El mensaje en diez puntos

Punto 8

Por lo tanto, la verdadera justificación por la fe es siempre un cambio de corazón.

Finalmente la iglesia conocerá una motivación superior a la que ha sido prevalente en el pasado: la preocupación porque Cristo reciba su recompensa y entre en su "reposo", en la erradicación final del pecado. Toda motivación egocéntrica basada meramente en el temor al castigo o la esperanza de recompensa es de naturaleza inferior. La motivación de orden superior se encuentra reflejada en el clímax de la Escritura: la Esposa de Cristo, por fin preparada.

La enseñanza bíblica

(a) El aprecio del singular amor de Cristo (agape) libera de la motivación egocéntrica (2 Cor. 5:14, 15).

(b) Dios desea que su pueblo vaya más allá de una motivación inmadura y pueril (Efe. 4:13-15).

(c) "Todo el que se nutre de leche, es incapaz de entender la doctrina de la justificación, porque aún es niño" (Heb. 5:12-6:3).

(d) El clímax del plan de la salvación es "la boda del Cordero" (Apoc. 19:7).

(e) La causa por la que se ha demorado es que "su novia [aún no] se ha preparado" (vers. 7).

(f) La preparación consiste en la experiencia de la justicia por la fe (dikaiosune) que culmina en "las justificaciones de los santos" (dikaiomata). La justicia imputada resulta por fin en algo vivido, en justicia impartida (Apoc. 19:8; Rom. 8:4). En cada caso es justicia por la fe.

(g) Ese triunfo glorioso va paralelo a la obra de sellamiento, como culminación de la purificación del santuario (Dan. 8:14; Apoc. 7:1-4; 14:1-5, 12).

(h) Satanás pretende que al hombre caído le es imposible obedecer la ley de Dios; un pueblo guardador de la ley de Dios demuestra la falsedad de su aserto (Rom. 13:10; Apoc. 15:1-4).

La comprensión de Jones y Waggoner

"Cuando Jesús venga, será para tomar a su pueblo consigo. Para presentarse a sí mismo una iglesia gloriosa ‘que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha’ [citando Efe. 5:25-27, 32]. Es para verse a sí mismo perfectamente reflejado en todos sus santos.

Y antes de que venga, su pueblo debe estar en esa condición. Antes de que venga debemos haber sido llevados a ese estado de perfección, a la plena imagen de Jesús. Efe. 4:7, 8, 11-13. Y ese estado de perfección, ese desarrollo en todo creyente de la completa imagen de Jesús, eso es la consumación del misterio de Dios, que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Esa consumación halla su cumplimiento en la purificación del santuario...

La purificación del santuario consiste precisamente en el borramiento de los pecados: en acabar la transgresión en nuestras vidas; en poner fin a todo pecado en nuestro carácter; en la venida de la justicia misma de Dios que es por la fe en Jesucristo... Por lo tanto, ahora, como nunca antes, debemos arrepentirnos y convertirnos, para que nuestros pecados sean borrados, para que se les pueda poner fin por completo en nuestras vidas" (Jones, El Camino consagrado a la perfección cristiana, p. 88 y 89).

"Cuando [el Testigo fiel y verdadero] viene y os habla a vosotros y a mí, es porque quiere trasladarnos; pero no puede trasladar el pecado ¿comprendéis? Por lo tanto, su único propósito al mostrarnos las dimensiones del pecado, es el poder salvarnos de él y trasladarnos" (Jones, General Conference Bulletin, 1893, p. 205).

"Satanás acusa ahora a Dios de injusticia e indiferencia, incluso de crueldad. Miles de personas han dado eco a la acusación. Pero el juicio declarará la justicia de Dios. Su carácter, tanto como el del hombre, está en tela de juicio. En el juicio, todo acto –de Dios y de los hombres– realizado desde la creación, será visto de todos en su auténtico significado. Y cuando todo se vea en esa perfecta luz, Dios será absuelto de toda acusación, incluso por sus enemigos" (Waggoner, Signs of the Times, 9 enero 1896).

Así lo presentó E. White

" ‘Cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada’ (Mar. 4:29). Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos.

Todo cristiano tiene la oportunidad no sólo de esperar, sino de apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo" (PVGM 47).

"[Jesús] alzó entonces su brazo derecho, y oímos su hermosa voz decir: ‘Aguardad aquí; voy a mi Padre para recibir el reino; mantened vuestras vestiduras inmaculadas, y dentro de poco volveré de las bodas y os recibiré a mí mismo’ " (PE 55).

"Vi que mientras Jesús estuviera en el santuario se desposaría con la nueva Jerusalén, y una vez cumplida su obra en el lugar santísimo descendería a la tierra con regio poder para llevarse consigo las preciosas almas que hubiesen aguardado pacientemente su regreso" (Id, p. 250).

"Mientras Cristo oficiaba en el santuario [en el lugar santísimo], había proseguido el juicio de los justos muertos y luego el de los justos vivientes. Cristo, habiendo hecho expiación por su pueblo y habiendo borrado sus pecados, había recibido su reino. Estaba completo el número de los súbditos del reino, y consumado el matrimonio del Cordero. El reino y el poderío fueron dados a Jesús y a los herederos de la salvación, y Jesús iba a reinar como Rey de reyes y Señor de señores" (Id, p. 280).