¿Llama Jesucristo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día al arrepentimiento? ¿O llama solamente a algunos individuos en la Iglesia?
Es difícil imaginar un mensaje venido del cielo más conciso y solemne que la orden de Cristo dada al ángel de la iglesia en Laodicea: "Sé pues celoso, y arrepiéntete". ¿A quién dice tal cosa? ¿Qué significa eso de "arrepiéntete"?
No debemos confundir "los ángeles de las siete iglesias" con "las siete iglesias": son cosas distintas. "Los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias". Pero "las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias", en alusión a sus dirigentes. (Apoc. 1:20). Puesto que el mensaje se dirige al ángel de la iglesia de Laodicea, debe tratarse de un llamamiento al arrepentimiento más allá de lo meramente individual o personal.
"Los ministros de Dios están simbolizados por las siete estrellas, las cuales se hallan bajo el cuidado y protección especiales de Aquel que es el primero y el postrero. Las suaves influencias que han de abundar en la iglesia están ligadas con estos ministros de Dios… Las estrellas del cielo están bajo el gobierno de Dios… Así sucede con sus ministros. No son sino instrumentos en sus manos…" (Obreros evangélicos, p. 13,14)Ese "ángel" de la iglesia de Laodicea debe incluir a los maestros de Escuela Sabática, profesores de colegios y universidades, ancianos locales, dirigentes de Uniones y Asociaciones, pastores, y desde luego, dirigentes de Asociación General –todos cuantos dirigen la Iglesia.
¿Cuánto hace que conocemos el mensaje?
En nuestra temprana historia denominacional se prestó una gran atención al mensaje. En fecha tan temprana como 1856, nuestros pioneros creyeron que desembocaría en la lluvia tardía y el fuerte clamor final, en aquella generación. Pero tras haber transcurrido más de un siglo de aparente indiferencia por parte del cielo, hemos venido a creer que, o bien el mensaje no es demasiado urgente, o bien quizá cumplió ya su obra. Por la razón que sea, lo hemos "archivado" en la papelera... Nuestra cultura moderna está profundamente obsesionada por la necesidad de cultivar la autoestima, tanto personal como denominacional, y ese mensaje parece no ser particularmente adecuado a ese fin. De ahí que hablar de él se haya convertido en más bien impopular.¿Es así de importante?
¿Por qué le preocupa a Cristo de esa manera? Él no puede olvidar que dio su sangre por el mundo. En Apocalipsis se representa al "ángel de la iglesia de Laodicea" como interponiéndose entre la luz del cielo y un mundo en tinieblas. La resolución del problema presentado en Apocalipsis 3 determina la resolución de todo el Libro. La derrota en el capítulo 3 detendría, e incluso impediría, la victoria en el capítulo 19. Nosotros, el "ángel", los dirigentes, hemos retardado durante un siglo el propósito final de Dios de iluminar la tierra con la gloria del "evangelio eterno" en su marco del tiempo del fin. El éxito final del gran plan de la redención requiere que el "ángel" preste oído al mensaje de Cristo, y venza. De fracasar Laodicea, todo el plan sufriría una desastrosa derrota final."Todo el cielo está en actividad, y los ángeles de Dios están esperando para cooperar con todos los que quieran idear planes por los cuales las almas para quienes Cristo murió puedan oír las gratas nuevas de la salvación… Hay almas que están pereciendo sin Cristo, y los que profesan ser discípulos de Cristo las dejan morir. …¡Dios quiera presentar este asunto en toda su importancia a las iglesias dormidas!" (Joyas de los Testimonios, vol. III, p. 66,67)
La verdadera cabeza de la Iglesia Adventista
Jesús se presenta a sí mismo como "el Amén, el testigo fiel y verdadero". ¿Por qué es el auténtico dirigente de la Iglesia Adventista? Porque dio su sangre por su iglesia. Sólo Él puede impartirle la verdad. Ningún comité ni institución pueden controlar a Cristo, ni suprimir indefinidamente su mensaje. El término "Amén" denota que sigue estando por la labor, como testigo viviente ante la iglesia. En medio del alboroto ensordecedor de las voces de hoy en día, se nos da la seguridad de que su mensaje va a abrirse camino con poder y claridad:"Entre los clamores de confusión: ‘¡Mirad, he aquí está el Cristo, o mirad, allí está!’, se dará un testimonio especial, un mensaje especial de verdad apropiada para este tiempo" (E.G.W., Comentario Bíblico Adventista, vol. VII, p. 995).E. White deploró nuestra constante tendencia a interponer seres humanos falibles entre Cristo y nosotros. Obsérvese cómo, en un solo párrafo, se refiere a ese tipo de idolatría en no menos de cinco ocasiones (destacadas en cursivas):
"Siempre ha sido el firme propósito de Satanás eclipsar la visión de Jesús e inducir a los hombres a mirar al hombre, a confiar en el hombre, y a esperar ayuda del hombre. Durante años la iglesia ha estado mirando al hombre, y esperando mucho del hombre, en lugar de mirar a Jesús" (Testimonios para los ministros, p. 93).
Imaginemos a Jesús como huésped invitado
"El Hijo de Dios… tiene sus ojos como llama de fuego" (Apoc. 2:18). Su mensaje no es un remiendo provisional a nuestros problemas, no es una estrategia cuyo diseño esté al alcance de ningún comité. Es un mensaje santo y solemne, y traerá sobre nosotros el juicio de los siglos si lo desdeñamos. Si Cristo fuese el orador invitado para hablar a los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, su mensaje sería el de Apocalipsis 3:14-21. Conmovería nuestras almas hasta lo más profundo. ¡Y tiene absolutamente todo el derecho para hablarnos de tal modo!¿Cuándo responderemos al Señor?
El arrepentimiento no es algo que nosotros obramos. Nunca se cumple mediante los votos de un comité. Es un don del Señor, a recibir con humildad y agradecimiento (Hech. 5:31). Pero ¿cuándo podremos encontrar siquiera el tiempo para recibir tal don? Gravita sobre nosotros la continua presión de "hacer", y ¿cuándo encontraremos la voluntad para recibirlo? El libro que recientemente han editado dos dirigentes de la Asociación General, plantea la triste cuestión,"¿Nos entregaremos a la obra de preparación espiritual a la que Dios nos llama, permitiéndole que nos use en la terminación de su obra en la tierra? ¿O dejaremos escapar de nuestras manos otra oportunidad, y nos encontraremos junto a nuestros hijos, todavía en este mundo de pecado, durante otros 50 o 60 años más? (Neal C. Wilson y George E. Rice, The Power of the Spirit, p. 53)¿Podemos imaginar el chasco que hubiese sentido el antiguo Israel si Josué les hubiese dicho en la ribera del Jordán, tras haber vagado 40 años por el desierto, "Lo siento, tendremos que seguir vagando por el desierto durante otra generación"? Una demora tal se ha producido ya repetidamente en nuestra historia denominacional, y el gran chasco lo ha sido para el Señor mismo.
Obsérvese que el Padre ha declinado la tarea de juzgarnos en favor del Hijo, a quien ha encomendado todo el juicio, ya que Él es el Hijo del hombre (Juan 5:22,27). Ahora bien, Cristo rehusó a su vez juzgar a quienes no creyeran en Él. Por lo tanto, aquellos a quienes juzga es precisamente a los que creen en Él, y los vindicará (Juan 12:47,48).
Ver, por ejemplo: Norval F. Pease, By Faith Alone, con prólogo del presidente de la Asociación General, R. R. Figuhr (1962); A. V. Olson, Through Crisis to Victory, p. 237-239 (1966); L. E. Froom, Movement of Destiny, p. 357,358,445,451,686 (1971); George R. Knight, From 1888 to Apostasy, p. 64 (1987); George R. Knight, Angry Saints, p. 130,131,150,151 (1989).