El mensaje de 1888 es especialmente "precioso" por armonizar la genuina noción bíblica sobre la justificación por la fe con el concepto singular de la purificación del santuario celestial. Esa es una verdad bíblica que el mundo está esperando descubrir. Conforma el elemento esencial de la verdad que tiene aún que alumbrar la tierra con la gloria de la presentación final y plena del "evangelio eterno" de Apocalipsis 14 y 18.
La enseñanza bíblica
(a) El antiguo santuario hebreo y sus servicios eran un tipo o modelo del ministerio del plan de la salvación, en el santuario celestial (Lev. 25:8 y 9).
(b) El sacerdote servía "en un Santuario que es copia y sombra de lo que hay en el cielo" (Heb. 8:5).
(c) Cristo es el verdadero Sumo Sacerdote del plan de la salvación (Heb. 3:1; 4:14-16; 5:5-10; 7:24-28; 8:1 y 2, etc).
(d) El día final del juicio de Dios estaba tipificado por el día anual hebreo de la expiación (Lev. 16:26-32).
(e) Para el pueblo de Dios arrepentido, ese día significaba una preparación especial, un juicio de absolución, vindicación, y una limpieza del corazón (Lev. 16:29-31).
(f) La profecía de Daniel señalaba el comienzo del día real (antitípico) cósmico de la expiación, al final de los 2.300 años, en 1844 (Dan. 8:14).
(g) Estamos hoy viviendo en la era más importante de la historia del mundo, cuando el plan de la salvación tiene que ser llevado a su conclusión con la victoria de Cristo (Heb. 9:11-15; 23-28).
(h) La preparación o purificación del corazón para la segunda venida de Cristo será un ministerio especial de justificación por la fe, apropiado al día de la expiación (Heb. 10:36-38; 11:22-28; Apoc. 14:6, 7, 12).
Así lo expresó Jones
"Si el Señor ha traído a nuestro conocimiento pecados en los que nunca antes habíamos pensado, eso muestra simplemente que está avanzando en profundidad y que alcanzará el fondo al fin, y cuando encuentre lo último impuro o sucio, que está en desarmonía con su voluntad, y al revelárnoslo digamos: ‘prefiero al Señor que a eso’, la obra entonces será completa y el sello del Dios viviente puede ponerse sobre ese carácter [Congregación: ‘Amén’]. ¿Qué vais a preferir, un carácter... ? [algunos en la congregación empezaron a alabar al Señor, y otros a mirar a otra parte] –No os preocupéis. Si muchos más de entre vosotros agradeciese al Señor por lo recibido, habría más gozo en esta casa esta noche.
¿Qué preferiréis, la plenitud, la perfecta plenitud de Jesucristo, o bien tendréis menos que eso, con algunos de vuestros pecados encubiertos sin que jamás sepáis de ellos? Si hay allí manchas de pecado, no podemos tener el sello de Dios. Él no puede poner el sello, la marca de su carácter perfecto sobre nosotros, hasta no verlo allí. Así, ha de profundizar en lo hondo hasta lugares en los que nunca antes soñamos, puesto que no podemos comprender nuestros corazones. Pero el Señor conoce el corazón. Pone a prueba la conciencia. Limpiará el corazón, y mostrará hasta el último vestigio de maldad. Permitámosle llevar adelante su obra investigadora" (Jones, General Conference Bulletin, 1893, sermón nº 17, selección).
Lo que facilita nuestra elección. "No hay [dificultad] en elegir, una vez que conocemos lo que ha hecho el Señor, y lo que Él es para nosotros. La elección es entonces fácil. Sea la entrega completa. Y al aflorar esos pecados, –¿por qué?, los abandonamos hace tiempo. Para eso es para lo que son traídos, para que podamos hacer la elección. Tal es la bendita obra de la santificación. Si el Señor quitase nuestros pecados sin nuestro conocimiento, ¿qué bien nos haría eso? Significaría sencillamente convertirnos en máquinas.
Somos en todo caso instrumentos inteligentes; no somos como un pico o una pala. El Señor nos empleará de acuerdo a cuál sea nuestra elección" (Id).
La justificación por la fe y el día de la expiación. "Esa purificación del santuario [en el servicio típico terrenal] consistía en la limpieza y eliminación del santuario ‘de las inmundicias de los hijos de Israel, y de sus rebeliones, y de todos sus pecados’ que, mediante el ministerio sacerdotal habían sido llevados al santuario durante el año.
La consumación de esta obra, de y para el santuario, era también la consumación de la obra para el pueblo... la purificación del santuario afectaba al pueblo y lo incluía tan ciertamente como al santuario mismo...
Esa purificación del santuario era una figura del verdadero, que es la purificación del santuario –y verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre–, de toda impureza de los creyentes en Jesús, a causa de sus transgresiones en todos sus pecados. Y el momento de esa purificación del verdadero santuario, en palabras de Aquel que no puede equivocarse, es: ‘hasta 2.300 días, y el santuario será purificado’ –el santuario de Cristo–, en el año 1844 de nuestra era...
Esa obra consiste en ‘acabar la prevaricación, poner fin al pecado, expiar la iniquidad, traer la justicia de los siglos, sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos’. Eso puede solamente realizarse en la consumación del misterio de Dios, en la purificación del verdadero santuario cristiano. Y eso se efectúa en el verdadero santuario, precisamente acabando la prevaricación (o transgresión) y poniendo fin a los pecados en el perfeccionamiento de los creyentes en Jesús, de una parte; y de la otra parte, acabando la prevaricación y poniendo fin a los pecados en la destrucción de los malvados y la purificación del universo de toda mancha de pecado que jamás haya existido.
La consumación del misterio de Dios es el cumplimiento final de la obra del evangelio. Y la consumación de la obra del evangelio es, primeramente, la erradicación de todo vestigio de pecado y el traer la justicia de los siglos, es decir, Cristo plenamente formado en todo creyente, Dios sólo manifestado en la carne de cada creyente en Jesús; y en segundo lugar, y por otra parte, la consumación de la obra del evangelio significa precisamente la destrucción de todos quienes hayan dejado de recibir el evangelio (2 Tes. 1:7-10), ya que no es la voluntad del Señor preservar la vida a hombres cuyo único fin sería acumular miseria sobre sí mismos...
En el servicio del santuario terrenal vemos también que para producirse la purificación, completándose así el ciclo de la obra del evangelio, debía primero alcanzar su cumplimiento en las personas que participaban en el servicio. En otras palabras: En el santuario mismo no se podía acabar la prevaricación, poner fin al pecado, expiar la iniquidad ni traer la justicia de los siglos, hasta que todo ello se hubiese cumplido en cada persona que participaba del servicio del santuario. El santuario mismo no podía ser purificado antes de que lo fuera cada uno de los adoradores. El santuario no podía ser purificado mientras se continuase introduciendo en él un torrente de iniquidades, transgresiones y pecados, mediante la confesión del pueblo y la intercesión de los sacerdotes. La purificación del santuario como tal, consistía en la erradicación y expulsión de todas las transgresiones del pueblo, que por el servicio de los sacerdotes se había ido introduciendo en el santuario, en el servicio de todo el año. Y ese torrente debe detenerse en su origen, en los corazones y vidas de los adoradores, antes de que el santuario mismo pueda ser purificado.
De acuerdo con lo anterior, lo primero que se efectuaba en la purificación del santuario, era la purificación del pueblo...
Tal es precisamente el objetivo del verdadero sacerdocio en el verdadero santuario. Los sacrificios, el sacerdocio y el ministerio en el santuario que no era más que una mera figura para aquel tiempo presente, no podían realmente quitar el pecado, no podían hacer perfectos a los que se allegaban a él. Pero el sacrificio, el sacerdocio y el ministerio de Cristo en el verdadero santuario, quita los pecados para siempre, hace perfectos a cuantos se allegan a él, hace ‘perfectos para siempre a los santificados’ (Jones, El Camino consagrado a la perfección cristiana, p. 81-85).
Coincidencia de Waggoner
"Cuando Cristo nos cubre con el manto de su propia justicia, no provee un capote para el pecado, sino que quita el pecado. Y eso muestra que el perdón de los pecados es más que una simple forma, más que una simple consigna en los libros de registro del cielo, al efecto de que el pecado sea cancelado. El perdón de los pecados es una realidad; es algo tangible, algo que afecta vitalmente al individuo. Realmente lo absuelve de culpabilidad; y si es absuelto de culpa, es justificado, es hecho justo: ciertamente ha experimentado un cambio radical. Es en verdad otra persona" (Waggoner, Cristo y su justicia, p. 26).
"Aunque todo el registro de nuestro pecado –bien que escrito con el dedo de Dios– fuera borrado, el pecado permanecería puesto que está en nosotros. Aunque estuviese grabado en la roca, y ésta fuese molida hasta el polvo, ni siquiera eso borraría nuestro pecado.
El borramiento del pecado es su borramiento de la naturaleza, del ser humano [otras declaraciones hechas en 1901 demuestran que no se trataba de la erradicación de la naturaleza pecaminosa].
El borramiento de los pecados es su extirpación de nuestras naturalezas, de tal forma que no sepamos más de ellos. ‘Purificados de una vez’ por la sangre de Jesús, ‘no tendrían más conciencia de pecado’ (Heb. 10:2 y 3), puesto que han sido librados del camino de pecado. Se buscará su iniquidad, y no aparecerá. Les habrá sido quitada para siempre, será extraña a sus nuevas naturalezas, e incluso aunque puedan ser capaces de recordar el hecho de que hayan cometido ciertos pecados, habrán olvidado el pecado mismo. Nunca más pensarán en volverlos a cometer. Tal es la obra de Cristo en el verdadero santuario" (Waggoner, RH 30 setiembre 1902).
"Que Dios tiene un santuario en los cielos, y que Cristo es allí sacerdote, no puede dudarlo nadie que lea las Escrituras... Por lo tanto, se deduce que la purificación del santuario –una obra que las Escrituras exponen como precediendo inmediatamente a la venida del Señor– es coincidente con la total purificación del pueblo de Dios en esta tierra, y su preparación para la traslación cuando venga el Señor...
La vida [carácter] de Jesús ha de ser reproducida perfectamente en sus seguidores, no sólo por un día, sino por todo el tiempo y la eternidad" (Waggoner, The Everlasting Covenant, p. 365-367).
"No tenemos aquí el espacio ni el tiempo para entrar en los detalles, pero baste decir que relacionando Daniel 9:24-26 con Esdras 7 se concluye que los días mencionados en la profecía comenzaron en el año 457 antes de Cristo, de forma que llevan hasta el año 1844 de nuestra era... Pero alguien preguntará: ¿Qué relación guarda 1844 con la sangre de Cristo? Y puesto que su sangre no es más eficaz en un tiempo que en otro, ¿cómo podemos decir que en cierto momento el santuario será purificado? ¿Acaso no ha estado purificando la sangre de Cristo continuamente el santuario viviente, la iglesia? La respuesta es que hay una cosa tal como ‘el tiempo del fin’. El pecado ha de tener un final, y la obra de purificación estará un día completa... Es un hecho que desde la mitad del último siglo ha estado brillando nueva luz, y la verdad sobre los mandamientos de Dios y la fe de Jesús se ha revelado como nunca antes, y se está proclamando el fuerte pregón del mensaje: ‘¡Veis aquí el Dios vuestro!’ " (Waggoner, British Present Truth, 23 mayo 1901).
E. White apoyó ese mensaje
"El perdón tiene un significado mucho más abarcante del que muchos suponen... El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el cual libra de la condenación. No es sólo el perdón por el pecado. Es también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor que transforma el corazón" (El discurso maestro de Jesucristo, p. 97).
"El pueblo de Dios debería comprender claramente el asunto del santuario y del juicio investigador. Todos necesitan conocer por sí mismos el ministerio y la obra de su gran Sumo Sacerdote. De otro modo, les será imposible ejercitar la fe tan esencial en nuestros tiempos, o desempeñar el puesto al que Dios lo llama...
El santuario en el cielo es el centro mismo de la obra de Cristo a favor de los hombres [la justificación por la fe]. Concierne a toda alma que vive en la tierra. Nos revela el plan de la redención, nos conduce hasta el fin mismo del tiempo y anuncia el triunfo final de la lucha entre la justicia y el pecado...
La correcta comprensión del ministerio del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe" (El evangelismo, p. 165).
"Estamos en el día de la expiación, y debemos actuar en armonía con la obra de Cristo en la purificación del santuario de los pecados del pueblo. Que nadie que desee ser hallado vestido con el traje de boda, resista al Señor en su obra especial. Como es él, así deben ser sus seguidores en este mundo. Hemos de exponer ahora ante la gente la obra que por la fe vemos cumplir a nuestro Sumo Sacerdote en el santuario celestial" (RH 21 enero 1890).
"Cristo está en el santuario celestial, y está allí para hacer expiación por el pueblo... Está limpiando el santuario de los pecados del pueblo. ¿Cuál es nuestra obra? Nuestra obra consiste en estar en armonía con la obra de Cristo. Debemos obrar con él por la fe, estar unidos a él... Debe prepararse un pueblo para el gran día de Dios." (Id, 28 enero 1890).
"La obra intercesora de Cristo, los grandes y santos misterios de la redención, no son comprendidos ni estudiados por el pueblo que pretende tener más luz que cualquier otro pueblo sobre la faz de la tierra." (Id, 4 febrero 1890).
"Cristo está purificando el templo en el cielo de los pecados del pueblo, y debemos obrar en armonía con él en la tierra, purificando el templo del alma de su contaminación moral." (Id, 11 febrero 1890).
"El pueblo no ha entrado en el lugar santo [santísimo], donde Jesús ha entrado para hacer expiación por sus hijos. A fin de comprender las verdades para este tiempo, necesitamos el Espíritu Santo. Pero hay sequía espiritual en las iglesias." (Id, 25 febrero 1890).
"Está irradiando luz desde el trono de Dios, y ¿para qué?, para que haya un pueblo preparado para permanecer en pie en el día de Dios." (Id, 4 marzo 1890).
"Habéis estado recibiendo luz del cielo en el último año y medio, a fin de que el Señor pueda conduciros a su carácter y entretejerlo en vuestra experiencia...
Si nuestros hermanos fuesen todos obreros juntamente con Dios, no dudarían de que el mensaje que nos ha enviado en los últimos dos años es del cielo...
Supongamos que borraseis el testimonio que se ha dado en estos dos últimos años proclamando la justicia de Cristo, ¿a quién podríais señalar entonces como portador de luz especial para el pueblo?" (Id, 18 marzo 1890).