En los antiguos reinos de Israel y Judá, el problema casi constante del Señor fue qué hacer con los dirigentes humanos. Un rey tras otro llevaban al pueblo a la apostasía, hasta que las dos naciones fueron devastadas y tuvieron que ir en cautividad bajo mando pagano.
Pero el Señor no ha tenido jamás un problema más difícil de resolver que la tibieza del "ángel de la iglesia en Laodicea", la dirección humana de su iglesia remanente del último tiempo. La solución que Cristo propone es "arrepiéntete". Nuestra comprensión "histórica" ordinaria ha sido que tal arrepentimiento es meramente personal o individual.
En teoría parece algo fácil, pero nuestra historia de más de ciento cincuenta años demuestra que esa experiencia se nos viene escapando hasta el día de hoy. ¿Podría ser que se estuviese dirigiendo a nosotros como un cuerpo –corporativamente– y por lo tanto, que esté llamando al arrepentimiento corporativo?
Durante décadas se ha evitado la consideración de ese tema, de forma que es algo nuevo para muchos. Pero en la actualidad está comenzando a atraer seriamente la atención.
El presente libro es una revisión profunda del precedente titulado A todos los que amo. El autor dedica este esfuerzo a Aquel que posee todo derecho a llamarnos al arrepentimiento, ya que fue Él quien se dio a sí mismo en la cruz para redimirnos, quien murió nuestra segunda muerte y quien nos dio a cambio su vida.
La gran mayoría del mundo todavía no comprende nada o casi nada de ese sacrificio divino, ni del amor que lo motivó. Si bien es cierto que hacemos muchas "obras" diligentes, el libro del Apocalipsis revela que el principal obstáculo que impide la terminación de la comisión evangélica mundial es la incredulidad espiritual y la tibieza del "ángel de la iglesia de Laodicea".