La carta fluía en la expresión pintoresca típica del joven habitante de un pueblo africano cuya precaria segunda lengua es el inglés, pero su lectura me sacudió como cuando el dentista te alcanza el nervio sensible de un diente.
Así comenzaba y terminaba la carta:
"Queridos seguidores de Cristo: Soy un joven recién convertido al cristianismo. Me enfrento a problemas y necesito ayuda… ¿Puedo contar con vosotros?
[Firmado] Magara"
Se me hacía difícil responder a las preguntas que formulaba entre ese principio y ese final, por lo alejado que estoy de su mundo real: el de aquel remoto poblado africano. Pero le debía una respuesta, ya que Jesucristo es el "Salvador de todos los hombres", y espera que sus ministros tengan una palabra de aliento incluso para el adolescente del poblado africano. Magara planteaba esta primera cuestión:
(1) "La Biblia señala el deber de auxiliar a quienes están en dificultades. Supongamos que recorriendo un camino me encuentro con alguien que carga un barril de pombe [cerveza nativa]. ¿Debiera ayudarle?"
Tuve ocasión de conocer de primera mano la vida en un poblado africano. Es muy alta la probabilidad de que ese "alguien que carga un barril" de cerveza resulte ser su tía entrada en años, o quizá su abuela. Vender cerveza es todo cuanto saben hacer para obtener algún dinero con el que comprar jabón o sal. Supongamos que Magara, el joven recién convertido al cristianismo, rehúsa implicarse en aquel negocio de la forma que sea: 'No, querida abuela, no puedo ayudarte más con las bebidas alcohólicas'. Ella protestará: '¡Vaya cristiano amable, que se niega a ayudar a su pobre y fatigada abuela!'
(2) "Supongamos que un sábado, de regreso de la iglesia, me encuentro con alguien que carga un pesado saco de maíz camino del mercado. ¿Puedo ayudarle?"
Una vez más es muy probable que se trate de un pariente, quizá la misma abuela o tía entrada en años: 'No, querida tía, me hice cristiano y justo hoy no puedo ayudarte a transportar esa carga. No hasta mañana'. ¿Crees que las preguntas de Magara tienen una respuesta fácil? Sitúate en el poblado africano y verás que no es así.
Pero la última pregunta me dejó todavía más perplejo, ya que cristaliza en un microcosmos el gran conflicto entre Cristo y Satanás, y representa un desafío para cualquier seguidor sincero de Cristo al margen de donde viva.
(3) "¿Cómo puede uno evitar volver a caer en el mal tras haber creído en Cristo?"
¿Qué está preguntando realmente Magara? La población en la que vive viene a ser lo que el apóstol Juan llama "el mundo" que no debemos amar. Es probable que ese poblado de Magara sea más "el mundo", que la ciudad en la que tú vives, incluso si estuviera plagada de sex-shops, de pornografía o de salones para fantásticos masajes cuyos anuncios solicitan tu atención al recorrer las calles.
Magara no necesita representaciones pornográficas en una revista o pantalla electrónica, ni precisa gastarse un centavo en algo parecido. Ese tipo de placeres vicariantes resultaría ridículo en su ambiente, que pone a su disposición el artículo genuino. Muchas chicas del poblado--incluso profesas cristianas--están listas a ofrecerse a Magara--en todo momento de forma gratuita. Y él conoce bien cuán seductoras son sus artimañas. La mayoría de sus amigos cristianos no tiene reparos en "volver a caer en el mal" después de haber creído en Cristo.
El impacto abrumador de casi una década de cristianismo en África ha fijado en las mentes la idea de que continúas pecando tras hacerte cristiano. La única diferencia es que ahora estás salvo en tus pecados y no perdido en ellos, con tal que mantengas al día una buena relación con Dios mediante las debidas confesiones en la iglesia--o bien al sacerdote--penitencias y asistencia a los servicios de culto, especialmente en Navidad y Pascua.
¡No dejas de ser humano al hacerte cristiano! Las chicas del poblado de Magara tienen una forma discreta de tantearle: 'Está bien, ahora eres cristiano, pero sigues siendo tú, ¿no es así, gran chico?'
El pastor de una de las iglesias más grandes de África lamentó recientemente de forma pública que nueve de cada diez novias que recorrían el pasillo de la catedral lo hacían embarazadas. Y un obispo se quejaba en un diario de que la mayoría de los 'grandes chicos' implicados en desfalcos y corrupción profesan el cristianismo. La idea común es que, por descontado, no se espera que dejes de pecar cuando te haces cristiano, ya que es imposible dejar de pecar. ¿Acaso no lo sabe todo el mundo?
Pero a Magara su conciencia le inquieta. Ha descubierto en la Biblia una pregunta clara y su respuesta directa: "¿Perseveraremos en pecado para que abunde la gracia? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?" (Romanos 6:1-3).
Magara ha llegado hasta ese punto en su Biblia y se siente concernido. Sigue siendo humano; eso lo sabe bien, quizá dolorosamente bien. No pasó mucho tiempo tras su bautismo hasta volver a hundirse en "el mal". Sigue poseyendo una naturaleza humana con la que contender. Incluso ha descubierto algo más: el mal deseo parece haberse exacerbado, y las tentaciones parecen ahora más seductoras que nunca. Ha oído hablar del teólogo africano que regresó del seminario desde el otro lado del océano, afirmando abiertamente que las "caídas ocasionales" en el pecado cuentan con respaldo bíblico y que forman parte del proceso; que simplemente no puedes esperar vencer todas las tentaciones y que a lo más que puedes aspirar ahora es a ser algo más discreto.
Magara se da cuenta de que "caídas ocasionales" es un concepto bastante relativo. La interpretación queda abierta a los deseos personales de cada uno: una vez por semana … quizá una vez al día …
Según su carta, Magara teme ese tipo de derrotas, pues lo dejan con un sentimiento de suciedad, y abrumado por la culpabilidad y la angustia. Aunque los pastores afirmen que Cristo lo salva a uno en sus pecados debido a que Él lo hizo todo en tu lugar, y por la razón de que seguir transgrediendo es todo cuanto puedes hacer, Magara necesita saber si hay "buenas nuevas" mejores que esas. Si Cristo es incapaz de salvarte ahora de pecar, ¿cómo puedes estar seguro de que va a resucitarte posteriormente? ¿Cómo será la vida futura si los "salvos" no dejaron de pecar?
Lo más parecido a buenas nuevas que ha oído, es lo que el obispo Fulton Sheen publicó bajo un titular atrayente: "Una mirada [a la virgen María] y sabemos que … debido a que ella era sin pecado, podemos ser menos pecaminosos"[1].
De ser eso cierto, Magara no debiera crearse expectativas muy elevadas. Lo mejor que puede esperar es cierta disminución gradual, ser "menos pecaminoso", pero dando siempre por buenas esas "caídas ocasionales" que los maestros tanto católicos como protestantes afirman ser tan inevitables.
Por supuesto, las chicas no son el único problema de Magara. Con toda probabilidad le encanta el pombe que tan bien elabora su abuela, ya que consumir bebidas alcohólicas fue su estilo de vida. Y probablemente se le ha enseñado a mentir desde la niñez; al menos, a transigir con las mentiras blancas. Además, ¿quién no perdió los estribos y espetó maldiciones ante la provocación? La tentación a adorar el dinero es tan real para él como para cualquier otro en el mundo.
Eso es lo que lleva a Magara a clamar por ayuda
¿Tengo buenas nuevas para Magara?--Ciertamente. Es lo que la Biblia llama "justificación por la fe". Y si Magara puede entenderla, todos pueden entenderla.
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