Parecemos estar mucho más satisfechos con nosotros mismos de lo que Cristo lo está. Pero si su verdad hiere, también sanará.
"Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea" (Apoc. 3:14). Durante décadas hemos venido asumiendo que el mensaje va dirigido a la iglesia en general. Pero sorprendentemente, el mensaje va dirigido a sus líderes. Nosotros, los dirigentes, hemos actuado torpemente al pasar el mensaje a los laicos, regañándolos y culpabilizándolos por retardar la finalización de la obra de Dios.
Si el mensaje va dirigido primariamente a individuos de la iglesia, entonces se plantean importantes problemas. Han estado muriendo Adventistas del Séptimo Día por más de 150 años. En la práctica totalidad de sus funerales, hemos expresado la esperanza de ver de nuevo a esos fallecidos, en ocasión de la primera resurrección, algo que es imposible sin el arrepentimiento personal, individual.
Por lo tanto, si el llamamiento de Cristo al arrepentimiento va dirigido primariamente a individuos, resulta que ya ha sido en gran parte escuchado, ya que debemos asumir que muchos de esos santos fieles se arrepintieron, en preparación para la muerte. Si tal es el caso, el mensaje a Laodicea se convierte virtualmente en una carta muerta. Podemos esperar poco o ningún resultado más, excepto el continuo arrepentimiento personal, tal como ha prevalecido por más de un siglo. Esa es la forma en la que la mayor parte de nuestro pueblo, especialmente los jóvenes, ve hoy el mensaje.
Si bien cada uno debemos aplicarnos individual y personalmente todo consejo contenido en los mensajes a las siete iglesias, ese llamamiento a arrepentirnos va específicamente dirigido a más que individuos. Y cuando comenzamos a comprender a quién va dirigido, el mensaje mismo toma un significado nuevo y cautivador.
El llamamiento en Apocalipsis 3:20 ("si alguno oyere mi voz") contiene un significativo término griego, tis, que significa primariamente "cierta persona", o "alguien determinado", no inespecíficamente "alguno". Por ejemplo, en Marcos 14:51,52, no era meramente "alguno" quien seguía a Jesús "cubierto solo con una sábana". La palabra tis se emplea y traduce allí como "un joven". En el mensaje a Laodicea, el "ángel" debe ser ese "alguien determinado" a quien el mensaje se refiere. Jesús citó el Cantar de Salomón en su llamamiento, "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo" (5:2, Septuaginta). Esa "cierta persona" que debe oír es su amada, la Iglesia. El Señor señala dirigentes para desempeñar el papel de modelos y ejemplos. El mismo Cristo dijo, "Y por ellos yo me santifico a mí mismo" (Juan 17:19).
"Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente… mas porque eres tibio… te vomitaré de mi boca" (Apoc. 3:16). Podríamos concluir superficialmente que, puesto que el "ángel" es innegablemente tibio, automáticamente Cristo ha cumplido su promesa y nos ha rechazado. Tal interpretación es favorecida por algunas traducciones de la Biblia, y ha significado un problema para ciertos miembros de iglesia sinceros, que han visto ahí un motivo para desesperar de que la iglesia organizada se vaya a reconciliar realmente alguna vez con Cristo.
Pero el lenguaje original contiene una expresión clave, mello, que significa, "estoy por vomitarte de mi boca" (Nueva Reina Valera, 1990). Queda claro en Apocalipsis 10:4, cuando leemos que Juan "iba a escribir" lo que habían hablado los siete truenos, pero finalmente no lo hizo, por instrucción de una voz del cielo. En lenguaje vívido y moderno, podríamos expresarlo como: "¡Vuestra actitud me pone enfermo, hasta el punto de hacerme sentir nauseas!".
Esa es una reacción humana común, en situaciones de extrema contrariedad emocional. Una mujer, en la Alemania del Este, tuvo acceso a los archivos de la policía secreta comunista, recién puestos a la luz, comprobando con horror que durante años de pretendida fidelidad y amor, su marido había estado informando secretamente sobre ella al siniestro cuerpo de policía. Su reacción instantánea e incontrolada consistió en ir al servicio, y vomitar. Por desagradable que nos parezca, Jesús nos dice que es así como se siente, no por nosotros, sino por la tibieza que acariciamos. Eso no significa que no nos ame, ni que nos retire su fidelidad (¡La mujer alemana amaba ciertamente a su marido!)
¿Por qué se siente Jesús de esa forma?
¿Por qué no dice algo bueno de nosotros? ¿No es demasiado severo? Todo presidente de una compañía, jefe de equipo u oficial del ejército sabe que debe felicitar a sus subordinados a fin de que estos rindan al máximo. La dirección humana de la iglesia remanente debe ser sin duda el grupo más selecto de personas en el mundo, ¿no sería sabio el que Cristo dijese al menos algo bueno sobre nosotros, sobre lo diligentes y sabios que somos, lo que hemos logrado tras 150 años de arduo trabajo? Pero no hace nada de eso."Digno eres… porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación. Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes" (Apoc. 5:6-10).Todo el cielo comprende y aprecia lo que le costó redimirnos, cómo descendió hasta el infierno, la manera en la que gustó el equivalente a nuestra segunda muerte, para salvarnos. Siente "la anchura y la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo… que supera a todo conocimiento". En contraste, el "ángel de la iglesia en Laodicea", viviendo en la luz concentrada de seis mil años de revelación de Buenas Nuevas, no se conmueve en lo profundo. Nuestros pobres y decrépitos corazones resultan estar medio congelados, cuando deberíamos mostrar el mismo grado de aprecio. "Eres tibio", dice Jesús.
Intentemos ver la realidad tal como la ve el cielo
Henos aquí, en el umbral de la crisis final, cuando nuestra madurez espiritual debiera ser tanto mayor de lo que es. Sin embargo, nuestra indiferencia infantil hiere a Cristo. Le resultó más fácil sobrellevar la cobardía de la negación de Pedro, que nuestra devoción tibia y calculada, en un tiempo de crisis como el actual."La principal responsabilidad por el rechazo del mensaje de 1888 recae, no sobre el grueso del pueblo, sino sobre los pastores. Ese sorprendente descubrimiento merece ser seriamente considerado por todo Adventista hoy, sea este pastor, maestro, o dirigente en cualquier función" (What Every Adventist Should Know About 1888, p. 90).
"Muchos de los delegados de la Asamblea de Minneapolis fueron cómplices del pecado de rechazar el mensaje de la justicia por la fe, mediante una actuación acorde con las leyes de la dinámica de grupo. Puesto que muchos de sus queridos y respetados dirigentes rechazaron el mensaje en Minneapolis, ellos siguieron a esos dirigentes en su rechazo… lo que hoy llamamos dinámica de grupo…
No es un pensamiento agradable, y sin embargo es cierto que en la Asamblea de Minneapolis los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día volvieron a reencarnar el papel de los dirigentes judíos en los días de Jesús. Durante el ministerio de Jesús en la tierra, el pueblo judío le era preponderantemente favorable. Fueron los dirigentes judíos quienes más tarde los indujeron a pedir su crucifixión. En la Asamblea de Minneapolis, en 1888, fueron los hermanos dirigentes quienes encabezaron la oposición al mensaje" (Id., p. 45-47).
Pero ¿qué tiene eso que ver con nosotros hoy?
Jesús no dice que sea el antiguo rechazo y crucifixión, por parte de los judíos, lo que le hace estar a punto de vomitar. Lo que le produce nauseas es que el "ángel" de la iglesia, en el último acto del gran drama de la historia, conociendo la historia de los judíos, venga a repetirla, mientras que profesa amarle ardientemente. Podemos hacernos una idea de sus nauseas al considerar lo penosa que es la contemplación de un adulto que actúa según las fantasías pueriles, que se conduce como un niño."Quizá los labios expresen una pobreza de alma que no reconoce el corazón. Mientras se habla a Dios de pobreza de espíritu, el corazón quizá está henchido con la presunción de su humildad superior y justicia exaltada" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 159).Sin embargo, somos ingenuos en lo que respecta a nuestra auténtica situación, ante la vista del universo entero. Incluso a la vista de profundos observadores no adventistas, ofrecemos un cuadro patético. El idioma original en que se escribió el Apocalipsis aguza el impacto del mensaje, al añadir la partícula ho, que significa aquel que, el que: ‘No sabes que de entre las siete iglesias, tú eres la rematadamente cuitada, la miserable, pobre, ciega y desnuda’ (versículo 17).
Hay esperanza
El Señor no dedicaría el resto del capítulo a instruirnos sobre cómo responder, en el caso de habernos rechazado finalmente. Le "revolvemos las tripas", pero nos suplica que aliviemos su dolor. Este mensaje a Laodicea es el más agudamente sensible y urgente de toda la Escritura. El éxito de todo el plan de la salvación depende de su hora final, y el problema de Laodicea está ligado a esa crisis.La sutileza de nuestro orgullo espiritual
Hasta la publicación del libro de Wallenkampf, en 1988, nuestra prensa denominacional mantuvo en general la tesis de que fuimos "enriquecidos" en esa ocasión en la que nuestros dirigentes aceptaron supuestamente el principio del mensaje del fuerte clamor, hace más de cien años. 1 En años recientes hemos comenzado a cambiar radicalmente al respecto, y ahora se reconoce ampliamente la verdad de que "nosotros" no lo aceptamos. 2 Ese nuevo giro hacia la honestidad es maravilloso y refrescante."Vi que así como los judíos crucificaron a Jesús, las iglesias nominales han crucificado estos mensajes y por lo tanto no tienen conocimiento del camino que lleva al santísimo, ni pueden ser beneficiados por la intercesión que Jesús realiza allí. Como los judíos, que ofrecieron sus sacrificios inútiles, ofrecen ellos sus oraciones inútiles al departamento que Jesús abandonó; y Satanás, a quien agrada el engaño, asume un carácter religioso y atrae hacia sí la atención de esos cristianos profesos, obrando con su poder, sus señales y prodigios mentirosos, para sujetarlos en su lazo" (Primeros Escritos, p. 260,261).Ese proceso gradual de absorción ha venido acelerándose por décadas. Nunca podremos obtener lo genuino, dice Jesús, hasta que nos rindamos en actitud humilde y honesta, y depongamos la falsificación a cambio de ‘comprar’ lo que es genuino.
La esencia del problema
El asunto no es si comprendemos y predicamos la versión popular de la justificación por la fe, tal como hacen las iglesias Evangélicas guardadoras del domingo. Podemos hacer eso por mil años, y continuar sin dar el mensaje singular que el Señor nos encomendó [TM, 91,92]. Dios no nos llama al ecumenismo. Por contraste con lo anterior, el asunto importante es, ¿que hemos hecho con la luz avanzada que E. White calificó como "el principio" del fuerte clamor y la lluvia tardía? [RH, 22 noviembre 1892].No es gratuito
Cristo aclara incluso todavía más que tenemos que entregar algo, pagar algo, al referirse a la segunda ‘compra’ que debemos hacer de Él –"y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez" (vers. 18). Dirigiéndose al ángel de la iglesia, pone de manifiesto que es en tanto en cuanto denominación que aparecemos en esa desafortunada condición. El remedio que nos urge a usar implica el principio básico de la culpabilidad y arrepentimiento corporativos:"La justificación por la fe en Cristo se hará manifiesta en la transformación del carácter. Esa es la señal ante el mundo, de la verdad de las doctrinas que profesamos" (E. G. White 1888 Materials, p. 1532).¿Por cuánto tiempo continuaremos con la orgullosa pretensión de poseer el artículo genuino?
"Un interés prevalecerá, un tema absorberá a todos los demás, –CRISTO, NUESTRA JUSTICIA" (Review and Herald Extra, 23 Diciembre, 1890)
"¿En qué consiste la miseria y la desnudez de los que se sienten ricos y enriquecidos? Es la carencia de la justicia de Cristo. Debido a su justicia propia se los representa como cubiertos de andrajos, no obstante lo cual se vanaglorian que están ataviados con la justicia de Cristo. ¿Puede haber un engaño más grande?" (Cada Día con Dios, p. 226)*.
Cuando podamos ver nuestra "desnudez", habremos recobrado el discernimiento
El tercer punto que Jesús presenta es, "Unge tus ojos con colirio, para que veas" (vers. 18). El Señor nos amonesta a ungir nuestros ojos con el colirio que Él ofrece. Una vez ‘comprados’ el "oro" y las "vestiduras blancas", nuestra visión se hará diáfana. Comenzaremos a vernos de la manera en que nos ve el universo expectante, y de la forma en que nos ven almas atentas y reflexivas (de entre aquellas que decimos que están aún en "Babilonia"). La situación sobrepasa con mucho lo que se refiere meramente a individuos.Ejemplos: The Fruitage of Spiritual Gifts, de L.H. Christian, 1947; Captains of the Host, de A.W. Spalding, 1949; Through Crisis to Victory, de A.V. Olson, 1966; Movement of Destiny, de L.E. Froom, 1971; The Lonely Years, de A.L. White, 1984.
Ver, por ejemplo, el número de febrero de 1988 de Ministry; Lo que todo adventista debería saber sobre 1888, de Arnold Wallenkampf; From 1888 to Apostasy, de George Knight; Angry Saints, del mismo autor.
Obsérvese que sólo hay una clase de justicia que haga benditos a quienes tienen hambre de ella: la justicia que es por la fe (Mat. 5:6)