La Biblia enseña claramente que la justicia viene por la fe. Por lo tanto, el elemento que el pueblo de Dios necesita para estar preparado para la segunda venida de Cristo es la fe genuina. El mensaje que el mundo necesita escuchar es la verdad de la justicia por la fe a la luz de la purificación del santuario: "el mensaje del tercer ángel en verdad". Es necesario comprender la fe en su verdadero significado bíblico, como la apreciación de corazón del amor (agape) de Cristo.
La enseñanza bíblica
(a) "Nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia que viene por la fe" (Gál. 5:5).
(b) "Por gracia habéis sido salvados por la fe". Es "con el corazón" como creemos (Efe. 2:8; Rom. 10:10).
(c) El pueblo de Dios, al tiempo del fin, se distinguirá por poseer una fe tal (Apoc. 14:12).
(d) Esa fe es una experiencia en constante crecimiento y desarrollo (Rom. 1:16 y 17).
(e) La plegaria constante de los que tienen fe es: "¡Ayuda mi poca fe!" (Mar. 9:23 y 24).
(f) La fe salvífica está íntimamente relacionada con el amor (agape); de hecho, es una respuesta al mismo (Juan 3:16; Efe. 6:23; 1 Tes. 1:3; 5:8; 2 Tes. 1:3; Fil. 5).
(g) El agape "está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo" venido verticalmente desde el cielo, y fluyendo inmediatamente en sentido horizontal hacia nuestros semejantes. La respuesta hacia Dios es la fe (Rom. 5:5; Col. 1:4).
(h) La traslación, en la segunda venida de Cristo, será la experiencia final de la fe madura (Heb. 11:5; 1 Tes. 4:14-17).
(i) ¿Cómo podemos comprender la "justificación por la fe", a menos que comprendamos en qué consiste la fe?
La comprensión de Jones y Waggoner
"Resumimos así el argumento: (1) La fe en Dios viene por el conocimiento de su poder; desconfiar de Él implica ignorancia acerca de su poder para cumplir sus promesas; nuestra fe en Él será proporcional al conocimiento real que tengamos de su poder. (2) La contemplación inteligente de la creación de Dios nos da un verdadero concepto de su poder, porque su poder eterno y su divinidad se entienden por las cosas que Él creó. Rom. 1:20. (3) Es la fe la que da la victoria [1 Juan 5:4]; por lo tanto, como la fe viene por conocer el poder de Dios, a partir de su palabra y de las cosas que Él creó, viene a resultar que ganamos la victoria por la obra de sus manos. El sábado, entonces, que es el memorial de la creación, observado apropiadamente, es una gran fuente de fortaleza en la batalla del cristiano" (Waggoner, Cristo y su justicia, p. 15).
"Debiera ciertamente desecharse toda duda con respecto a si Dios nos acepta. Pero no sucede así. El impío corazón incrédulo alberga todavía dudas. 'Creo todo esto, pero...' –Detengámonos aquí: si realmente creyeras, no habría ningún 'pero'; Cuando se añade el 'pero' a la declaración de creer, realmente se quieren decir: 'Creo, pero no creo.' Continúas así: 'Tal vez estés en lo cierto, pero... Creo las declaraciones bíblicas que has citado, pero la Biblia dice que si somos hijos de Dios tendremos el testimonio del Espíritu, y tendremos el testimonio en nosotros; y yo no siento tal testimonio, por lo tanto no puedo creer que sea de Cristo. Creo su palabra, pero no tengo el testimonio'...
En cuanto a que crees sus palabras, aun dudando de si te acepta o no –porque no sientes el testimonio del Espíritu en tu corazón–, permíteme que insista en que no crees. Si creyeras, tendrías el testimonio. Escucha su palabra: ‘El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios lo hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.’ (1 Juan 5:10)" (Id, p. 29, 30).
"La fe ‘es don de Dios’ (Efe. 2:8); y en las Escrituras está claro que se da a todos: ‘la medida de fe que Dios repartió a cada uno’ (Rom. 12:3). Esa ‘medida de fe que Dios repartió a cada uno’, es el capital con el que dota, de principio, ‘a todo hombre que viene a este mundo’; y se espera que todos negocien con ese capital, que lo cultiven, para salvación de su alma.
No hay el más mínimo riesgo de que el capital se reduzca al utilizarlo: tan pronto se lo use, se incrementará, ‘va creciendo mucho vuestra fe’. Y tan ciertamente como crece, se conceden justicia, paz y gozo en el Señor, para salvación plena del alma" (Jones, Lecciones sobre la fe, p. 17).
"Hay muchos que aman sinceramente al Señor, que lo aceptan humildemente, y que no obstante observan otro día diferente al que Dios ha dado como el sello del reposo en Él. Es porque, sencillamente, todavía no han aprendido la expresión plena y cabal de la fe... Cuando oigan la advertencia misericordiosa de Dios, abandonarán el símbolo de la apostasía como lo harían con un pozo de agua, al saberlo contaminado" (Waggoner, Lecciones sobre la fe, p. 77, 78).
"¿Está al alcance de todo creyente la gracia suficiente para guardarlo del pecado? Sí, ciertamente. Todos pueden tener la gracia suficiente para ser guardados de pecar. Se ha dado gracia abundante, y precisamente con ese propósito. Si alguien no la posee, no es porque no se haya dado suficiente medida de ella...
Es también dada ‘para perfección de los santos’. Su objetivo es llevar a cada uno a la perfección en Cristo Jesús –a esa perfección que es la medida plena de Dios, ya que se da para la edificación del cuerpo de Cristo, ‘hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo’...
Si el pecado tiene todavía el dominio en alguno, ¿donde radicará el problema? Sólo puede radicar en esto: en que no permita que la gracia obre por él, y en él, aquello para lo que fue dada. Frustra la gracia de Dios por su incredulidad...
Pero el poder de Dios lo es ‘para salud a todo aquel que cree’. La incredulidad frustra la gracia de Dios. Muchos creen y reciben la gracia de Dios para los pecados pasados, pero se contentan con eso, y no permiten que el reinado de la gracia contra el poder del pecado ocupe en su alma el mismo lugar que tuvo para salvarle de los pecados pasados. Esa no es sino otra fase de la incredulidad. Así, en lo que respecta al gran objetivo final de la gracia –la perfección de la vida a la semejanza de Cristo–, en la práctica reciben la gracia de Dios en vano" (Id, p. 86-88).
"Agradezcamos al Señor por su trato hacia nosotros, aún hoy, a fin de salvarnos de nuestros errores, de nuestros peligros, de incurrir en cursos de acción incorrectos, y por derramar sobre nosotros la lluvia tardía, a fin de que podamos ser trasladados. Eso es lo que el mensaje [de 1888] significa para mí y para vosotros: traslación. Hermanos, recibámoslo de todo corazón, y agradezcamos por ello a Dios" (Jones, General Conference Bulletin, 1893, p. 185).
"El señor no puede guardarnos sin pecado cuando no lo creemos" (Id, p. 207).
"Recibimos la promesa del Espíritu mediante la fe... Es por la mente de Cristo como podemos comprender, investigar y revelar las cosas profundas de Dios que Él trajo a nuestra comprensión, desplegándolas llanamente ante nosotros. Eso es lo que hemos de tener, a fin de gozar de la presencia de Cristo, a fin de tener la justicia de Cristo, a fin de que podamos recibir la lluvia tardía y dar el fuerte pregón" (Id, p. 246).
"El corazón que mora plenamente en Cristo manifestará el mayor fervor y actividad en servicio a Él. En eso consiste la fe real. Es la fe que os traerá el derramamiento de la lluvia tardía... para prepararnos para el fuerte pregón y llevar adelante el mensaje del tercer ángel de la única manera en la que es posible hacerlo a partir de esta Asamblea" (Id, p. 302).
Posición de E. White
"Hay verdades antiguas, que no obstante son nuevas, esperando aún ser añadidas al tesoro de nuestro conocimiento. No comprendemos o ejercemos la fe como debiéramos... No se nos llama a adorar y servir a Dios mediante el uso de los medios empleados en los años pasados. Dios requiere hoy un servicio más elevado que nunca antes. Requiere el mejoramiento de los dones celestiales. Nos ha llevado a una posición en la que necesitamos superiores y mejores cosas de las que nunca antes hayamos tenido necesidad" (RH 25 febrero 1890).
"A partir de la palabra de Dios han de brillar grandes verdades que han pasado desapercibidas y sin ser vistas desde el día de Pentecostés" (Fundamentals of Christian Education, p. 473).
"Hemos estando oyendo su voz más definidamente en el mensaje que ha estado avanzando en los dos últimos años [1888-1890], declarándonos el nombre del Padre... ¡Ojalá pudiéramos reunir nuestras fuerzas de fe, y afirmar nuestros pies en la sólida Roca que es Jesucristo! Debéis creer que Él os guardará sin caída. La razón por la cual no tenéis mayor fe en las promesas de Dios es porque vuestras mentes están separadas de Dios, y es así como lo desea el enemigo. Él ha arrojado su sombra entre nosotros y nuestro Salvador, a fin de que no podamos discernir lo que Cristo es para nosotros, o lo que puede ser. El enemigo no desea que comprendamos el consuelo que encontraremos en Cristo. No hemos hecho más que comenzar a captar un leve destello de lo que es la fe... Durante unos dos años hemos estado urgiendo al pueblo a venir y aceptar la luz concerniente a la justicia de Cristo [el mensaje de 1888], y no saben si venir y aferrarse a esa preciosa verdad o no... ¿no nos levantaremos y nos desharemos de esa postura de incredulidad?" (RH 11 marzo 1890).
"Nadie ha dicho que vayamos a encontrar perfección en las investigaciones de ningún hombre, pero una cosa sé: que nuestras iglesias están muriendo por falta de la enseñanza sobre el tema de la justicia por la fe en Cristo, y sobre verdades relacionadas" (Id, 25 marzo 1890).