sí (Rom. 6:1, 2, 14, 15; 2 Cor. 5:14; PVGM 274).

(d) El amor de Cristo por cada persona individual es infinitamente mayor que el de un padre por su hijo (Sal. 27:10; 103:13).

(e) Dar "coces contra el aguijón" es resistir la convicción del Espíritu Santo a propósito de las buenas nuevas (Juan 16:7-11).

(f) La luz disipa las tinieblas, la gracia sobreabunda al pecado, y el Espíritu Santo es más poderoso que la carne (Juan 1:5,9; Rom. 5:20; Gál. 5:16 y 17).

(g) Dios guía a toda persona al arrepentimiento, a pesar de que muchos rehusen su conducción (Rom. 2:4).

Así lo comprendió Jones

"Cuando reina la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal. Tal es la comparación: De la misma forma en que reinaba el pecado, reina ahora la gracia. Cuando reinaba el pecado, lo hacía contra la gracia, es decir, repelía todo el poder de la gracia que Dios había proporcionado; pero cuando se rompe el poder del pecado y reina la gracia contra el pecado, repele todo el poder de éste. Así, es literalmente cierto que bajo el reino de la gracia es más fácil hacer el bien que hacer el mal; tanto como cierto era que bajo el reino del pecado es más fácil obrar el mal que el bien" (Jones, RH 25 julio 1899).

¿Comprendemos el poder de la gracia? "Es imposible insistir demasiado en el hecho de que bajo el reino de la gracia es tan fácil la práctica del bien, como lo es la del mal en el reino del pecado. Así tiene que ser, puesto que de no haber mayor poder en la gracia que en el pecado, no podría haber salvación del pecado...

La salvación del pecado depende ciertamente de que haya mayor poder en la gracia, del que hay en el pecado... La gran dificultad para el hombre ha consistido siempre en obrar el bien. Pero eso es así debido a que de forma natural el hombre está esclavizado a un poder –el poder del pecado– que es absoluto en su reino. Y por tanto tiempo como rige ese poder, es, no ya difícil, sino imposible hacer el bien que uno debe y quiere hacer. Pero permítase que tome el control un poder superior: ¿No está claro que será tan fácil servir a la voluntad del poder superior, cuando reina, como lo fue servir a la del otro poder cuando reinó?

Pero la gracia no es sólo más poderosa que el pecado... Eso, con ser bueno, no lo es todo... La gracia es mucho más poderosa que el pecado. ‘Donde se agrandó el pecado, tanto más sobreabundó la gracia’ (Rom. 5:20). Entonces, el servicio a Dios será verdaderamente ‘en novedad de vida’. Su yugo resultará entonces ‘fácil’, y ‘ligera’ su carga; su servicio está entonces caracterizado por el ‘gozo inefable y glorificado’ (1 Ped. 1:8)" (Id, 1 setiembre 1896).

"Consideremos esta noche al hombre que no cree para nada en Jesús... Si decide tener a Cristo como a su Salvador, si quiere abundante provisión para todos sus pecados, y salvación de todos ellos, ¿tiene Cristo que hacer algo ahora, a fin de proveer para los pecados de tal hombre, o para salvarlo de ellos? No: ya lo hizo. Hizo abundante provisión a favor de todo hombre en los días de su carne, y todo aquel que cree en Él, lo recibe sin necesidad alguna de que vuelva a repetirse ninguno de los hechos que tuvieron lugar. ‘Habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre’ (Heb. 10:12)" (Jones, General Conference Bulletin 1895, p. 268).

Waggoner coincidió

"El nuevo nacimiento trasciende totalmente al viejo. ‘Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo. Y todo esto proviene de Dios’ (2 Cor. 5:17 y 18). El que toma a Dios como la porción de su herencia (Sal. 16:5), tiene en su interior un poder que obra para justicia, mucho más fuerte que el poder de sus tendencias heredadas al mal; tanto como más poderoso es nuestro Padre celestial que nuestros padres terrenales" (Waggoner, The Everlasting Covenant, p. 66).

"No debemos intentar corregir las Escrituras, y decir que la bondad de Dios tiende a llevar al hombre al arrepentimiento. La Biblia dice que lo hace, que guía al arrepentimiento, y podemos tener la seguridad de que así es. Todo hombre es llevado al arrepentimiento tan seguramente como que Dios es bueno. Pero no todos se arrepienten. ¿Por qué? Porque desprecian las riquezas de la benignidad, paciencia y benevolencia de Dios, y escapan de la misericordiosa conducción del Señor. Pero todo aquel que no resista al Señor, será guiado con seguridad al arrepentimiento y la salvación" (Waggoner, Carta a los Romanos, p. 21).

"Permaneciendo en el Espíritu, andando en el Espíritu, la carne con sus concupiscencias no tiene más poder sobre nosotros del que tendría si estuviésemos realmente muertos y enterrados... La carne sigue siendo corruptible, sigue estando llena de malos deseos, siempre dispuesta a rebelarse contra el Espíritu; pero por tanto tiempo como sometamos la voluntad a Dios, el Espíritu mantiene la carne a raya... El Espíritu de vida en Cristo –la vida de Cristo–, se da gratuitamente a todos. ‘El que tenga sed y quiera, venga y tome del agua de la vida de balde’ (Apoc. 22:17)" (Waggoner, Las Buenas Nuevas. Gálatas, versículo a versículo, p. 155).

"¡Gracias a Dios por la bendita esperanza! La bendición ha venido a todos los hombres. ‘Así como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también por la justicia de uno solo, vino a todos los hombres la justificación que da vida’ (Rom. 5:18). Dios, que no hace acepción de personas, nos bendijo en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos (Efe. 1:3). El don es nuestro, y se espera que lo guardemos. Si alguien no tiene la bendición, es porque no ha reconocido el don, o bien porque lo ha rechazado deliberadamente" (Id, p. 79 y 80).

E. White respaldó las buenas nuevas

"No deduzcamos, sin embargo, que el sendero ascendente es difícil y la ruta que desciende es fácil. A todo lo largo del camino que conduce a la muerte hay penas y castigos, hay pesares y chascos, hay advertencias para que no se continúe. El amor de Dios es tal que los desatentos y los obstinados no pueden destruirse fácilmente... A lo largo del áspero camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para refrescar a los fatigados" (PVGM 117-119).