El mensaje en diez puntos

Punto 4

En la búsqueda de la humanidad perdida, Cristo vino todo el camino hasta donde estamos, tomando sobre sí mismo y asumiendo la naturaleza caída, pecaminosa del hombre después de la caída.

Cristo es el buen Pastor a la búsqueda de la oveja perdida, incluso aunque no lo hayamos buscado a Él. Una comprensión errónea de su carácter nos hace suponer que intenta ocultarse de nosotros. No hay ninguna parábola de una oveja perdida que tenga que ir en busca de su pastor.

La enseñanza bíblica

(a) Esa verdad fluye de forma lógica y natural como buenas nuevas del evangelio (Luc 15:1-10). Es un error ver a Dios como alguien que nos considera con indiferencia hasta que tomamos la iniciativa y le obligamos a salir de su escondite. La verdad, por el contrario, es que Él nos busca (Sal. 119:176; Eze. 34:16). (Hay dos verbos hebreos que encontramos traducidos como "buscar" en nuestras Biblias. Uno de ellos significa hacer algo para hallar alguna cosa o persona que está perdida. Ese verbo nunca lo encontramos en los pasajes en los que Dios nos amonesta a "buscarlo", como si fuese difícil encontrarlo por esconderse de nosotros. El otro verbo significa "estar atento a", "inquirir". En 1 Sam. 28:7, encontramos ambos verbos en una sola frase. El que se traduce en ese lugar como "pregunte" o "consulte", es el que se emplea en Isa. 55:6: "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado". Lo que está diciendo realmente el Señor es: ‘Preguntad, consultad, estad atentos a Jehová, mientras puede ser hallado’.

(b) Si alguien es salvo al fin, lo será por la iniciativa de Dios; si se pierde, será por su propia iniciativa (Jer. 31:3; Juan 3:16-19).

(c) Nuestra salvación no gravita sobre el hecho de que mantengamos una relación con Dios, sino de que creamos que Él está a la puerta y llama, que lo está haciendo todo para mantener una relación con nosotros, a menos que la rechacemos (Apoc. 3:20).

¿Cómo comprendió Waggoner ese concepto?

"No sólo nos llama, sino que nos atrae. Nadie podría acudir a Él sin esa atracción. Cristo fue levantado de la tierra a fin de atraer a todos a Dios. Él gustó la muerte por todo hombre (Heb. 2:9), y mediante Él todo hombre tiene acceso a Dios. Deshizo en su propio cuerpo la enemistad –el muro que separa al hombre de Dios–, de manera que nada puede apartar de Dios al hombre, si es que éste no reedifica la barrera.

El Señor nos atrae a sí sin hacer uso de la fuerza. Llama, pero no conmina... Dios ha dispuesto la salvación para toda alma que jamás habitara este mundo" (Waggoner, Carta a los Romanos, p. 81 y 83).

"Cristo se da a todo hombre. Por lo tanto, cada uno recibe la totalidad de Cristo. El amor de Dios abarca al mundo entero, a la vez que llega individualmente a cada persona. El amor de una madre no queda mermado al dividirse hacia cada uno de sus hijos, de forma que estos no reciban más que la tercera, cuarta o quinta parte de él. No: cada hijo es objeto de todo el amor de su madre. ¡Cuánto más será así con Dios, cuyo amor es más perfecto que el de la mejor madre imaginable! (Isa. 49:15). Cristo es la luz del mundo, el Sol de justicia. Pero la luz que ilumina a un hombre en nada disminuye la que alumbra a los demás. Si una habitación está perfectamente iluminada, cada uno de sus ocupantes se beneficia de la totalidad de la luz existente, tanto como si fuese el único presente en aquel lugar. Así, la luz de Cristo alumbra a todo ser humano que viene a este mundo...

Cuán a menudo oímos a personas lamentarse en estos términos: 'Soy tan pecador que el Señor no me aceptará'. Incluso algunos que han profesado ser cristianos durante años, expresan el deseo tristemente incumplido de lograr seguridad de la aceptación por parte de Dios. Pero el Señor no ha provisto razón alguna para tales dudas. Nuestra aceptación queda asegurada por siempre. Cristo nos ha comprado, y pagó ya el precio.

¿Cuál es la razón por la que alguien va a la tienda y compra un artículo? Porque está interesado en él. Si ha pagado su precio, tras haberlo examinado, de forma que es consciente de lo que compró, ¿temerá el vendedor que el comprador no acepte el artículo? Al contrario, si le retiene el producto, el comprador protestará: '¿por qué no me entrega aquello que me pertenece?'. A Jesús no le resulta indiferente si nos entregamos o no a Él. Se interesa con un ansia infinita por cada alma que compró con su propia sangre. ‘El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido’ (Luc. 19:10)" (Waggoner, La Buenas Nuevas. Gálatas, versículo a versículo, p. 5 y 6).

Jones sostuvo la misma posición

"Siempre ha sido un engaño de Satanás el hacer pensar a la gente que Cristo está tan alejado de ellos como sea posible. Cuanto más alejado está Cristo, incluso para aquellos que profesan creer en Él, tanto más satisfecho resulta el diablo; entonces excita la enemistad que alberga el corazón natural y pone a la obra el ceremonialismo, colocándolo en el lugar de Cristo" (Jones, General Conference Bulletin, 1895, p. 478, selección).

"La mente de Dios concerniente a la naturaleza humana no está satisfecha hasta no vernos a su mano derecha, glorificados. Hay poder vivificador en esa bendita verdad. Nos hemos contentado con mantener nuestras mentes demasiado lejos de lo que Dios tiene para nosotros. Pero ahora, cuando viene y nos llama al respecto, vayamos allá donde nos guíe. Es la fe la que lo hace; no la presunción; es la única respuesta apropiada. El Pastor celestial nos lleva; nos conduce a verdes pastos y a aguas tranquilas que fluyen desde el trono de Dios. Bebamos abundantemente y vivamos...

‘A los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó, y a los que justificó a éstos también glorificó’ (Rom. 8:30). No los puede glorificar hasta no haberlos justificado. ¿Qué significa, pues este mensaje especial de justificación que Dios ha estado enviando estos [siete] años a la iglesia y al mundo? Significa que Dios está disponiéndose a glorificar a su pueblo. Pero sólo resultamos glorificados en la segunda venida del Señor; por lo tanto, este mensaje especial [de 1888] de justificación que Dios ha estado enviándonos tiene por fin el prepararnos para la glorificación en la venida del Señor. En esto, Dios nos está dando la señal más poderosa que cabe tener de que lo siguiente ha de ser la venida del Señor" (Id, p. 366-368, selección).

El Buen Pastor toma la iniciativa. "Él nos preparará; no podemos prepararnos a nosotros mismos. Por largo tiempo intentamos justificarnos, hacernos rectos, y prepararnos así para la venida del Señor. Pero nunca logramos la satisfacción, pues no se lo alcanza de ese modo. Ningún maestro o artista se detiene a contemplar el fruto de su trabajo a medio terminar, para comenzar a rechazarlo por incompleto. ¡No está aún terminado! Es inconcebible que el Supremo Artista nos haya de mirar a medio camino, como estamos, para concluir que en nuestro estado no servimos para nada. Él va adelante con su maravillosa obra. Vosotros y yo podemos decir: ‘No sé cómo va a lograr el Señor hacer de mí un cristiano, y prepararme para el cielo’. Aunque podamos parecer rudos, marchitos y afeados por cicatrices ahora, Él nos ve ya de la forma en que estamos en Cristo.

Confiando en Él, le permitiremos que lleve a cabo la obra. Ahora nos dice: ‘Permíteme que obre, y verás lo que voy a hacer’. No es de ninguna forma tarea nuestra. Podéis salir de este templo y mirar aquella ventana desde afuera. Tendréis la impresión de contemplar un oscuro y confuso amasijo de cristales sin orden. Pero contempladla iluminada desde el interior, y os deleitaréis en la obra de arte que encierra. De igual forma, vosotros y yo podemos mirarnos, y todo parece torcido, oscuro e inservible, una masa amorfa. Pero Dios lo mira tal como es en Jesús. Cuando miramos desde el interior tal como estamos en Jesús, veremos también en claros caracteres escritos por el Espíritu de Dios: ‘Justificados por la fe; estamos en paz para con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo’. Veremos toda la ley de Dios escrita en el corazón y brillando en la vida. Ese brillo se refleja procedente de Jesucristo.

En Él Dios ha perfeccionado su plan en lo concerniente a nosotros. Aceptémoslo, hermanos. Recibámoslo en la plenitud de esa fe abnegada que Jesús nos ha traído. Permitamos que el poder de ella opere en nosotros, nos resucite, y nos siente en los lugares celestiales en Jesucristo, en el lugar de su morada (Efe. 2:5 y 6)" (Id.).

El concepto, visto por E. White

"Cuando Cristo los induce a mirar su cruz y a contemplar a Aquel que fue traspasado por sus pecados,... Comienzan a entender algo de la justicia de Cristo... El pecador puede resistir a este amor, puede rehusar ser atraído a Cristo; pero si no se resiste, será atraído a Jesús; el conocimiento del plan de la salvación le guiará al pie de la cruz, arrepentido de sus pecados, los cuales causaron los sufrimientos del amado Hijo de Dios" (CC 27).