El mensaje en diez puntos

Punto 7

El amor de Dios es activo, no pasivo.

Nuestro Salvador "condenó el pecado en la carne", asegurando la resolución del conflicto en favor de la raza humana. Proscribió el pecado para siempre, venciéndolo en su último reducto en el vasto universo de Dios: nuestra carne humana caída y pecaminosa. Así, ningún ser humano tiene ahora excusa para continuar viviendo bajo el espantoso dominio del pecado. Las adicciones pecaminosas pierden su poder cuando uno tiene "la fe de Jesús".

La enseñanza bíblica

(a) Cristo vino para "deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8).

(b) ¡Lo consiguió! (Heb. 2:14 y 15).

(c) Se logró la victoria al hacer frente a toda tentación que Satanás pueda presentar a la naturaleza o "carne" pecaminosa, y triunfando sobre el pecado en ese terreno (Rom. 8:3).

(d) El resultado: Los que tienen fe en Él demuestran en sus vidas "la justicia de la ley" (vers. 4).

(e) El pueblo de Dios vencerá como Cristo venció (Apoc. 3:21).

(f) Al tener una fe como esa, uno no puede seguir bajo el dominio del pecado (Rom. 6:14).

(g) El resultado de la purificación del santuario celestial será la preparación de un pueblo para la traslación. Ese pueblo, por la fe en Cristo, desarrollará un carácter maduro o perfecto (Heb. 6:1; 7:25; 10:1; 11:39, 40; 13:20, 21).

(h) Esa demostración honrará a Cristo, el Esposo (Apoc. 14:1-5; 19:7 y 8).

El mensaje de Jones y Waggoner

" ‘Por lo tanto, hermanos santos, participantes del llamado celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, a Jesús’. Hacer esto como la Biblia lo indica, considerar a Cristo continua e inteligentemente, tal como Él es, lo transformará a uno en un Cristiano perfecto" (Waggoner, Cristo y su justicia, p. 3).

"[Cristo] constituyó y consagró un camino por el cual, en Él, todo creyente puede, en este mundo y durante toda la vida, vivir una vida santa, inocente, limpia, apartada de los pecadores, y como consecuencia ser hecho con Él más sublime que los cielos.

La perfección, la perfección del carácter, es la meta cristiana. Perfección lograda en carne humana en este mundo. Cristo la logró en carne humana en este mundo constituyendo y consagrando así un camino por el cual, en Él, todo creyente pueda lograrla. Habiéndola obtenido, se hizo nuestro Sumo Sacerdote en el sacerdocio del verdadero santuario, para que nosotros la podamos obtener" (Jones, El Camino consagrado a la perfección cristiana, p. 62).

E. White, en armonía

"Dios fue manifestado en carne para condenar el pecado en la carne, manifestando una perfecta obediencia a toda la ley de Dios. Cristo no pecó, ni fue hallado engaño en su boca. No corrompió la naturaleza humana, y aunque en la carne, no transgredió la ley de Dios en ningún particular. Más aún, eliminó toda posible excusa que el hombre caído pudiera evocar, a modo de razón para no obedecer la ley de Dios... Este testimonio concerniente a Cristo muestra llanamente que condenó el pecado en la carne. Nadie puede decir que está inevitablemente sujeto a la esclavitud del pecado y de Satanás. Cristo asumió las responsabilidades de la raza humana... Testifica que mediante se justicia imputada el alma creyente obedecerá los mandamientos de Dios" (ST 16 enero 1896).

"[Cristo] hizo una ofrenda tan completa que mediante su gracia todos pueden alcanzar la norma de la perfección. De todos aquellos que reciben su gracia y siguen su ejemplo, se escribirá en el libro de la vida: ‘Completos en Él –sin mancha ni arruga–... Él nos puede llevar a la restauración completa" (RH 30 mayo 1907).

"Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del Dios santo sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios y su propio y diligente esfuerzo deberán ser vencedores en la lucha con el mal" (CS 478).